y al húngaro, a la tercera. Y les envió todas las provisiones necesarias para atender alos heridos o enfermos.Ordenó a diferentes oficiales que su ubicaran en distintas cubiertas, instruyéndolospara que trajeran los nombres de los sobrevivientes y los transmitieran por radio.Prepararon con sillas una serie de camillas para los heridos. Se aseguraron líneas deboyas a los lados del barco, con sogas para atar los botes salvavidas. Se abrierontodas las puertas de cubierta.Ordenó a los oficiales para que estuvieran a cargo de sus pasajeros, que se ocuparande ellos y los mantuvieran fuera del área donde estaban los heridos. Todos recibieronórdenes de preparar café, sopa y provisiones. Designó a los oficiales que atenderíanlos camarotes, salas de fumar, biblioteca, etc., acomodando a los sobrevivientes.Luego hizo que parte del personal explicara a los pasajeros lo que había sucedido.Rostron entonces, debió enfrentar el mayor problema: el hielo. Se acercaba a todavelocidad al mismo campo contra el que había chocado el Titanic. No podía reducir lavelocidad, pero se aseguró de reducir el riesgo para su propio barco y sus pasajeros.Agregó un hombre en el puesto de guardia, dos más en la popa, uno a cada lado delpuente, y él mismo también se apostó allí. Su segundo oficial, James Bisset, observóque el capitán luego utilizó el recurso que más le importaba: oró.A las 02:45 Bisset vio el primer iceberg. Lo rodearon y siguieron avanzando. Durantela siguiente hora, evitaron cinco más. A las 04:00 alcanzaron la posición avisada porel Titanic la última vez, y comenzaron a levantar los botes salvavidas. A medida queamanecía, la escena se volvía más desoladora e impactante: el mar estaba lleno detémpanos de hielo, hasta donde alcanzara la vista. Ni siquiera los centinelas delCarpathia habían observado tantos.El difícil rescate de los sobrevivientes del Titanic se llevó a cabo en tal orden que lapaz reinaba por sobre todos. Los pasajeros del Carpathia se contagiaron del espíritusolidario de la tripulación. Los pasajeros de primera clase les dieron sus camarotes alos sobrevivientes; otros hacían todo lo que podían.En una de las noches más oscuras y trágicas de la historia en el mar, el capitán, latripulación y los pasajeros del Carpathia se destacan como luces brillantes de corajey heroísmo. Son una demostración de lo que es el verdadero liderazgo. No dormíacomo lo hacían otros; y no se dejaron engañar por la calma del mar: estabanpreparados y actuaron.El valor de un liderazgo sabio:Las lecciones que esta historia contiene pueden aplicarse a cualquier situación decrisis. El orgullo y/o la complacencia pueden llevar cualquier emprendimiento a latragedia. La preparación puede darnos la capacidad de enfrentar cualquier tragedia ysalvar lo que de otro modo se perdería.El liderazgo sabio puede evitar que se presente la crisis, en muchos casos. Sinembargo, hay algunas que vendrán, sin importar cuán sabios o vigilantes seamos.
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