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El Federalista (Hamilton, Jay, Madison)

El Federalista (Hamilton, Jay, Madison)

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Published by José L. Godoy
Libro fundamental en temas constitucionales. La Constitución de los EE.UU. comentada por los mismos Padres Fundadores.
Libro fundamental en temas constitucionales. La Constitución de los EE.UU. comentada por los mismos Padres Fundadores.

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Categories:Types, Research, Law
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EL FEDERALISTA
 A.
 
HAMILTON, J. MADISON Y J. JAY 
PROLOGOI
La constitución que rige a los Estados Unidos de América desde marzo de 1789no es únicamente las más antigua de las constituciones escritas y uno de lospocos documentos políticos que aún infunden respeto y conservan su eficacia ysu vitalidad en estos tiempos en el que la mayoría de los estados haabandonado el régimen constitucional, sino también la mejor de dichasconstituciones.Tiene derecho a que se la incluya dentro del grupo selecto de escritos ypublicaciones que dieron expresión a las ideas políticas y sociales quesustituyeron al antiguo régimen y que no han sido desplazadas todavía por uncuerpo de doctrina comparable, a pesar de las críticas de que han sido objeto ydel hecho innegable de que, aunque en todas partes han desempeñado el papelde ideal, solamente en unos pocos países se ha acortado en formaconsiderable, y a través de un espacio prolongado de tiempo, la distancia quesepara a la realidad de las normas ideales.En esa Constitución se incorporaron por primera vez en forma visible, puestoque eran objeto de declaraciones y preceptos explícitos, toda una serie deprincipios de convivencia social y de gobierno que, por mucho que seencontraran ya en las obras de algunos escritores políticos o que inspiraran elfuncionamiento de la monarquía inglesa, no habían sido acogidos sinofragmentariamente en ciertos Estados o en forma más clara en lasconstituciones de sociedades políticas de menor importancia, como las coloniasque después integraron la Confederación de Norteamérica.La Constitución de los Estados Unidos suscitó un expositor digno de ella y dignotambién del gran sistema que estaba destinada a difundir. Los méritos de laConstitución se reflejaron en el comentario. A su vez, éste explicó y justificó lassoluciones de la Constitución y contribuyó no poco a popularizarla y a quealcanzara el prestigio que la ha rodeado. Ese comentario fue la colección deartículos que escribieron Alejandro Hamilton, Santiago Madison y Juan Jay entres periódicos de la ciudad de Nueva York y que recibió el título de ElFederalista desde la primera vez que se publicó en forma de libro.Terminada la Guerra de Independencia mediante un tratado preliminar firmadoa fines de 1782, sobrevino el movimiento de desilusión y reacción que sigue alas épocas de gran tensión, una vez que desaparece el peligro del exterior queaplaca las diferencias internas.
 
En una palabra, a las altas esperanzas que se fincaban en la victoria y laconsecución de la independencia, habían sucedido sentimientos de confusión ydesaliento, a tal grado que los historiadores llaman a esta época el “períodocrítico de la historia americana”.La convicción se extendió de que era indispensable un cambio radical, y aunquea regañadientes, el Congreso convocó a una Convención que debería reunirseen Filadelfia en mayo de 1787, “con el objeto único y expreso de revisar los Artículos de Confederación y de presentar dictamen… sobre las alteraciones yadiciones a los mismos que sean necesarias a fin de adecuar la Constituciónfederal a las exigencias del Gobierno y al mantenimiento de la Unión…” La Convención se reunió el 14 de mayo, inició sus trabajos el 25 de ese mes ylos clausuró el 17 de septiembre. Como algo obvio, resolvió desde un principioque no bastaba, para alcanzar las finalidades que se le habían asignado, conreformar los Artículos de Confederación y Unión perpetua, se ocupó deconstruir un nuevo sistema de gobierno. Al fin, después de discusionesacaloradas, la Convención tuvo listo el proyecto de Constitución, que, sinembargo, únicamente firmaron treinta y nueve delegados de los cincuenta ycinco que asistieron, del número total de setenta y dos que recibieroncredenciales. Aún faltaba que la Constitución fuera ratificada por el pueblo decada estado, al que recomendó la Convención que fuera sometida, paraempezar a regir en el caso de que lograra la adhesión de nueve estados.En el Estado de Nueva York, cuya decisión era fundamental, la lucha sedesarrolló desde un principio con encarnizamiento especial. Un partido bienorganizado, encabezado por el gobernador del estado, inició un vigoroso ataqueen su contra. Alejandro Hamilton, concibió el proyecto de escribir una serie deartículos en defensa del nuevo sistema de gobierno. Obtuvo al efecto lacolaboración de Santiago Madison. También interesó en el proyecto a Juan Jay.Con una laboriosidad y una tenacidad que sorprenden, Hamilton y sociospublicaron setenta y siete artículos de octubre de 1787 a mayo de 1788, en tresperiódicos de la ciudad de Nueva York, más otros ocho que vieron la luz públicapor primera vez al editarse la colección completa en dos volúmenes. Las cartasde Publio, seudónimo con que se ocultó nuestro triunvirato según costumbre dela época, atrajeron inmediatamente la atención del público, pero es dudoso quehayan influido sensiblemente en el resultado del debate en el estado de Nueva York. Las elecciones para la convención estatal llamada a ratificar o rechazar laConstitución propuesta fueron adversas a los federalistas. Si Nueva York,finalmente dio su aprobación al plan de Filadelfia, ello se debió, por una parte,al temor de quedarse solo y aislado, ya que entre tanto Nuevo Hampshire y Virginia habían ratificado aquel, con lo cual eran diez los estados a su favor yestaba asegurada su vigencia. La Constitución había triunfado y por primeravez iba a ser posible emprender en gran escala, y en una forma tan clara queno dejara lugar a duda, el noble experimento del gobierno constitucional.
 
 
II
EL Federalista es, un comentario de la Constitución de los Estados Unidos de América, un comentario contemporáneo, deriva una gran autoridad del hechode que “dos de los autores habían participado en la convención, terciado en losdebates y escuchando las objeciones presentadas contra cada artículo, y a quehabían salido de ella con notas y memorias repletas precisamente de la clase deinformación necesaria para la tarea que emprendieron”.El Federalista posee un interés y un valor generales.
EL FEDERALISTA, I(Hamilton)
Sois llamados a deliberar sobre una nueva Constitución para los Estados Unidosde América, ya que de sus resultados dependen nada menos que la existenciade la unión, la seguridad y el bienestar de las partes que la integran y eldestino de un imperio que es en muchos aspectos el más interesante delmundo. Cualquier elección errónea de la parte que habremos de desempeñar,merecerá calificarse, conforme a este punto de vista, de calamidad para todo elgénero humano.El plan que aguarda nuestras deliberaciones ataca demasiados interesesparticulares, así como puntos de vista, pasiones y prejuicios poco favorables aldescubrimiento de la verdad. Entre los obstáculos más formidables con quetropezará la nueva Constitución, puede distinguirse el evidente interés enresistir cualquier cambio que amenace disminuir el poder, los emolumentos o lainfluencia de los cargos que ejercen con arreglo a las instituciones establecidas,y la dañada ambición de otra clase de hombres, que esperan engrandecerseaprovechando las dificultades de su país se hacen la ilusión de tener mayoresperspectivas de elevación personal. Verdaderamente, son en tan gran número y tan poderosas las causas queobran para dar una orientación falsa al juicio, que en muchas ocasiones vemoshombres sensatos y buenos lo mismo del lado malo que del bueno encuestiones trascendentales para la sociedad. Todavía otra causa para sercautos a este respecto deriva de la reflexión de que no siempre estamosseguros de que los que defienden la verdad obran impulsados por principiosmás puros que los de sus antagonistas. La ambición, la avaricia, la animosidadpersonal, el espíritu de partido y otros muchos otros móviles no más laudablesque éstos. En política como en religión, resulta igualmente absurdo intentarhacer prosélitos por el fuego y la espada. Raramente es posible curar lasherejías con persecuciones.

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