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Karl Marx Tomo 3 CAPÍTULO XXXVII CONVERSIÓN DE LA SUPERGANANCIA EN RENTA DEL SUELO

Karl Marx Tomo 3 CAPÍTULO XXXVII CONVERSIÓN DE LA SUPERGANANCIA EN RENTA DEL SUELO

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El análisis de la propiedad territorial bajo sus diversas formas históricas cae fuera del marco de esta obra. Sólo nos ocupamos de ella en la medida en que una parte de la plusvalía producida por el capital va a parar a manos del terrateniente. Partimos, pues, del supuesto de que la agricultura, lo mismo que la industria, se halla dominada por el régimen capitalista de producción, es decir, de que la agricultura es explotada por capitalistas que por el momento sólo se distinguen de los demás capitalistas por el elemento en que invierten su capital y sobre el que recae el trabajo asalariado que este capital pone en acción. Para nosotros, el arrendatario de la tierra produce trigo, etc., como el fabricante produce hilado o máquinas.
El análisis de la propiedad territorial bajo sus diversas formas históricas cae fuera del marco de esta obra. Sólo nos ocupamos de ella en la medida en que una parte de la plusvalía producida por el capital va a parar a manos del terrateniente. Partimos, pues, del supuesto de que la agricultura, lo mismo que la industria, se halla dominada por el régimen capitalista de producción, es decir, de que la agricultura es explotada por capitalistas que por el momento sólo se distinguen de los demás capitalistas por el elemento en que invierten su capital y sobre el que recae el trabajo asalariado que este capital pone en acción. Para nosotros, el arrendatario de la tierra produce trigo, etc., como el fabricante produce hilado o máquinas.

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Sección Sexta
CONVERSIÓN DE LA SUPERGANANCIA EN RENTA DEL SUELO
CAPÍTULO XXXVII Consideraciones preliminares
El análisis de la propiedad territorial bajo sus diversas formas históricas cae fueradel marco de esta obra. Sólo nos ocupamos de ella en la medida en que una parte de laplusvalía producida por el capital va a parar a manos del terrateniente. Partimos, pues, delsupuesto de que la agricultura, lo mismo que la industria, se halla dominada por el régimencapitalista de producción, es decir, de que la agricultura es explotada por capitalistas quepor el momento sólo se distinguen de los demás capitalistas por el elemento en queinvierten su capital y sobre el que recae el trabajo asalariado que este capital pone enacción. Para nosotros, el arrendatario de la tierra produce trigo, etc., como el fabricanteproduce hilado o máquinas. La premisa de que la agricultura ha caído bajo el imperio delrégimen capitalista de producción implica que domina todas las esferas de la producción yde la sociedad burguesa y que se dan también, en toda su plenitud, las condiciones que lacaracterizan, tales como la libre concurrencia de los capitales, la posibilidad de que éstos setransfieran de una rama de producción a otra, nivel igual de la ganancia media, etc. Laforma de la propiedad territorial tenida en cuenta por nosotros constituye una formahistórica específica de esta propiedad: la forma en que, mediante la acción del capital y delmodo capitalista de producción se ha transformado la propiedad feudal de la tierra, laagricultura explotada por pequeños campesinos para lograr su comida, en la
posesión
de latierra como una de las condiciones de producción para el productor directo y su
propiedad 
como la condición más favorable para el florecimiento de su régimen de producción. Y asícomo el régimen capitalista de producción presupone con carácter general la expropiaciónde los obreros con respecto a sus condiciones de trabajo, en la agricultura presupone laexpropiación de los obreros agrícolas con respecto a la tierra y su supeditación a uncapitalista que explota la agricultura para obtener de ella una ganancia. No vale, pues,objetar, por lo que a nuestra investigación se refiere, que han existido y existen todavía hoy,además de ésta, otras formas de propiedad territorial y de agricultura. Esta objeción puededirigirse a los economistas que consideran la producción capitalista en la agricultura y laforma de propiedad territorial que a ella corresponde, no como categorías históricas, sinocomo categorías eternas, pero no a nosotros.Para nosotros, es necesario investigar la forma moderna de la propiedad territorial,pues en esta obra nos proponemos estudiar con carácter general las relaciones determinadasde producción y de cambio que surgen de la inversión del capital en la agricultura. Sin estosería incompleto el análisis del capital. Nos limitamos, pues, exclusivamente a la inversióndel capital en la agricultura en sentido estricto, es decir, en la producción de la materiavegetal básica de que vive un pueblo. Y como tal podemos considerar el trigo, ya que éstees  el  medio  alimenticio  fundamental  en  los  pueblos  modernos,  capitalistamentedesarrollados. (Donde dice agricultura podríamos decir también minería, pues las leyes por 
 
que se rigen una y otra son las mismas.)Uno de los grandes méritos de A. Smith consiste en haber expuesto cómo la rentadel suelo del capital invertido en la producción de otros productos agrícolas, por ejemplo,de lino, de plantas colorantes, en la ganadería como una rama independiente, etc., se halladeterminada por la renta del suelo que arroja el capital invertido en la producción del medioalimenticio fundamental. En realidad, desde él no se ha avanzado un solo paso en estesentido. Lo que nosotros pudiéramos decir a modo de reserva o de adición tendría su cabidaen el estudio especial de la propiedad de la tierra, y no aquí. Por tanto, no trataremos
exprofeso
de la propiedad territorial en que la tierra no se destine a la producción de trigo,aunque de vez en cuando podamos referirnos a ella simplemente a título de ilustración.Diremos, para no omitir nada, que en la tierra van incluidas también las aguas, etc.,cuando tienen un propietario, como accesorio del suelo.La propiedad territorial presupone el monopolio de ciertas personas que les daderecho a disponer sobre determinadas porciones del planeta como esferas privativas de suvoluntad privada, con exclusión de todos los demás.
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Partiendo de esto, se trata de explotar el valor ecomico, es decir, de valorizar este monopolio a base de la produccncapitalista. Por si solo, el poder jurídico que permite a estas personas usar y abusar deciertas porciones del planeta no resuelve nada. El empleo de este poder depende totalmentede condiciones económicas independientes de su voluntad. El mismo concepto jurídico nosignifica otra cosa que la facultad del terrateniente, de proceder con la tierra como cualquier poseedor de mercancías puede proceder con ellas; y este concepto –el concepto jurídico dela libre propiedad privada sobre el suelo– sólo aparece en el mundo antiguo en el momentoen que se desintegra el orden ornico de la sociedad y en el mundo moderno aldesarrollarse la producción capitalista. En Asia son los europeos los que lo importan enciertos lugares. En el capítulo dedicado a estudiar la acumulación originaría (libro I,capítulo XXIV) veíamos que ese modo de producción presupone, de una parte, que losproductores directos pierden su condición de meros accesorios de la tierra (en forma devasallo, de siervo, de esclavo, etcétera), y, de otra que la masa del pueblo es desposeída delsuelo y del fundo. En este sentido, podemos decir que el monopolio de la tiene como baseconstante del régimen de producción capitalista y de todos los sistemas de producciónanteriores basados bajo una u otra forma en la explotación de las masas. Ahora bien, laforma en que la producción capitalista incipiente se encuentra con la propiedad territorialno es su forma adecuada. La forma adecuada de propiedad territorial la crea el propiorégimen de producción capitalista al someter la agricultura al imperio del capital, con loque la propiedad feudal de la tierra, la propiedad feudal y la pequeña propiedad campesinacombinada con el régimen comunal se convierten también en la forma adecuada a estesistema de producción, por mucho que sus formas jurídicas puedan diferir. Uno de losgrandes resultados del régimen capitalista de producción consiste precisamente en convertir la agricultura en un procedimiento puramente empírico de la parte más rudimentaria de lasociedad,  procedimiento  que  va  trasmitiéndose  mecánicamente  de  generación  engeneración, en el empleo científico consciente de la agronomía, en la medida en que ello esposible dentro de las condiciones sociales inherentes a la propiedad privada;
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de una parte,en desligar completamente a la propiedad territorial, de las relaciones de señorío yservidumbre, mientras que, de otra parte, separa totalmente la tierra como condición detrabajo de la propiedad territorial y del terrateniente, para el que la tierra no representaahora otra cosa que un determinado impuesto en dinero que su monopolio le permiteimponer al capitalista industrial, al arrendatario; en romper hasta el punto los vínculos entre
 
la tierra y su propietario, que éste puede pasar la vida en Constantinopla y tener en Escociala tierra de la que percibe una renta. De este modo, la propiedad territorial conserva suforma puramente económica despojándose de todo su ropaje y de todos sus vínculospolíticos y sociales anteriores, en una palabra de todos aquellos aditamentos tradicionalesque el capitalista industrial y sus portavoces teóricos, en el calor de su lucha contra lapropiedad territorial, denuncian, según más adelante veremos, como una excrecencia inútily absurda. De una parte, la racionalización de la agricultura, que pone a ésta en condicionesde poder ser explotada socialmente y, de otra parte, la reducción de la propiedad territorial
ad 
 
absurdum
(61) constituyen dos grandes méritos que deben atribuirse al régimencapitalista de producción. Méritos que, al igual que todos sus progresos históricos, fueronlogrados en primer lugar a costa de la total depauperación de los productores directos.Antes de entrar en el tema, son necesarias, para evitar posibles equívocos, ciertasobservaciones preliminares.La premisa de que se parte, dentro del régimen capitalista de producción es, por tanto,  ésta:  los  verdaderos  agricultores  son  obreros  asalariados,  empleados  por  uncapitalista, el arrendatario, el cual no ve en la agricultura más que un campo especial deexplotación del capital, de inversión de su capital en una rama especial de producción. Estearrendatario capitalista paga al terrateniente, al propietario de la tierra explotada por él, endeterminados  plazos,  por  ejemplo,  anualmente,  una  determinada  suma  de  dinerocontractualmente establecida (lo mismo que el prestamista del capital–dinero paga elinterés estipulado) a cambio de la autorización que aquél le otorga de invertir su capital eneste campo especial de producción. Esta suma de dinero recibe el nombre de renta delsuelo, ya se abone por una tierra, un solar, una mina, una pesquería, un bosque, etc. Se pagapor todo el tiempo durante el cual el suelo haya sido cedido, arrendado contractualmente alcapitalista por el terrateniente. Por consiguiente, la renta del suelo es la forma en que aquíse realiza económicamente, se valoriza la propiedad territorial. Además, nos hallamos aquíen presencia de las tres clases que forman el marco de la sociedad moderna, juntas las tres yenfrentándose entre sí, a saber: obreros asalariados, capitalistas industriales y terratenientes.El capital puede unirse a la tierra, incorporándose a ella, de un modo más bientransitorio, como ocurre con las mejoras de carácter químico, los abonos, etc., o de unmodo más bien permanente, que es el caso de los canales de desagüe, las obras deirrigación, los desmontes, los edificios de explotación, etc. En otro sitio he llamado alcapital incorporado a la tierra de este segundo modo la
terre
– 
capital 
.
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Este capital entra enla categoría del capital fijo. El interés correspondiente al capital incorporado a la tierra y lasmejoras introducidas en ella para mantenerla apta como instrumento de producción puedeconstituir una parte de la renta que el arrendatario abona al terrateniente,
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pero no es nuncala verdadera renta del suelo que se abona por el uso de la tierra como tal, ya se halle enestado natural o en estado de cultivo. En un estudio sistemático de la propiedad territorial,que no es nuestro propósito acometer aquí, esta parte de los ingresos del terratenientedebería ser objeto de un análisis minucioso. Para nuestro propósito bastará con decir unascuantas palabras acerca de ella. Las inversiones más bien temporales de capital que llevanconsigo los procesos normales de producción en la agricultura son realizadas siempre, sinexcepción, por el arrendatario. Estas inversiones, como por lo demás el mismo cultivo, si serealiza de un modo un poco racional y no se reduce a un agotamiento brutal de la tierra,como ocurría por ejemplo en las explotaciones de los antiguos esclavistas norteamericanos–peligro  contra  el  cual  se  aseguran  sin  embargo,  contractualmente,  los  señoresterratenientes–, mejoran la tierra,
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, acrecientan su producto y convierten aquélla de simple

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