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Utopías y anarquismo - Víctor García

Utopías y anarquismo - Víctor García

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“Utopías y anarquismo” de Víctor García
UTOPÍAS Y ANARQUISMO
*
Víctor García
INTRODUCCIÓN
Desde que en los muros de la Sorbona, en Pas, aparecel graffiti “Soyez alistes.Demandez l’inpossible” en mayo de 1968, las inaccesibles utopías parecieron haberseaproximado un tanto de nuestra avidez de cambios sociales. Ya nada nos parece imposible alos humanos, salvo el poner fin a nuestra propia destrucción. En lo que a lo demás respecta yanos estamos acostumbrando en ver cómo a la imaginación le pisa siempre la sombra larealización. Nada frena a aquélla y la técnica y la ciencia todo lo materializan.Tanto es así que para muchos el ideal sublime sería verlas desaparecer, a la técnica y a laciencia, para regresar a los orígenes, como clama Lanza de Vasto y, bastante antes, Thoreau,Tolstoi y Zarathustra.Las utopías quisieron ser los deseos del hombre realizados en lo que a un régimen socialdeterminado se refiere. Para ello se vale el nombre de la imaginación, materia primaimprescindible, a la que salpica de los conocimientos adquiridos a través de sus lecturas, lasexperiencias vividas con sus semejantes y, naturalmente, las propias inclinacionestemperamentales que serán las que, en definitiva, encauzarán la utopía hacia un régimenarquista o anarquista.Vale decir que un erudito, empapado de ciencia y de conocimientos mil, nos podrá ofrecer unautopía mucho más rica, en facetas, que la de un ignorante. Bien pudiera ser, sin embargo, quela imaginación de éste, menos encajonada que la de aquél, pudiera ser gestora de una visiónfutura más atractiva.La utopía está al alcance de toda imaginación y de todas las ideologías, mal que les pese aellas y a los que las abrazan.Desde que Marx y Engels nos llamaron socialistas utópicos, a los anarquistas, a los marxistasles ha sido velado el dar rienda suelta a la imaginación y de escurren de la veda a través de susplanes quinquenales, utopías “sui generis”, a corto plazo, que raramente se realizan, por lo quela acepción peyorativa del vocablo utópico se les puede aplicar sobradamente.Para ser utópicos bastará, pues, ser imaginativo, por lo que nos sumergimos de nuevo en los
graffiti 
parisinos: “L’imagination au pauvoir”. De ahí nuestro empeño en ver, en la imaginación,un engarce reivindicable entre la utopía y el anarquismo, dado que el anarquista no renuncia apensar, a imaginar, en favor de los doctores que, en las demás ideologías y doctrinas sociales,se encargan de pensar, de imaginar, por uno.Los primeros idealistas libertarios que abrazaron el denominativo de
anarquistas
lo hicieron,mayormente, como desafío al acose peyorativo de que eran objeto por parte de los arquistas.Estos, en base a la parcialidad de ciertos diccionarios y al tópico “literario” de ANARQUÍA comosinónimo de desorden, no vieron nada mejor que calificar a los que negaban la necesidad degobierno y autoridad para que la sociedad pudiera desenvolverse, en mejores condiciones que
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Digitalización: KCL.
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“Utopías y anarquismo” de Víctor García
la sociedad arquista inclusive, de
anarquistas
. Esta fue la reacción de Pedro José Proudhon, elprimer teórico que asumió, como distintivo para su pensamiento social, la condición deanarquista.Con el vocablo
utopía
ha sucedido algo parecido. Se nos ha tildado de socialistas utópicosporque Bakunin se opuso a la Ley de Herencia que Marx defendía, porque Kropotkin hizoreferencia a la “toma del montón”, porque Proudhon reivindicaba el federalismo en contra delcentralismo, porque los sindicatos inspirados en el anarcosindicalismo abrazan la idea de laautogestión en detrimento de la dirección cimera de la producción y nos ha parecido tandescabellado el calificativo por aquello de que “Las utopías de ayer son las realidades de hoy.Las utopías de hoy son las realidades de mañana”.Y si no, ahí tenemos las evidencias. La ley de herencia es un anacronismo, en la propiasociedad capitalista ya hay “tomas del montón” y, por si fuera poco, hemos escuchado conasombro, todos los días, cómo los arquistas, incluidos los propios marxistas, se denominanabanderados del federalismo: “debe llegarse a un socialismo autogestionario y fundamentadoen tres principios: democracia directa, autogestión económica y
federalismo político
”.
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Encuanto a la autogestión, que es el descubrimiento del Mediterráneo por parte de los socialistas,republicanos y, repetimos, comunistas, en estos días de post-franquismo en España, ¿acaso nose trata de la gota de agua gemela de nuestras colectividades agrícolas e industriales surgidaspor inspiración libertaria durante la contienda española de 1936?Sí, efectivamente, somos los socialistas utópicos que nos cruzamos, de regreso de las utopías,con los pusilánimes en el camino de ida.Hoy en día la sociología es una carrera universitaria. Antes los que hacíamos sociología laaprendíamos en la calle, en la fábrica, en el ateneo y en la cárcel. Éramos los empíricos, comose nos denomina ahora desde la cátedra del “templo de la sabiduría”, de Unamuno. Un título desociólogos y de economistas, las carreras básicas para apuntalar una doctrina social en laactualidad, cuenta más que cien obreros para el peso de las decisiones. Hay que ver cómo nosencandilan con sus ecuaciones, sus imágenes piramidales, sus silogismos, sus cuadrossinópticos, sus estadísticas, contra las cuales se levantara, con cuanta razón, nuestro FelipeAláiz.No es que tengamos nada contra ellos, bien que nos sonreímos cuando oímos decir que Colónfue el primer economista porque no sabía dónde iba, engañaba a sus hombres y viajaba por cuenta del gobierno, pero nos resulta sublevante el empeño de tanto intelectual y técnico enquerer desvirtuar la condición creadora y autogestante del trabajador anarquista.Lo dicho hasta aquí es un esfuerzo para tratar de justificar el encuentro de las “Utopías y losAnarquismos” en el seno de un solo volumen.Sentimos verdadera simpatía por los espíritus imaginativos que desean, en espera de que lasociedad cambie, sumergirse en otra sociedad que haya borrado de su faz la injusticia y ladesigualdad económica que en la actual tanto predomina.Que desean, en espera del cambio, y no se limitan a desear y a esperar sino que luchan paraque tal cambio tenga lugar. De ahí el engarce con los “anarquismos” que siguen a las “utopías.Los
anarquismos
, que van desde Godwin hasta Kropotkin y engloban, en el tiempo, hasta elfinal de la Primera Guerra Mundial. El anarquismo educacionista de Godwin, el justicialista deProudhon, el anarquismo colectivista de Bakunin y el anarquismo comunista de Kropotkin, todos
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Roger Garaudy:
Un marxismo con rostro humano
. Revista “Destino”, de Barcelona, del 3 de febrero de 1977.
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“Utopías y anarquismo” de Víctor García
ellos afines en cuanto a condenar a la autoridad y al gobierno pero que, individualizados,ofrecen variantes visibles que son las que forman el cuerpo de la doctrina social queactualmente conocemos:
el Anarquismo, en singular 
. A partir de Kropotkin, considerándosecomo bien consolidados los fundamentos anarquistas, los libertarios relevantes, tales comoReclús, Malatesta, Mella, Faure, Grave, Nettlau, Berkman, Rocker, Fabbri, etc., se volcaron aedificar sobre aquellos fundamentos.La obra de dichos teóricos reclama un estudio aparte, con categoría de volumen, igualmente, ala que estamos dedicados.
LAS UTOPÍAS:LA VIVENCIA DEL OPTIMISMO
Los utopistas tendieron a ser optimistas antaño, mas ya dejaron de serlo. Las sociedadespasadas permitían esperanzar en mañanas mejores y los soñadores se esforzaban en describir mundos que cancelaran de la faz de la tierra un presente de injusticia, de desigualdad y demiseria.Martín Buber se refiere a la “imagen del deseo” para explicar este impulso. Imagen que unosbuscan hacia el pasado, en la añorada edad de oro perdida en el atrás, impugnada por SaintSimón: “La edad de oro que una tradición ciega ha puesto, hasta hoy, en el pasado, que sehalla en el futuro”, pero que la inmensa mayoría trata de descubrir en el mañana.Este mañana se perfila cada día menos provisor y es por ello que la imaginación de losescritores y sociólogos se oscurece siempre más desde el día, hace ya de ello cuatro décadas,en que Orwell afirmara, en su
1984
, que una utopía no tenía que ser, necesariamente, una“imagen de deseo” y sí una angustia constante por un futuro de horror que cada día tiende a ser más inevitable y que refleja el exterminio de la humanidad como finalidad última.El hombre, sin embargo, se inclina hacia el optimismo porque es un sentimiento adherido alinstinto de conservación con más ahínco que el pesimismo. De ahí que la utopía tiende más areflejar sociedades perfeccionadas que sociedades que se autodestruyan.Siempre debería haber, pues, el constructor de utopías, en la lectura de las cuales nosrefugiaremos más de una vez deseos de acompañar al visionario en la búsqueda de la sociedadideal, rebasando el vivir cotidiano actual y concibiendo regímenes donde los hombres vivan enarmonía.Platón está entre los primeros. Sus obras
La República
y
Las Leyes
, son regímenes políticos deutopía donde todas las actividades humanas están previstas y, también, reglamentadas por añoranza, quizás, de aquellas leyes de Licurgo que hicieran de Esparta un Estado sin cupo paralo imprevisto.
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Empero, y a pesar de todos los resabios arquistas, Platón sugiere ya soluciones que son dignasde tener en cuenta. Así vemos como en
La República
afirma que “Un estado en el cual existan
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Aristóteles, en cambio, considera que Esparta fue un pueblo inútil para la ciencia, para la paz, para el progreso y para la civilización.
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