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El alquimista

El alquimista

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Esta obra es mucho más que una ficción novelada. La trama teje la apasionante vida de un joven químico miembro de una Logia Hermética que en plena Inquisición actúa en la sombra para conservar la Sabiduría milenaria. Viéndose obligado a huir para escapar del Santo Oficio.
Esta obra es mucho más que una ficción novelada. La trama teje la apasionante vida de un joven químico miembro de una Logia Hermética que en plena Inquisición actúa en la sombra para conservar la Sabiduría milenaria. Viéndose obligado a huir para escapar del Santo Oficio.

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10/18/2014

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E
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ALQUIMISTA
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ORGE
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NGEL
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IVRAGA
Jorge Ángel Livraga
Página 1 de 125Cortesía de Nueva Acrópolis España, www.nueva-acropolis.es
 
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ALQUIMISTA
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EL
 
DIÁLOGO
 
DE
 
LOS
 
ESPECTROS
Hay palmos de tierra en Europa que no sintieron el fragor de las bombas ymáquinas de guerra, pero las almas de sus habitantes, material más sensible, conocentodas el miedo. En este plano sutil de los hombres, no existen lugares «no afectados».Cualquier pueblo que tomemos, de cualquier nación, puede ser teatro de estaescena... Tal vez, un lugar cercano a la frontera franco-española... —¿Dónde estudiaré hoy las lecciones de latín, padre? ¿Junto al recodo delcamino real? —Si no me cansa demasiado el sendero, llegaremos a una antigua iglesia aban-donada desde hace pocos años. ¿La deseas conocer? —Creo que la conozco, aunque nunca pude acercarme a contemplarla detenida-mente. ¡Vamos allí! —Si mis piernas están de acuerdo contigo, llegaremos en media hora de marcha.Quien así hablaba aparentaba unos sesenta y cinco años, alto, de porte muy nobley trajeado con la elegante sencillez característica de los ánimos templados en laeducación y cultura más refinadas. En su mano, un bastón con empuñadura de asta ibadejando una línea de puntos suspensivos junto a las huellas de su amo.Con el anciano marchaba un joven algo más bajo, vestido con igual austeridad,llevando un par de libros bajo el brazo. Sus ojos negros recorrían el paisaje, captandoescondidos detalles de belleza que atesoraba en su alma, reposada y antigua a pesar desu cuerpo de veinte años. —¡Antonio! —la voz del anciano lo extrajo de sus observaciones—. Hijo, ¿por qué te apuras tanto? Si te sigo a este ritmo con que mueves los pies, no llegaré siquiera ala carretera... y quiero que estudies latín junto a esas ruinas que escucharon por tantossiglos miríadas de veces hablar la lengua divina de Virgilio. —Me entusiasma la idea de hacerlo y, sin embargo, hay algo indefinido que mehace temer ese lugar. —¿Qué es ese algo? —¿Me permites que te lo diga luego, cuando anochezca? —Como tú desees...En ese momento cruzaron la carretera, silenciosos, pero alegres de estar cerca dellugar señalado.
Página 2 de 125Cortesía de Nueva Acrópolis España, www.nueva-acropolis.es
 
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Antonio no era, en realidad, hijo del anciano, sino su protegido, adoptado al principio de la gran guerra, luego de haber muerto sus padres en África del Norte. El joven contaba entonces cinco años, y fue recogido herido entre las ruinas de un hoteleuropeo, por aquel que luego lo adoptaría como hijo. El anciano y bondadoso señor lellamaba Antonio para borrar de su personalidad la mayor parte posible de aquellos es- pantosos recuerdos. Le había costeado una excelente educación en los mejores colegiosde Inglaterra, donde en esos momentos cursaba un doctorado en Filosofía.Antonio aprovechaba las vacaciones para pasar unos meses en la retirada villa desu benefactor, hombre de sólida fortuna y de aún más vasta cultura y virtud. A su lado,oía las narraciones de sus viajes por África y Asia, llenando su espíritu con la dulzuraazul de las montañas y la serena actividad de la campiña.Al volver un recodo, el murallón de rocas dejó ver las ruinas de la iglesia.Antonio se estremeció imperceptiblemente, pero apuró el paso. El anciano lo observó ensilencio. Cuando llegaron al fondo del valle en que se levantaba la construcción, le dijo: —Este templo debe de datar del siglo XIII o XIV, aunque posteriores construc-ciones han alterado sus detalles; lo destruyó un incendio hace cinco años, y desdeentonces está abandonado a las garras de la erosión y la maleza. Solo su torre permanecede pie, como un monje petrificado durante alguna oración sacrílega. —Es cierto, padre; aquí todo respira un drama secreto que no alcanzo a definir...La nave central se ha derrumbado y quedan de ella los enormes tirantes de maderacarbonizada; en lugar de las nubes de incienso, los envuelven los hongos. Esta gran torreresquebrajada y sus dependencias, preñadas de arbustos y lagartos, son decoradoslúgubres de no sé qué diabólica representación... —Los aldeanos, aun los más mozos, tratan de evitar esta parte del valle; ellosaseguran que, por las noches, vienen las hechiceras del pueblo a recoger hierbas vene-nosas y a escuchar nefastos consejos de bocas fantasmales. —No poca imaginación habrá en esas manifestaciones, pero de cualquier manerason justificables. —Toda superstición o habladuría tiene, en su origen, algo de verdad...Estas palabras del anciano resonaron bajo las bóvedas de piedra de los costados y parecieron evocar mil sombras dormidas.Antonio recorrió aquellas ruinas y las de varias construcciones cercanas, de lascuales solo quedaban los cimientos. —¿Fue esto alguna vez un gran poblado? —preguntó a su protector. —Así como lo dices. Aquí funcionó una minúscula ciudad universitaria, y aque-llas monumentales ruinas que ves en la falda del monte son de un antiguo castillo delsiglo IX, del cual quedan únicamente trozos de muros y cimientos. A la larga, la Natura-
Página 3 de 125Cortesía de Nueva Acrópolis España, www.nueva-acropolis.es

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