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Del Indiferentismo Religioso Al Agnosticismo

Del Indiferentismo Religioso Al Agnosticismo

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DEL INDIFERENTISMO RELIGIOSOAL AGNOSTICISMO
El llamado «indiferentismo religioso», o la indiferencia religiosa[1],
 
es algo que hoy se considera no pocas veces como «moderno» y «normal». Sin embargo, se trata de una actitud poco seria y superficial desde el punto de vista filosófico. Si no se logra situar en un plano intelectual y existencial lo que se puede denominar «indiferentismo religioso», será imposible ofrecer una interpretación de tal indiferencia, que merece especialatención en los campos de la antropología, la política, la filosofía de la religión y la teología cristiana. Con estoqueda patente el propósito de nuestras reflexiones: tras distinguir entre el indiferentismo religioso y elagnosticismo, intentaremos posibilitar el paso del indiferentismo religioso al agnosticismo.
I. CARACTERISTICAS DEL INDIFERENTISMORELIGIOSO
¿Qué es el indiferentismo religioso? A esta pregunta insoslayable no vamos a responder aquí medianteuna definición formal, sino más bien describiendo la forma de comportamiento que se suele designar con laexpresión «indiferentismo religioso»[2].Si uno no tiene interés por jugar al ajedrez, por ver arte moderno, por hacerse miembro de una asociación,etc., se puede decir de él que es indiferente frente a tales posibilidades. En cambio, si uno declara que detesta elajedrez porque 1e resulta muy complicado, porque le provoca dolores de cabeza o porque no exige movimientofísico, o si uno no encuentra ningún placer en el arte moderno porque considera un desacato descuidar las formasnaturales hasta la abstracción, etc., no se puede decir de él que sea «indiferente» frente al ajedrez, la pintura etc.;al contrario, por su rechazo consciente y reflejo, se puede afirmar que está muy interesado por tales posibilidades,si bien de una manera negativa e incluso polémica. Según esto, cabe preguntar si esa indiferencia desinteresada(perdón por el pleonasmo), fácil de imaginar frente al ajedrez y otras cosas parecidas se da también con respecto aun problema tan importante como el de la religión[3]
.
Aunque a menudo se tiene la impresión de que –al menos en los «modernos» países desarrollados delPrimer Mundo y del Segundo- muchas personas no quieren saber nada de la «religión» (y mucho menos delcristianismo y de la Iglesia), probablemente resultaría difícil determinar con estadísticas fiables en qué medida seda el indiferentismo frente a la religión[4]. En vez de partir de definiciones, impresiones o cifras, me parece preferible concretar el problema con ayuda de algunos ejemplos, aunque sean de naturaleza muy distinta.Durante el proceso a que Eichmann, ejecutor de la «solución definitiva», fue sometido en Jerusalén,quedó patente la actitud burocrática y «funcionarial» de tal personaje. La conocida filósofa Hannah Arendt acuñóla discutida frase sobre la «trivialidad del mal». La «psicología» de Eichmann puede definirse como una perversión de la obediencia, perversión que se refleja inequívocamente, en estas palabras del propio Eichmann:«Si había que liquidar este asunto (se refiere a las deportaciones de los judíos), era mejor que hubiera tranquilidady orden y que todo saliera bien»[5].Tal vez quepa hablar aquí de indiferentismo, en la medida en que se trata de una versión criminal de la «imperturbabilidad» estoica. Por otra parte, en el aspecto religioso Eichmann declaróque creía en Dios, de acuerdo con la ideología nazi, incluso inmediatamente antes de su ejecución.Como segundo ejemplo he escogido la figura de Meursault, que aparece en
 L'Etranger 
(1942),
 
novelatemprana de Camus, tal como la describe el autor en la primera mitad de su libro: Meursault, insensible frente atodo lo que hace en el curso de su trabajo diario y frente a todo lo que le ocurre -sea la muerte de su madre o elafecto de su amiga-, termina por matar a un árabe en la playa bajo el calor del mediodía, y lo hace sin ningunareacción «cognoscitiva» ni «emocional» y, sobre todo, sin ningún sentimiento de culpabilidad[6]. Contra esteejemplo se podría alegar que es puramente «literario», es decir, «inventado»; pero yo insistiría en que la figura deMeursault refleja muy bien lo que significa en general el indiferentismo desinteresado.El escritor y filósofo austriaco Jean Améry (1912-1978), que tras pasar varios años en campos deconcentración de los nazis vivió en Bruselas, manifestó en distintas ocasiones su opinión sobre las cuestiones
 
metafísicas y religiosas. En un artículo aparecido con el significativo título
 Ateísmo sin provocación
escribía:«¿Quiero saber quién es Dios? Lo siento, no. Estoy totalmente de acuerdo con Claude Lévi-Strauss..., el cualdeclaró en cierta ocasión: `Yo personalmente no me veo forzado a plantearme el problema de Dios. Considero perfectamente soportable pasar mi vida sabiendo que jamás podré explicarme la totalidad del universo'»[7].¿Reflejan estas frases la actitud del indiferentismo desinteresado con respecto a la religión? Así parece; pero en elcaso de Améry se trata de un «indiferentismo razonado» en cuyo trasfondo se hallan las exigencias lógicas del positivismo vienés y las experiencias que el propio Améry vivió en los círculos del catolicismo popular austriacoy, más tarde, en los campos de concentración del nacionalsocialismo[8].Por eso quiero volver a formular con mayor énfasis la misma pregunta: ¿se da
de hecho
esa actitud ymentalidad de desinterés que es calificada como indiferentismo? ¿No cabría pensar que los llamados indiferentesen el aspecto religioso son más bien hombres decepcionados, resignados, desesperados, heridos por la religión y por el entorno religioso? ¿Y no es preciso admitir también que entre los aparentemente indiferentes hay hombresque sólo en parte son indiferentes, por ejemplo, frente a la religión cristiana y no frente al budismo, frente a lainstitución cristiana (la «Iglesia») y no frente a Jesús, frente a la religión en cuanto conjunto de verdadessalvíficas, ritos, preceptos morales, etc., y no frente a la «función que por su mera existencia -eindependientemente de sus «contenidos» religiosos- desempeña la religión en el campo social y político?[9] Como puede verse, dadas las múltiples manifestaciones del indiferentismo (religioso) y la diversidad -a fin decuentas indescifrable- de las motivaciones, experiencias, sentimientos y heridas latentes tras lo que aparece comoindiferentismo o se presenta como tal, es prácticamente imposible formular aquí un enunciado general. Noobstante, la filosofía está condenada a pretender establecer algún enunciado general, pese a las dificultades que pueda haber en cada caso. Por eso, en nuestro contexto es ineludible hablar sobre «el indiferentismo religiosrecurriendo a una cierta tipificación y abstracción. Pero hay un peligro evidente: que, pretextando la imposibilidadde evitar la abstracción, se hable sobre un fantasma que no se da en la realidad.Evitemos de antemano cualquier malentendido: yo no puedo ni quiero afirmar que no hay hombresrealmente indiferentes en lo tocante a la religión; pero creo que los hombres presuntamente indiferentes son amenudo personas con decepciones y heridas causadas por la propia «religión»; que muchas veces nos hallamosante un indiferentismo religioso parcial; que, no obstante la dificultad de describir y caracterizar la indiferenciareligiosa, no carece de sentido ni de fundamento aceptar de algún modo la figura tipificada del indiferentismoreligioso como modelo mental, para formular las preguntas e iniciar las reflexiones que, pese a la inevitableabstracción, se le imponen a quien no adopta frente al indiferentismo una postura indiferente renunciando aanalizarlo, examinarlo y criticarlo.
II. DISTINCIÓN ENTRE EL AGNOSTICISMO Y ELINDIFERENTISMO RELIGIOSO
En el plano general y abstracto que la caracteriza, la filosofía habla desde hace tiempo de la problemáticadel indiferentismo religioso y aborda el tema bajo el epígrafe del escepticismo o del agnosticismo, si bien con unanotable diferencia que vamos a explicar inmediatamente.¿Desde cuándo existe realmente una actitud que pueda considerarse como «indiferentismo religioso»?Este problema no es fácil de resolver históricamente -entre otras razones, por la necesidad de distinciones a que healudido-, ni hay por qué abordarlo aquí. De todos modos, conviene recordar que la articulación del escepticismoen cuestiones metafísicas y religiosas
 
es muy antigua, si bien ese tipo de escepticismo no se define comoagnosticismo hasta el siglo XIX[10]. Así pues, sin pretender intercalar 
 
un excurso histórico, quiero indicar que elsiguiente Fragmento B 4 del sofista Protágoras puede ser considerado como uno de los más antiguos testimoniosdel escepticismo metafísico-religioso y, por tanto, del agnosticismo: «De los dioses no tengo saber alguno; no sési existen ni si no existen, ni de qué forma están hechos. Porque hay muchas cosas que dificultan ese saber: elocultamiento (es decir, el objeto) y la brevedad de la vida humana»[11]. Pero, y tal es la razón de esta breve visiónretrospectiva, ¿no sería erróneo considerar a Protágoras, y a otros pensadores del mismo signo, como indiferenteen materia religiosa? ¿No es precisamente lo contrario del indiferentismo religioso el motivo de que Protágorashable como habla?Si se acepta que del escepticismo religioso o agnosticismo puede surgir (lo mismo que del ateísmo, si bienéste se interesa por la religión en cuanto negación de la misma) una indiferencia religiosa en cuanto actitud vital
 
de desinterés práctico por todo lo relacionado con la religión, entonces se supone que el indiferentismo y elagnosticismo no se identifican. A lo sumo cabría afirmar, como se hace a veces, que lo que puede identificarsecon el indiferentismo religioso es el llamado «agnosticismo práctico», en la medida en que, como actitud de
agnosis
, no se interesa habitualmente por nada, ni siquiera por su propio desinterés. Pero si se rechaza la ambiguaexpresión «agnosticismo práctico», aparece con claridad la diferencia objetiva existente entre el indiferentismo yel agnosticismo: la indiferencia religiosa (en sentido estricto y preciso) no reflexiona sobre sí misma. Si lo hiciera,saldría de su desinterés, ya que trataría de comprenderse y legitimarse como tal desinterés. Mediante este acto dereflexión sobre sí misma, la indiferencia religiosa se transforma en escepticismo religioso o agnosticismo. Así pues, la diferencia (o, al menos, una diferencia capital) reside en que el agnosticismo se concibe como una actitudrefleja, o filosóficamente documentada, de
agnosis
, mientras que el indiferentismo religioso no reflexiona sobre símismo (pues tal reflexión supondría un interés, que ya no sería indiferente, por el conocimiento y la verdad), sinoque se limita a encogerse de hombros ante la religión.Semejante contraposición entre el indiferentismo religioso y el agnosticismo (o escepticismo en materiade religión) tiene un acusado carácter de tipificación, pues las situaciones concretas de la vida son en este terrenosumamente diversas. Por eso cabe preguntar si una reflexión que deslinda el indiferentismo y el agnosticismomediante tal tipificación no es demasiado abstracta y alejada de la realidad. En las páginas siguientes esperamos poder mostrar que, lejos de ser así, tal distinción se ha hecho exclusivamente para poner de relieve algunosaspectos de gran trascendencia antropológica, política e incluso religiosa.
III. DEL INDIFERENTISMO RELIGIOSO ALAGNOSTICISMO
Cuando nos representamos la forma en que se plasma en la vida concreta la actitud del indiferente engeneral y, especialmente, del indiferente con respecto a la religión, surge ante nosotros el cuadro (otra veztipificado) de un nihilismo aburrido en el plano teórico, aunque tal vez muy activo, que no se conoce a sí mismo yque, por tanto, tampoco comprende las implicaciones afirmativas que asienta y establece por el hecho de seguir actuando y viviendo. Por eso, yo veo en el nihilismo aburrido, carente de reflexión, «inconsciente», es decir, sinconciencia de sí mismo -que se conserva de una forma puramente naturalista-, una modalidad de la existenciahumana que es preciso calificar de deficiente. Este modo de ver implica sin duda un claro juicio de valor. Yo loformulo aquí consciente e intencionadamente, pese a que conozco las dificultades que eso lleva consigo y pese aque es imposible abordar en el presente artículo el problema de la posibilidad y el modo de fundamentar tal juiciode valor. No obstante, quien acepte la valoración del indiferentismo como una modalidad existencial deficiente,deberá preguntarse si es posible superarlo.Con esta pregunta caemos en una situación paradójica: basándonos en la descripción del indiferentismoreligioso en sus distintas plasmaciones, lo hemos tipificado y lo hemos calificado de irreflejo, inconsciente,aburrido y desinteresado, aun sabiendo que las actitudes concretas no coinciden completamente con lastipificaciones. Ahora bien, ¿cómo se puede superar una actitud semejante, siendo así que no ofrece los presupuestos indispensables para tal superación: el deseo de conocer, de buscar la verdad, de asumir uncompromiso? Da la impresión de que aquí se busca la cuadratura del círculo.De hecho habría que abandonar inmediatamente los intentos de superar el indiferentismo religioso si nofuera lícito dar por sentado lo siguiente: que el indiferentismo religioso en «su forma pura» no se da en la práctica;que representa realmente una deficiencia, una carencia y una falta de vigor; que muy probablemente no es unintento absolutamente imposible y condenado al fracaso interpelarlo con la esperanza de poder librarlo de sunihilismo aburrido o de su aburrimiento nihilista.He empleado intencionadamente las complicadas expresiones «muy probablemente «intento noabsolutamente imposible» ni «condenado al fracaso»; desde el punto de vista metodológico, tales fórmulasquieren expresar mi opción por un ensayo de diálogo iniciado con realismo crítico y con escepticismo psicológico.Con este planteamiento pretendo evitar un método y un modo de pensar que aparecen a menudo en las filosofíastradicionales llamadas cristianas: esas formas de argumentar que, partiendo de fundamentos diferentes, coincidenen suponer que se da en la «naturaleza» del hombre una orientación fundamental apriórica («trascendental»,«natural», «innata», etc.) que lo impulsa necesariamente -o, formulado en términos aristotélicos-tomasianos, comola flecha disparada hacia el blanco- hacia lo Trascendente, hacia lo Divino, hacia «Dios», hacia el «Absoluto». Y

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