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Discipulos de Emaus. Intinerario Pascual

Discipulos de Emaus. Intinerario Pascual

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Este itinerario o camino pas-
cual se inicia tomando concien-
cia de la propia realidad, de lo
que soy y cómo estoy frente a
Jesús, a mí mismo y a los her-
manos. No hay camino pascual
sin hacerme cargo de mi propia
realidad de pecado para ofrecer-
la al Mesías, quien sólo así pue-
de hacernos vivir el proceso de
transformación en «nueva criatu-
ra» (2 Cor 5,17; Gál 6,15; Ef
2,15; 4,24
Este itinerario o camino pas-
cual se inicia tomando concien-
cia de la propia realidad, de lo
que soy y cómo estoy frente a
Jesús, a mí mismo y a los her-
manos. No hay camino pascual
sin hacerme cargo de mi propia
realidad de pecado para ofrecer-
la al Mesías, quien sólo así pue-
de hacernos vivir el proceso de
transformación en «nueva criatu-
ra» (2 Cor 5,17; Gál 6,15; Ef
2,15; 4,24

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07/09/2013

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Alejarse de Jeru-salén, por tanto, esabandonar al Se-ñor y sustraerse ala donación delEspíritu y, por lomismo, abortar lamisión (cfr. Hch1,8).Jerusalén re-presenta
el ámbitoteológico de encuentro
conJesucristo vivo, razón de la es-peranza, fuente de inteligenciaespiritual y fuerza para el testi-monio. Emaús, en cambio, re-presenta en el relato de Lucaslo cotidiano, lo de antes y lo desiempre, es decir, la muerte dela ilusión que Jesús había sem-brado en ellos,
el sin sentido
,refugio a la desesperanza por lalejanía con el Resucitado y sucomunidad pascual. Allí, enEmaús, sólo es posible la triste-za y el vacío por la falta de fe enla obra de Dios por su Mesías.Hacer el camino de Jerusa-lén a Emaús, es deshacer elitinerario pascual, hundiéndoseen la derrota al creer que Diosno pudo vencer el pecado y lamuerte. En el camino a Emaús,Jesús invita a sus dos discípu-los, que no lo reconocen, a re-hacer
el itinerario pascual
gra-cias al cual comprenderán elEl relato de los discípulos deEmaús es propio de Lucas (Lc24,13-35).Marcos sólo ofrece una cortanoticia de este encuentro con elResucitado (Mc 16,12).El relato de Lucas se ocupadel centro de la fe cristiana, lavictoria de Jesús sobre el pecadoy la muerte, explicando aquelloque los ángeles comunicaron alas mujeres que fueron al sepul-cro
: «¿Por qué buscan entre losmuertos al que está vivo? Noestá aquí, ha resucitado»
(24,5-6; cfr. 1 Cor 15,17).El mismo día en que encuen- tran el sepulcro vacío y reciben lanoticia de la resurrección deJesús sucede lo de Emaús(24,13).El “camino” de Jerusalén aEmaús tiene un profundo signifi-cado. Dos discípulos de Jesúsbajan de Jerusalén camino aEmaús situada a unos 12 kiló-metros de la capital (Lc 24,13).Con tal alejamiento se distan-cian de Jesucristo muerto y resu-citado
en Jerusalén
y de los her-manos que allí se reúnen a ben-decir a Dios (24,52-53) y a espe-rar
«la fuerza que viene de loalto»
(24,49; Hch 1,4).plan salvador delPadre llevado a cabopor su Ungido. Volve-rán inmediatamentede Emaús a Jerusa-lén porque nada tienen que hacer enla aldea que repre-senta la derrotacuando en realidadel Mesías de Diosestá vivo en medio de los suyosen Jerusalén.El
itinerario pascual
de los deEmaús está compuesto de mo-mentos sucesivos :
a-
La
interpelación de la reali-dad
de incredulidad y desalientopor parte de
 Jesús Maestro
y
Pas-tor 
.
b-
El
discernimiento de la volun-tad del Padre
en virtud de la ense-ñanza de
 Jesús Profeta
quien,anunciado en la Antigua Alianza,abre el sentido genuino de la Es-critura.
c-
El
 gesto sacramental
de
 Je- sús Sumo sacerdote
que ilumina ysana a los dos de Emaús dotándo-los de aquella luz interior que abreal conocimiento y a la adhesiónvital del Mesías.
d-
El
testimonio
de los de Ema-ús acerca de lo que han escucha-do y vivido; la experiencia perso-nal
con Jesús
la transforman deinmediato en anuncio
del Señor resucitado
para vida del mun-do.
e-
Todo el itinerario pascual tiene un fundamento: el
aconte-cimiento liberador 
de Jesús deNazaret, Mesías e Hijo de Dios.Jesús Maestro, Profeta, Sa-cerdote y Señor sale al encuen- tro de dos de sus discípulospara caminar con ellos y hacer-se cargo de su realidad, sanarsu condición y enviarlos a ex- tender su misión. Para esto, enel
camino de la vida
, Jesús invi- ta a los de Emaús a
celebrar laliturgia
del
peregrino en la fe
,sediento del Mesías, y les ofre-ce el
pan de su palabra
y el
pande la eucaristía
, alimentos me-siánicosque los transforman en testigos de la buena noticia dela salvación.En el trasfondo de este itine-rario pascual se halla la convic-ción cristiana de que la fe nacedel anuncio del
acontecimientode Jesucristo muerto y resucita-do
, fuerza salvadora del Padreque, por la acción eficaz delEspíritu, la Iglesia sigue exten-diendo por el mundo entero.
Pastoral Bíblica
cuyo protagonista es Jesús, y lamanifestación de las esperan-zas que había suscitado enellos.Jesús de Nazaret, tenido porprofeta de Dios y liberador deIsrael, fue entregado por lasautoridades a la muerte encruz, y de esto hace ya tresLa pregunta de un desconoci-do a los de Emaús sobre lo quevienen conversando (Lc 24,17) tiene por respuesta la informa-ción de lo que ha pasado enJerusalén en
«estos días»
(24,18).
La respuesta no es una doctri-na o teología sobre Jesús, sino la
narración de un acontecimiento
,días. Algunas mujeres dicen quesu cuerpo no está donde lo sepul- taron porque se enteraron por losángeles
«que está vivo»
(24,19-24).La respuesta contiene, sin quelos de Emaús lo sepan, el
kerigma
o profesión de fe de la Iglesiaapostólica (Lc 24,20-22),
kerigma
que Pablo resume así:
«Cristomurió por nuestros pecados, según las Escrituras, fue sepul-tado y resucitó al tercer día, según las Escrituras»
(1 Cor15,3-4; cfr. Hch 10,39-40).La fe en Jesucristo arrancadel anuncio de un
aconteci-miento salvador 
: el Padre Dios,
El itinerario pascual del discípulo según el camino de los de Emaús
Jesucristo, el acontecimiento liberador 
Grupo Misionero
Parroquia San Antonio. Gral. San Martín. Chaco
 
don de la fe y de laconversión introduceal creyente en la Igle-sia, Cuerpo de Cristo ypor su Hijo Jesús muerto y resuci- tado por nosotros, constituidoSeñor y Mesías (Hch 2,36; 5,31;10,42), nos ofrece vivir en comu-nión con él (Jn 1,17; Rom 8,1-4).El Espíritu Santo que abre alcomunidad de salvación, yes quien posibilita una vidaen creciente sintonía con lacondición de nueva criatura
Jesucristo y la interpelación de la vida
Los de Emaús han perdido la feen Jesús. Retornan desconcerta-dos a su aldea. Aquel en quienhabían puesto su esperanza sereveló inoperante:
«Nosotros es-perábamos que él fuera el queiba a liberar a Israel»
(Lc 24,21).Ellos dos, como muchos de su tiempo, alentaban la idea de unMesías poderoso en obras y pala-bras, capaz de revertir la situa-ción de opresión que vivía Israelbajo el yugo romano, haciendo deJerusalén el centro sagrado des-de el cual el Santo de Israelatraería hacia sí a todas las na-ciones (Zac 14; ver Mc 10,35-37).Confunden
“Reino de Dios”
con
“reinado de Israel”
sobre las na-ciones (Hch 1,6).Este mesianismo nacionalistano fue capaz de dar sentido a laexistencia de los dos de Emaús,que representan a muchos discí-pulos de Jesús. Vuelven a lo desiempre, tristes, desconcerta-dos y con sus esperanzas des-hechas. Mientras no sean ca-paces de abandonar sus pla-nes y se dejen encontrar porJesucristo vivo no cambiaránsus motivaciones ni su conduc- ta.El encuentro se inicia poriniciativa de Jesús
quien inter-pela sus vidas
. «¿Qué es lo quevienen conversando por el ca-mino?», les pregunta (Lc24,17). Ellos relatan lo que hanvivido los últimos tres días enJerusalén (24,19-24). Insistenen sus anhelos rotos: han con-fiado en Jesús como profeta deDios y liberador de Israel, pero terminó muerto en cruz. Yanada se puede hacer (24,21).La amargura no puede sermayor. «Sus ojos estaban cega-dos» nos informa Lucas(24,16), es decir, no lograncomprender por qué su líder aca-bó muerto, situación que afectasubstancialmente su condiciónde vida actual y su futuro. Aquelprofeta «poderoso en obras ypalabras» en quien creyeron, ¡noera el
liberador de Israel
!(24,19.21).Jesús le reprocha a los deEmaús su falsa comprensión delos planes de Dios. Mientras ellospiensan en un liberador naciona-lista que conduzca a Israel a lacabeza de las naciones, Diosofrece a su
Ungido
o
Cristo
que,como
Siervo sufriente de Dios
(Is52,13-53,10), guía a la humani-dad al encuentro con el Padre (Lc24,26).Sin Jesús, la
 senda recorrida
de Jerusalén a Emaús se convier- te en
desencanto pascual
. Dejar-se encontrar por Jesucristo esrehacer
el itinerario pascual
,
pa- sando
de la ceguera de los ojos yde la desesperanza del corazónal sentido salvífico de los acon- tecimientos (Lc 24,31: “ojos queven”) y a la adhesión vital a Je-sucristo vivo (24,32: “corazónque arde”).Este
itinerario
o
camino pas-cual
se inicia
tomando concien-cia de la propia realidad
, de loque soy y cómo estoy frente aJesús, a mí mismo y a los her-manos. No hay
camino pascual
sin hacerme cargo de mi propiarealidad de pecado para ofrecer-la al Mesías, quien sólo así pue-de hacernos vivir el proceso de transformación en «nueva criatu-ra» (2 Cor 5,17; Gál 6,15; Ef 2,15; 4,24).A partir de las nefastas huellasque han dejado los últimos acon- tecimientos en los de Emaús,Jesús los invita a escrutar la vo-luntad de Dios: “¿por qué son tan torpes y no comprenden lo quedicen
las Escrituras
acerca delMesías de Dios?” (cfr. Lc 24,27).La pregunta equivale a
“¿por quétienen el corazón obstinado y losojos cegados
(24,16.31)
paracomprender los planes de Diosde liberar a Israel y a la humani-dad oprimida?”.
Jesús, Palabra eterna del Pa-dre (Jn 1,1-2),
«empezando por Moisés y siguiendo por los todoslos profetas»
(Lc 24,27), les abreel sentido de
la Escritura
paraque
comprendan
y
acepten
(cfr.14,25) que lo prometido en ellapor Dios se ha cumplido enJesús de Nazaret. En este en-cuentro,
la palabra
es media-ción de comunicación, pues,por un lado, expresa la desilu-sión humana (palabra del hom-bre) y -por otro- revela el miste-rio de la redención divina(palabra de Dios). Luego, los deEmaús reconocen la fuerza dela palabra de Jesús:
 su corazónarde
cuando
les habla
y lesabre el sentido de las Escritu-ras (24,32; cfr. Hch 17,2-3). In- terpretar las Escrituras es pe-netrar con los “ojos”(comprensión) y aquilatar conel “corazón” (afectos) la buenanoticia de Jesús (Mc 1,1) comovoluntad del Padre Dios.Cuando en el
NT 
se hablade «las Escrituras» -como en Lu-cas 24,27.32 (ver 2,23-24)- espara hacer una explícita referen-cia a la voluntad de Dios expresa-da en los Libros Sagrados. Jesús,por tanto, remite todos los acon- tecimientos ocurridos en Jerusa-lén respecto a su persona a lavoluntad salvífica de su Padre. Alconocimiento de esta voluntaddivina se accede mediante unalectura
complexiva
,
mesiánica
y
 significativa
de las Escrituras:
 A)Complexiva
: «
Empezandopor 
Moisés y
 siguiendo por 
todoslos profetas…» (Lc 24,27). Es lalectura que abarca toda las Escri- turas, sin cercenarla ni prefirien-do unos textos sobre otros.
B)Mesiánica
: «Les explicó loque decían
de Él
…» (Lc 24,27). Esla lectura que explica las Escritu-ras en razón del Mesías y Siervode Yahvé que ofrece su vidapara la redención de la humani-dad (24,26). El fin principal de laantigua alianza
«era preparar lavenida de Cristo, redentor uni-versal, y de su reino mesiánico,anunciarla proféticamente
(Lc24,44; Jn 5,39; 1 Pe 1,10), pre-sentarla con diversas imágenes(1 Cor 10,11)», (
Dei Verbum
,15).
C)Significativa
: «¿No
ardíanuestro corazón
mientras noshablaba en el camino y nos ex-plicaba las Escrituras?» (Lc24,32). Es la lectura que inter-pela la vida concreta de los des- tinatarios de la Palabra, suscitaaquella luz que abre sus ojos y
Jesucristo y las Sagradas Escrituras
 
ravillosa de Dios (2,33; 4,22;9,43; 13,17; 24,12).Esta forma de penetrar en lavoluntad de Dios consignada enla Escritura es la que «
disciernelos pensamientos y las intencio-
aquel gusto por la Palabra quesacia el corazón. Se trata de unainterpretación que toca los an-helos humanos más profundos,por eso se reconoce la autoridadde la palabra proclamada y gene-ra la admiración por la obra ma-
nes del corazón»
(Heb 4,12-13) ysuscita nuestra adhesión vital aJesucristo.mesa con ellos,
tomó
el pan,
rezó la bendición
, lo
partió
y selo
dio
» (ver Lc 24,30 y22,14.19).Desde su origen la celebra-ción cristiana une palabra ygesto sacramental. La Eucaris- tía, pues, es comunión por eldiálogo y el sacrificio, por laPalabra y el Cuerpo del Señor,realidades que se exigen mutua-mente, aunque cada una con supropia eficacia. Juan Pablo II nosdice que «en cada celebracióneucarística el encuentro con elResucitado se realiza mediantela participación en la doble me-sa de la Palabra y del Pan devida» (
Dies Domini 
, 39; ver nº40; cfr.
Sacrosanctum Conci-lium
, 7).De inmediato después de “lafracción del pan” se les abrieronlos ojos a los de Emaús y reco-nocieron al Resucitado, peroA la enseñanza que explica elsentido de la vida de Jesús sigueel
 gesto sacramental
que alimen- ta la adhesión vital a él. Aún losojos de los de Emaús están cega-dos y no reconocen en el peregri-no al Mesías, al
«profeta podero- so en obras y palabras ante Dios y todo el pueblo
», al «
liberta-dor de Israel»
(Lc 24,19.21).La mesa preparada por elanuncio de la Palabra y el panbendecido, partido y compartidoconfiguran el
momento sacra-mental
que lleva a plenitud elencuentro con Jesucristo vivo.Sólo
«entonces se les abrieronlos ojos y lo reconocieron
»(24,31). Aquella cena de los deEmaús con Jesús, Lucas la llama
«fracción del pan»
(1 Cor 10,16;Hch 2,42.46) y la presenta conlos mismos verbos que empleapara la institución de la Eucaris- tía: «Cuando
estaba sentado
a laJesús desaparecióde su lado (Lc24,31). Ellos, luego,darán testimonio delo que les ocurrió«
cuando iban decamino y cómo loreconocieron al partir el pan»
(24,35). El gesto sacra-mental de partir el pan es el ali-mento que lleva a su plenitud enlos de Emaús
aquella luz sobrena-tural
que les permite adherirsecon fe intensa a Jesucristo vivo,liberador de Israel.Mientras que por las palabrasde Jesús, que les llegan “al cora-zón”, reconocen que lo sucedidoal Nazareno es la voluntad deDios consignada en la
Escritura
(Lc 24,32), por la participación enla fracción del pan abren “losojos” y reconocen que el Nazare-no, que murió en la cruz
«hacetres días»
(24,21), ha resucitado.Aquellos cora-zones obstina-dos y ojos inca-pacitados(24,16) parareconocer alResucitadoque caminacon ellos son iluminados con elPan de la Palabra y del Cuerpode Cristo, haciendo posible elconocimiento del misterio divinorevelado (cfr. Heb 10,32).Los dones de Cristo (Jn6,31.49), Palabra y Cuerpo, sonlos
dones escatológicos
delnuevo pueblo de Dios (Sal78,23-25; Ap 2,17) «
que man-tiene
a los que creen» en él (Sal16,26), y cuya inmediata conse-cuencia es el testimonio (Lc24,33-34).
Jesucristo y gestos sacramentalesJesucristo y el discípulo enviado como testigo
El camino a Emaús, ya lohemos dicho, es retorno a lo coti-diano, a la vida que los discípulos tenían antes de conocer al Señor.Establecerse en Emaús es matarla ilusión de la liberación de Is-rael, el fin de la utopía humana(Lc 24,21). Refugiarse en Emaúses aceptar el fracaso del plansalvador de Dios, el fin de la uto-pía divina.En el camino a Emaús ocurrióel encuentro con el Resucitado yel reencanto con su persona ycon la misión que les confió. Poreso no se establecen en Emaús,sino que regresan a Jerusalén, laciudad donde los espera el poderde lo alto y lacomunidad apos- tólica que confie-sa a su Señor.Aquí, en Jerusa-lén, aquilataráncon los apóstolessu experienciadel Resucitado. Desde aquí, deJerusalén, saldrán esta vez aanunciar a todas las naciones
«la conversión y el perdón delos pecados»
(Lc 24,47; Hch2,38). En Jerusalén, no enEmaús, se forjan los testigosde aquel
«que vino a dar suvida en rescate por todos»
(Mc10,45), escuchando al Señorno abandonándolo se generanlos heraldos dela Buena Nueva.El
camino deGalilea a Jerusa-lén
(Lc 9,51) esla senda deldiscipulado, dequien sigue aJesús (Hch 1,21; 4,13) para estarcon él y aprender de él (Mc 3,14).El
camino de Jerusalén a Emaús
es la ruta interior del desencantoy del abandono del seguimiento.El
regreso de Emaús a Jerusalén
es la senda de la escucha de laPalabra y de la fracción del panpara reconocer al Resucitado yvivir en comunión con él. El
cami-no de Jerusalén hasta los extre-mos de la tierra
(Hch 1,8) es lasenda del misionero, es decir,
del Espíritu
que suscita testigosdel Señor resucitado (4,31; verMc 3,13-14).Los “caminos” por donde transita el discípulo se convier- ten así en
itinerarios
o
caminospascuales
que conducen de lafalta de fe y de la desesperanzaal reconocimiento de Jesucristovivo y su anuncio gozoso.

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