Introducción:
.Hace unas décadas, la escuela era un complemento a la educación que se impartía enlos hogares. Por tanto, estaba destinada a un grupo selecto de la sociedad, ya que en lamayoría de las casas, los conocimientos culturales eran mínimos. A raíz del nacimientode las democracias occidentales y del desarrollo industrial, emerge la necesidad y laexigencia de una educación formal para todo el mundo. Esta exigencia no es saldadahasta después de la 2ª Guerra Mundial donde se plantea la enseñanza obligatoria paratodo el mundo.
“Donde hay educación, no hay distinción de clases”
(Confuncio).Ya en los años sesenta, como resultado de su academicismo, su carácter selectivo y por el hecho de alejar a los estudiantes de la vida real, se respira un clima de protestageneralizada. Ante este clima hostil, la escuela disminuye su nivel y sus pretensiones.Consecuentemente,incluso los alumnos menos aventajados concluyen el ciclo educativoobligatorio. Por tanto, la escuela, aún habiendo sufrido algunos cambios, sigue siendo básicamente un complemento a la educación. En este periodo crece la tasa deanalfabetismo.A lo largo de las últimas décadas, la escuela no ha sabido replantear su nueva funciónni desarrollar sus objetivos. La enseñanza por sí sola, no garantiza el aprendizaje.
Laescuela que quiera ser una herramienta útil para todos debe preocuparse de desarrollar las habilidades individuales de todos los alumnos mediante la motivación, partiendo delconocimiento y experiencias individuales de cada uno de ellos, tal como propone laescuela constructivista. Otra función que corresponde a la escuela, es contribuir a laigualdad. Con rasgos propios de la escuela tradicional como el carácter selectivo (laescuela sirve a quien accederá a la universidad; a quienes no lo harán de poco les sirvelo aprendido en la vida real), lo único que hace es recalcar aún más las diferencias.2