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GONZALEZ # 165

GONZALEZ # 165

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Published by: Premio Nacional de Crítica on Jan 21, 2011
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01/21/2011

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circula en el departamento de artefacultad de artes y humanidades, universidad de los andes
lunes 2 de noviembre, 2010
 juego de reglas editorial
González es una publicación del Departamento de Arte / González solo publicará textos ycolaboraciones que tengan como remitente a correos de "uniandes.edu.co" y bajo el créditode la persona que los envía. En caso de que sean enviados por miembros de la universidad yagraduados o proesores retirados que no tengan este tipo de cuentas de correo se verifcarásu vinculación / En los textos donde se haga mención explícita a una persona del Depar-tamento de Arte, o a miembros o dependencias de la universidad, se enviará copia de esecorreo a los sujetos en cuestión con el fn de orecer la posibilidad de una contracrítica en elpróximo número de González / González publica lo que se quiera hacer público, todo lo quequepa en esta hoja de papel. Esta hoja circula por impreso y por correo al comienzo de cadasemana del periodo académico.Si desea estar con
Gónzalez
, envíe su colaboración al correo electrónico:hojagonzalez@gmail.com
archivo:
http://areadeproyectos.org/gonzalez/
enviado a hojagonzalez@gmail.com por Ana María Mustafá Sanín
Esto pasó
 Las cosas sólo existen cuando algún ser pensante está ahí para verlas,para vivirlas, pero, ¿sólo hace alta una persona para que un hecho yasea real? No, hace alta su divulgación, la comunicación de una expe-riencia para que al volverse un conocimiento colectivo, sea al fn algoreal.Quiero que algo que yo sé que pasó empiece a existir; quiero que dejede ser un hecho verídico sepultado en mi cabeza con angustia y sea almenos un rumor en más de una cabeza.No puedo decir ningún nombre ni denunciar el hecho preciso, tam-poco quiero inventar seudónimos; así que me veo obligada a simple-mente sugerir.Todos nos sentimos seguros y protegidos, vivimos en una realidad virtual encerrada en otra que apenas rozamos cuando se asoma pornuestros televisores o que nos vemos orzados a enrentar en el espaciopúblico... pero, ¿tengo que estar sola en la calle para que me droguen ome violen?Parte de la educación privada es hacer pensar que nada de eso le pasaa la gente educada... nos gusta pensarlo y dejarlo en veredas lejanas.Entonces se asocia la alta de educación con conductas de ese tipo queaparentemente se alejan de la gente que recuentamos y ese preconcep-to se convierte en un instintivo silencio en caso de que algo así nos llegaa pasar.¿De cuantos violadores se ha oído en universidades privadas?Pareciera que el silencio uera parte de la matrícula que se paga; ade-mas, ¿al pagar la matricula nos preguntan quienes somos o qué hemoshecho? Es evidente que el desempeño académico y el liderazgo no ra- yan con este tipo de actos, pero es impactante ver como un criminal nodeclarado puede ser reconocido académicamente y en eventos cultura-les como haciéndole honor al silencio de los demás. Y no estoy culpando a ninguna institución, estoy culpando a la se-guridad fcticia en la que a todos nos gusta creer que vivimos, y quecuando hay algo que no cabe en ella, es mas cómodo callar.No quiero sembrar miedo, ni curiosidad morbosa y mucho menosseñalar a las víctimas por no tomar medidas: sólo quiero que la genteque sepa de que estoy hablando, se de cuenta que sí hay ormas de de-nunciar; y la persona que no tiene idea de lo que hablo, pues que tengaesto en mente. —Ana María Mustaá Sanín
 
enviado a hojagonzalez@gmail.com por Jorge Andres Acevedo
Epílogo
Después ya no hubo ganas. Quedamos viéndonos a los ojos como siquisiéramos seguir, pero ya no podíamos, el cuerpo no respondió. Nisiquiera tenían flo nuestros dedos en las pieles, no eran ríos, ya no ar-dían. Ya no importaban. Dejó de ser novedad la desnudez. Parecíamosinocentes porque sólo nos veíamos a los ojos, libres de todo.Estuvimos desnudos, poco nos importó que estuviéramos desnu-dos. Era la visión natural que no nos conmovía, ni nos movía.Los que umamos dejamos ir la mano a algún lado en busca de óso-ros, encendedor; ¿Quieres uego? ¡Gracias! ¿Y tú? ¡También, enciéndeme!Los que no umamos respiramos proundo. El deseo se nos ue conel aire, quisimos recuperarlo entre suspiro y ahogo. Humeas; sopla mipecho porque estoy sudando ¡Gracias! ¡De nada! ¿Qué te hago? Nada,al contrario, me deshaces. Aparecieron protocolos para asumir al otro:¿Duele? No ya no tanto ¿Duele? No, ya tampoco. Después ya no huboganas. Conocimos a alguien que no conocimos antes.Tal vez en el iris del otro era más ácil encontrar el recuerdo de losesuerzos recientes. ¡Sopórtame! Sé que duelo al principio y despuésduelo mil veces más uerte. Nunca termino de doler. Tu dolor es el mío.Aprendimos a jugar con los dos colores del tablero. ¡Jaque mate! ¡Jaquemate! ¡Jaque! ¡Jaque! Negro, blanco, ¡Jaque! Peón, peón, desde peón-peón, duro al rente, velas altas a estribor, ¡Apunten! ¡Fuego! Bebanagua, mirada al rente, aliento hondo; pasos, ecos, huellas proundas…a discreción.Nos hundimos en los lugares más dolorosos, nos atrajo el peligro dedispararnos lado a lado. Cerca, cerca, a donde nos guiaron las miradasperdidas. ¡Hasta el ondo! Dale ¡Aguanta! que yo aguantaré las mismasturbulencias.Después ya no hubo ganas. Aprendimos a construir efgies con lascenizas del éxtasis. Estuvimos mucho tiempo parpadeándonos, comoquien ve al otro lado de un tren que pasa, hablándonos en Morse desdeel ondo de las pupilas. Iris espeso, amigo mío, demasiada caeína ar-diendo en las neuronas, detalles mínimos que no dejan pasar nuestraspercepciones en guardia, heridas, rabiosas, hambrientas. Parecemosperros nocturnos que han sido heridos por la nada. Así tus ojos sonmás proundos, ¡Aire! ¡Aire! No seguí instrucciones para sumergirmedonde no debía, ¡Aire! Necesito el aire que me robas porque respira-mos desacordes; vuelves, vas, vuelves, vas; subes, bajas, subes; uertetu abrazo me abrió heridas en la espalda, uertes tus quejidos rompie-ron el velo en mis oídos; rómpeme mientras te rompo, ilusión, ugazdelirio que luego parpadea inocente, desacalorándose. Y sin ropa.¿Quieres uego? Gracias, yo no umo. Yo tampoco.— Jorge Andres Acevedo
El gran problema no es la maldad de los malos,sino el silencio de los buenos.—Martin Luther King

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