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LaEscuelaModerna

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Recopilación del Boletín de la Escuela Moderna
Recopilación del Boletín de la Escuela Moderna

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11/16/2014

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 “La escuela moderna” de Francisco Ferrer Guardia5
 
LA ESCUELA MODERNA
*
Francisco Ferrer Guardia
CAPÍTULO IEXPLICACIÓN PRELIMINAR
Mi participación en las luchas de fines del pasado siglo sometieron a prueba mis convicciones.Revolucionario inspirado en el ideal de justicia, pensando que la libertad, la igualdad y lafraternidad eran el corolario lógico y positivo de la República, y, dominado por el prejuiciogeneralmente admitido, no viendo otro camino para la consecución de aquel ideal que la acciónpolítica, precursora de la transformación del régimen gubernamental, a la política republicanadediqué mis afanes.Mi relación con D. Manuel Ruiz Zorrilla, que podía considerarse como centro de acciónrevolucionaria, me puso en contacto con muchos revolucionarios españoles y con muchos ynotables republicanos franceses, y su frecuentación me causó gran desengaño: en muchos viegoísmos hipócritamente disimulados; en otros que reconocí como más sinceros sólo halléideales insuficientes, en ninguno reconocí el propósito de realizar una transformación radicalque, descendiendo hasta lo profundo de las causas, fuera garantía de una perfectaregeneración social.La experiencia adquirida durante mis quince años de residencia en París, en que presencié lascrisis del boulangismo, el dreyfusismo y del nacionalismo, que constituyeron un peligro para laRepública, me convencieron de que el problema de la educación popular no se hallaba resuelto,y no estándolo en Francia, no podía esperar que lo resolviera el republicanismo español, todavez que siempre había demostrado deplorable desconocimiento de la capital importancia quepara un pueblo tiene el sistema de educación.Imagínese lo que sería la presente generación si el partido republicano español, después deldestierro de Ruiz Zorrilla, se hubiera dedicado a fundar escuelas racionalistas al lado de cadacomité, de cada núcleo librepensador o de cada logia masónica; si en lugar de preocuparse lospresidentes, secretarios y vocales de los comités del empleo que habrían de ocupar en la futurarepública hubieran trabajado activamente por la instrucción popular, cuánto se hubieraadelantado durante treinta años en las escuelas diurnas para niños y en las nocturnas paraadultos.¿Se contentaría en ese caso el pueblo enviando diputados al Parlamento que aceptan una leyde Asociaciones presentada por los monárquicos?¿Se limitaría el pueblo a promover motines por la subida del precio del pan, sin rebelarse contralas privaciones impuestas al trabajador a causa de la abundancia de lo superfluo de que gozanlos enriquecidos con el trabajo ajeno?
*
Digitalización: KCL.
 
 “La escuela moderna” de Francisco Ferrer Guardia6
¿Haría el pueblo raquítico motines contra los consumos en vez de organizarse para lasupresión de todo privilegio tiránico?Mi situación como profesor de idioma español en la Asociación Filotécnica y en el G. O. deFrancia me puso en contacto con personas de todas clases, tanto en concepto de carácterpropio como en le de su posición social, y examinadas con la idea de ver que prometíanrespecto de influir en el gran conjunto, sólo vi gente dispuesta a sacar el mejor partido posiblede la vida en sentido individual: unos estudiaban el idioma español para proporcionarse unavance en su profesión, otros para estudiar la literatura española y perfeccionarse en sucarrera, algunos hasta para proporcionarse mayor intensidad en sus placeres viajando por lospaíses en que se habla el idioma.A nadie chocaba el absurdo dominante por la incongruencia que existe entre lo que se cree y loque se sabe, ni nadie apenas se preocupaba de dar una forma racional y justa a la solidaridadhumana, que diera a todos los vivientes en cada generación la participación correspondiente enel patrimonio creado por las generaciones anteriores.Vi el progreso entregado a una especie de fatalidad, independiente del conocimiento y de labondad de los hombres, y sujeto a vaivenes y accidentes en que no tiene participación la acciónde la conciencia ni de la energía humanas. El individuo, formado en la familia con susdesenfrenados atavismos, con los errores tradicionales perpetuados por la ignorancia de lasmadres, y en la escuela con algo peor que el error, que es la mentira sacramental impuesta porlos que dogmatizan en nombre de una supuesta revelación divina, entraba en la sociedaddeformado y degenerado, y no podía exigirse de él, por lógica relación de causa a efecto, másque resultados irracionales y perniciosos.Mi trato con las personas de mi relación, inspirado siempre en la idea de proselitismo, se dirigíaa juzgar la utilizad de cada una desde el punto de vista de mi ideal, y no tardé en convencermede que con los políticos que rodeaban a D. Manuel no se podía contar para nada; a mi juicio,perdónenme las honrosas excepciones, eran arrivistas impenitentes. Esto dio lugar a ciertaexpresión que, circunstancias graves y tristes para mí, quiso explotar en mi perjuicio laautoridad judicial. D. Manuel, hombre de alteza de miras y no suficientemente prevenido contralas miserias humanas, solía calificarme de «anarquista» cada vez que me veía exponer unasolución lógica, y por tanto radical siempre, opuesta a los arbitrios oportunistas y a losradicalismos de oropel que presentaban los revolucionarios españoles que le asediaban y aunexplotaban, lo mismo que a los republicanos franceses, que seguían una política de beneficiopositivo para la burguesía y que huían de lo que pudiera beneficiar al proletariado desheredado,pretextando mantenerse a distancia de toda utopía.Resumiendo y concretando: durante los primeros años de la restauración conspiración con RuizZorrilla hombres que después se han manifestado convencidos monárquicos desde el bancoazul; y aquel hombre digno que mantenía viva la protesta contra el golpe de Estado del 3 deenero de 1874, cándido por demasiado honrado, se confió a aquellos falsos enemigos,resultando lo que con harta frecuencia resulta entre políticos, que la mayoría abandonó alcaudillo republicano para aceptar una cartera o un puesto elevado, y sólo pudo contar con laadhesión de los que por dignidad no se venden, pero que por preocupaciones carecen de lógicapara elevar su pensamiento y su energía para activar su acción.A no haber sido por Asensio Vega, Cebrián, Mangado, Villacampa y pocos más, D. Manuelhubiera sido juguete durante muchos años de ambiciones y especuladores disfrazados depatriotas.En su consecuencia limité mi acción a mis alumnos, escogiendo para mis experimentos aaquellos que me parecieron más apropiados y mejor dispuestos.
 
 “La escuela moderna” de Francisco Ferrer Guardia7
Con la percepción clara del fin que me proponía, y en posesión de cierto prestigio que me dabami posición de maestro y mi carácter expansivo, cumplidos mis deberes profesionales, hablabacon mis alumnos de diversos asuntos; unas veces sobre costumbres españolas, otras sobrepolítica, religión, arte, filosofía, y siempre procuraba rectificar los juicios emitidos en lo quepudieran tener de exagerados o de mal fundados, o bien hacía resaltar el inconveniente queexiste en someter el criterio propio al dogma de secta, de escuela o de partido, lo que pordesgracia está tan generalizado, y de ese modo obtenía con cierta frecuencia que individuosdistanciados por su credo particular, después de discutir, se acercaran y concordaran, saltandosobre creencias antes indiscutidas, y aceptadas por fe, por obediencia o por simple acatamientoservil, y por ello mis amigos y alumnos se sentían dichosos por haber abandonado un errorvergonzoso y haber aceptado una verdad cuya posesión eleva y dignifica.La severidad de la lógica, aplicada sin censura y con oportunidad, limó asperezas fanáticas,estableció concordias intelectuales y quién sabe hasta qué punto determinó voluntades ensentido progresivo.Librepensadores opuestos a la Iglesia y que transigían con las aberraciones del Génesis, con lainadecuada moral del Evangelio y hasta con las ceremonias eclesiásticas; republicanos más omenos oportunistas o radicales que se contentaban con la menguada igualdad democrática quecontiene el título de ciudadanía, sin afectar lo más mínimo a la diferencia de clases; filósofosque pretendían haber descubierto la causa primordial entre laberintos metafísicos, fundando laverdad sobre una vana fraseología, todos pudieron ver el error ajeno y el propio; todos o lamayor parte se orientaron hacia el sentido común.Llevado por las alternativas de mi vida lejos de aquellos amigos, algunos me enviaron laexpresión de su amistad al fondo del calabozo donde esperaba la libertad confiado en miinculpabilidad; de todos espero buena y eficaz acción progresiva, satisfecho por haber sido lacausa determinante de su racional orientación.
CAPÍTULO IILA SEÑORITA MEUNIÉ
Entre mis alumnos se contaba la señorita Meunié, dama rica, sin familia, muy aficionada a losviajes, que estudiaba el español con la idea de realizar un viaje a España.Católica convencida y observante escrupulosamente nimia, para ella la religión y la moral eranuna misma cosa, y la incredulidad, o la impiedad, como se dice entre creyentes, era señalevidente de inmoralidad, libertinaje y crimen.Odiaba a los revolucionarios, confundida con el mismo inconsciente e irreflexivo sentimientotodas las manifestaciones de la incultura popular, debido entre otras causas de educación y deposición social, debido entre otras causas de educación y de posición social, a que recordabarencorosamente que en los tiempos de la
Commune 
había sido insultada por los pilluelos deParís yendo a la Iglesia en compañía de su mamá.

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