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HISTORIA de HERODOTO [selecci
ó
n de textos]
 LA CREDULIDAD DEL VULGO
En el demo de Peania hab
í 
a una mujer llamada F
í 
a, de cuatro codos menos tres dedos deestatura, y hermosa adem
á
s. Revistieron a esta mujer de una armadura completa, la hicieron subir paraaparecer m
á
s majestuosa, y la llevaron a la ciudad. Hab
í 
an despachado antes heraldos que al llegar ala ciudad pregonaban lo que se les hab
í 
a encargado, y dec
í 
an: “Oh atenienses!, recibid de buenavoluntad a Pis
í 
strato, a quien la misma Atenea restituye a su propia Acr
ó
polis, honr
á
ndole m
á
s que aning
ú
n hombre.” Esto iban gritando por todas partes; muy en breve se extendi
ó
por los demos la famade que Atenea restitu
í 
a a Pis
í 
strato; y los de la ciudad, convencidos de que aquella mujer era la diosamisma, le dirig
í 
an sus votos y recibieron y aceptaron a Pis
í 
strato.” (p. 34, LI, 60)
 EL ECLIPSE PREDICHO POR TALES
[...] Se origin
ó
entre lidios y medos una guerra que dur
ó
cinco a
ñ
os, en los cuales muchasveces los medos vencieron a los lidios, y muchas veces los lidios a los medos y hasta hubo una batallanocturna. Pues a los seis a
ñ
os de la guerra, que prosegu
í 
an con igual fortuna, se produjo un encuentro,y en medio de la batalla misma, de repente, el d
í 
a se les volvi
ó
noche. Tales de Mileto hab
í 
a predichoa los jonios que habr
í 
a tal mutaci
ó
n del d
í 
a, fijando su t
é
rmino en aquel mismo a
ñ
o en que el cambiosucedi
ó
. Entonces, lidios y medos, viendo el d
í 
a convertido en noche, no s
ó
lo dejaron la batalla, sinoque tanto los unos como los otros se apresuraron a hacer la paz. (p. 43, L1, 74)
 JURAMENTO DE LIDIOS Y MEDOS
[...] Estos pueblos hacen sus juras como los griegos, pero adem
á
s se hacen en los brazos unaligera incisi
ó
n y se lamen la sangre unos a otros. (p. 43, LI, 74)
TALES DESV 
 Í 
 A EL CURSO DE UN R
 Í 
O
Luego que lleg
ó
Creso al r
í 
o Halis, pas
ó
su ej
é
rcito por los puentes que, seg
ú
n mi opini
ó
n, all
í 
 mismo hab
í 
a; pero seg
ú
n la versi
ó
n general de los griegos fue Tales de Mileto quien lo hizo pasar.Pues se cuenta que, no sabiendo Creso c
ó
mo har
í 
a para que sus tropas atravesasen el r
í 
o (por noexistir en aquel tiempo esos puentes), Tales, que se hallaba en el campamento, hizo que el r
í 
o, quecorr
í 
a a mano izquierda del ej
é
rcito, corriese tambi
é
n a la derecha, y lo hizo de este modo: m
á
s arribadel campo hizo abrir un cauce profundo en forma de semic
í 
rculo, para que el r
í 
o, desviado de suantiguo curso, cogiese al campamento por la espalda, y volviendo a pasar frente al campamento, seechase en su antiguo cauce; as
í 
que se dividi
ó
el r
í 
o a toda prisa y quedaron ambas corrientesigualmente vadeables. Y aun hay quienes dicen que la antigua qued
ó
del todo seca; pero yo no loadmito, porque cuando marchaban de vuelta ¿c
ó
mo hubieran atravesado el r
í 
o? (p. 44, LI, 75)
COSTUMBRES DE LOS PERSAS
S
é
que los persas observan los siguientes usos: no acostumbran erigir estatuas, ni templos, nialtares y tienen por insensatos a los que lo hacen; porque, a mi juicio, no piensan como los griegosque los dioses tengan figura humana. Acostumbran hacer sacrificios a Zeus, llamando as
í 
a todo el
á
mbito del cielo; subidos a los montes m
á
s altos sacrifican tambi
é
n al sol, a la luna, a la tierra, al aguay a los vientos,
é
stos son los
ú
nicos dioses a los que sacrifican desde un comienzo; pero despu
é
s hanaprendido de los asirios y de los
á
rabes a sacrificar a Afrodita Urania; a Afrodita los asirios la llamanMilita, los
á
rabes Alilat y los persas Mitra.1
 
Sacrifican los persas a los dioses indicados del modo siguiente; no levantan altares niencienden fuego cuando se disponen a sacrificar, ni emplean libaciones, ni flautas, ni coronas, nigranos de cebada. Cuando alguien quiere sacrificar a cualquiera de estos dioses, conduce la res a unlugar puro, y llevando la tiara ce
ñ
ida las m
á
s veces con mirto, invoca al dios; no le est
á
permitido alque sacrifica implorar bienes en particular para s
í 
mismo; se ruega por la dicha de todos los persas ydel rey, porque en el n
ú
mero de los persas est
á
comprendido
é
l mismo. Despu
é
s de cortar la carne,hace un lecho de la hierba m
á
s suave, y especialmente de tr
é
bol, y pone sobre
é
l todas las carnes. Unavez que las ha colocado, un mago entona all
í 
una teogon
í 
a -tal, seg
ú
n dicen, es el canto- pues suusanza es no hacer sacrificios si no hay un mago. Despu
é
s de unos instantes, se lleva el sacrificante lacarne, y hace de ella lo que le agrada.Acostumbran a celebrar de preferencia a todos el d
í 
a del nacimiento. En ese d
í 
a creen justoservir una comida m
á
s abundante que en los otros; los ricos sirven un buey, un caballo, un camello yun asno enteros asados en el horno, y los pobres sirven reses menores. Usan pocos platos fuertes, peros
í 
muchos postres, y no juntos. Por eso dicen los persas que los griegos, cuando est
á
n comiendo selevantan con hambre, puesto que, despu
é
s de la comida nada se sirve que merezca la pena, pero si sesirviera no dejar
í 
an de comer. Son muy aficionados al vino. No est
á
permitido vomitar ni orinardelante de otro.
É
sas, pues, son las normas que observan. Acostumbran deliberar sobre los negociosm
á
s grandes cuando est
á
n borrachos. Lo que entonces les parece bien lo proponen al d
í 
a siguiente,cuando est
á
n sobrios, al amo de la casa en que est
á
n deliberando, y si lo acordado tambi
é
n les parecebien cuando sobrios, lo ponen en ejecuci
ó
n; y si no, lo desechan. Y lo que hubieran resuelto estandosobrios, lo deciden de nuevo hall
á
ndose borrachos.Cuando se encuentran dos por los caminos, puede conocerse si son de una misma clase los quese encuentran por esto: en lugar de saludarse de palabra, se besan en la boca; si el uno de ellos fuesede condici
ó
n algo inferior, se besan en la mejilla; pero si el uno fuese mucho menos noble, se postra yreferencia al otro. Estiman entre todos, despu
é
s de ellos mismos, a los que viven m
á
s cerca; ensegundo lugar, a los que siguen a
é
stos; y despu
é
s proporcionalmente a medida que se alejan, y tienenen el m
á
s bajo concepto a los que viven m
á
s lejos de ellos; creen ser ellos mismos, con mucho, loshombres m
á
s excelentes del mundo en todo sentido, y que los dem
á
s participan de virtud en laproporci
ó
n dicha, siendo los peores los que viven m
á
s lejos de ellos. Cuando dominaban los medos,unos pueblos mandaban a los otros; y los medos mandaban sobre todos y sobre los que viv
í 
an m
á
scerca;
é
stos a su vez sobre los lim
í 
trofes;
é
stos sobre sus vecinos inmediatos, en la misma proporci
ó
nque observan los persas; pues as
í 
cada pueblo a medida que se alejaba, depend
í 
a del uno y mandaba alotro.De todos los hombres los persas son los que m
á
s adoptaron las costumbres extranjeras. Enefecto, llevan el traje medo, teni
é
ndolo por m
á
s hermoso que el suyo, y para la guerra el peto egipcio;se entregan a toda clase de deleites que llegan a su noticia; y as
í 
de los griegos aprendieron a teneramores con muchachos. Cada cual toma muchas esposas leg
í 
timas y mantiene muchas m
á
sconcubinas.El m
é
rito de un persa, despu
é
s del valor militar, consiste en tener muchos hijos; y todos losa
ñ
os el rey env
í 
a regalos al que presenta m
á
s, porque consideran que la continuidad hace fuerza.Ense
ñ
an a sus hijos, desde los cinco hasta los veinte a
ñ
os, s
ó
lo tres cosas: montar a caballo, tirar alarco y decir la verdad. El ni
ñ
o no se presenta a la vista de su padre entes de tener cinco a
ñ
os, viveentre las mujeres de la casa; y esto se hace con la mira de que, si el ni
ñ
o muriese durante su crianza,ning
ú
n disgusto cause a su padre.Alabo, en verdad, esa costumbre, y alabo tambi
é
n, en verdad, esta otra: por una sola falta, ni elmismo rey impone la pena de muerte, ni otro alguno de los persas castiga a sus familiares con penairreparable por una sola falta, sino que, si despu
é
s de calcular halla que los delitos son m
á
s y mayoresque los servicios, cede a su c
ó
lera. Dicen que nadie hasta ahora ha dado muerte a su padre ni a su2
 
madre, y que cuantas veces sucedi
ó
tal cosa si se la hubiese investigado resultar
í 
a de toda necesidadque los hijos eran supuestos o adulterinos; porque, afirman, no es veros
í 
mil que los verdaderos padresmueran a manos de su propio hijo.Lo que entre ellos no es l
í 
cito hacer, tampoco es l
í 
cito decirlo. Tienen por la mayor infamia elmentir; y en segundo t
é
rmino, contraer deudas, por muchas razones, y principalmente porque dicenque necesariamente ha de ser mentiroso el que est
é
adeudado. El ciudadano que tuviese lepra oalbarazos, no se acerca a la ciudad ni tiene comunicaci
ó
n con los otros persas, y dicen que tiene esemal por haber pecado contra el sol. A todo extranjero que lo padece le echan del pa
í 
s, y tambi
é
n a laspalomas blancas, alegando el mismo motivo. En los r
í 
os ni orinan ni escupen, ni se lavan las manos enellos, ni permiten que nadie lo haga, antes los veneran en extremo.Otra cosa les acontece que se les ha escapado a los persas, pero no a m
í 
: los nombrescorresponden a las personas y sus nobles prendas, y terminan todos con una misma letra, que es la quelos dorios llaman
san
y los jonios
sigma
. Si lo averiguas, hallar
á
s que todos los nombres de los persasy no unos s
í 
y otros no, acaban de la misma manera. (p. 68-72, LI, 131-188)
COSTUMBRES DE LOS BABILONIOS
Las costumbres establecidas entre ellos son las siguientes y a mi parecer
é
sta (de la que seg
ú
noigo decir, usan tambi
é
n los
é
netos de Iliria) es la m
á
s sabia. En cada aldea, una vez al a
ñ
o, se hace losiguiente: reun
í 
an cada vez cuantas doncellas ten
í 
an edad para casarse y las conduc
í 
an a un sitio; entorno de ellas hab
í 
a una multitud de hombres en pie. Un pregonero las hac
í 
a levantar una tras una ylas iba vendiendo, empezando por la m
á
s hermosa de todas. Despu
é
s de venderse
é
sta por mucho oro,pregonaba a la que segu
í 
a en hermosura, y las vend
í 
an para esposas. De este modo los babiloniosricos que estaban por casarse, pujando unos con otros, adquir
í 
an las m
á
s lindas. Pero los plebeyos queestaban por casarse y para nada necesitaban una buena presencia, recib
í 
an dinero y las doncellas m
á
sfeas. Pues cuando el pregonero acababa de vender a las m
á
s hermosas hac
í 
a poner en pie a la m
á
s feao a una estropeada si alguna hab
í 
a, y pregonaba qui
é
n quer
í 
a casarse con ella recibiendo menosdinero, hasta adjudicarla al que la aceptaba con la menor suma. El dinero proven
í 
a de las hermosas yas
í 
las bellas colocaban a las feas y estropeadas. A nadie le era permitido colocar a su hija con quienquisiera, ni llevarse la doncella sin fiador aunque la hubiera comprado; hab
í 
a que dar fiadores de quese casar
í 
a con ella y as
í 
llev
á
rselas; si no se pon
í 
an de acuerdo, mandaba la ley devolver el dinero.Tambi
é
n estaba permitido comprar mujer a quien quisiera hacerlo aun viniendo de otra aldea. Tal erala mejor costumbre que ten
í 
an, pero ahora no subsiste. Recientemente han inventado otro uso, a fin deque no sufran perjuicio las doncellas, ni sean llevadas a otro pueblo. Como despu
é
s de la toma de laciudad muchas familias han sufrido desgracia y ruina, todo plebeyo falto de medios de vida prostituyea sus hijas.Sigue en sabidur
í 
a esta otra costumbre que tienen establecida. Sacan los enfermos a la plaza,3

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andrea_vt_95left a comment

que....!!???? esto no es corto yo busco algo como lo que decia pero esto es lo contrarioo y casi no se notaa nadaa !!