Semanario
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ACCION INFORMATIVA
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e Tacuarembó
Expediente de M.E.C. Nº 1937Chajá 7 - Barrio Pereira Fontes - Tel.: 24971. Tbó.accion.informativa.tbo@gmail.com
Director Comercial:
Miguel Olivera Prietto
Redactor Responsable:
Miguel Olivera Prietto
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Luis M. González - elteroazul@gmail.com
Impreso en:
PubliAcontecer - Artigas 194 - Durazno
Fundado el 6 de Octubre de 2004
Las notas
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rmadas son exclusiva responsabilidad de los autores.Miguel A. Olivera PriettoR.U.C. 160113610017BPS Nº 3130578
“ la otr a v oz de tacuar embó”
Nos fuimos por la5 y doblamos en la11 porque quería-mos ver gente de nuestrafamilia de paso, por eso lemetimos al pandita más de250 kilómetros de lo que eranecesario si hubiéramos idopor Melo y Treinta y Tres.El destino era la Barra delChuy.Así que se acerca la fechade entregar el semanario, yacá estamos con Ana en elChuy, lejos, lejos de tantosproblemas, pero con la cruzsiempre, es decir, no sinellos.Es difícil para quien ha vi-vido tantas experiencias devida, o para quien ha vividoen tantos lugares de nuestropaís, no revivir imágenes delpasado cuando se recorrenlugares que antaño visitabacon asiduidad. Es que esaszonas rurales de Canelonesy Montevideo las recorríaen una “brasilia” vendiendolibros, en épocas que viví enParque del Plata, o antes,cuando vivía en Montevideo,y salía de excursión a con-versar y venderle a la gente.Cuando cruzamos por la11 en el pandita, ya pasandoSan Jacinto, las chacrascultivadas familiarmenteaparecían una tras otra. Yme conmovió volver a ver,chacra tras chacra, gentetrabajando: hace muchotiempo que no veía un hom-bre agachado, en medio desu enorme quinta, arreglan-do sus propias plantas. Como también auna mujer (bella mujer), azada en mano,limpiando el caño que pasaba por debajode la entrada de su casa, en la canaletaal borde de la calle. Y gente subiendocajones a camioncitos humildes, en susquintas de acelgas y lechugas, entrelecheras, gallinas y cerdos.Recordé otras épocas, y manejandole comenté a Ana, como cuando andu-ve vendiendo libros en los alrededoresde Salto, en Colonia Garibaldi, ParadaHerrería, Colonia 18, es decir, en elcorazón del trabajo agrícola del lugar.Comentaba que para charlar con la mujero el hombre de la casa, debíamos pedirque detuvieran un poco sus labores declasi
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car tomates, o frutillas… o esperara que volvieran del fondo de la chacrapues estaban arreglando las cañeríasdel riego.Yo admiraba esa gente. Maravillosa,tremenda. Vender libros era una excu-sa para conocerlos, más allá de ser elsustento de mi familia en aquella época.Gente que sonreía al recibir gente, yque invitaba a almorzar, o compartir unasombra con un jugo fresco.Se me dio por pensar en otros pue-blos que conozco, ya que hablamosde la tierra, y nítidamente se me vinoColonia toda (Miguelete, Conchillas,Ombúes de Lavalle, Tarariras, ColoniaValdense, etc...), una parte de San José,una parte de Soriano… En todos esoslugares también vendiendo libros en laschacras, hablábamos horas con cadauno de los matrimonios que nos recibía,en tanto yo observaba sus manos gran-des, hoscas, fuertes, y sus rostros desonrisa amable, de saber lidiar con sushuertos, sus jardines, sus chanchos, suganado lechero… Jamás me olvidé deun comentario en Ombúes de Lavalle,cuando yo preguntaba preocupado porqué la gente tenía las puertas abiertas,si no tenían temor de que les robaran. Yuna mujer me contestaba que quién ibaa robar, si allí no había ladrones, que allíla gente trabajaba.No hace ni tantos años, quizás quince,no más, aunque he comprobado que enalgunos lugares las cosas no han cam-biado mucho, y la gente sigue siendo tanlaburadora y mansa como en aquellasépocas.Para mí, hombre muy viajero por mipaís, cada vez que veo un queso, untomate, una frutilla, o una acelga que séque viene del Mercado de Montevideo,me saltan a la memoria rostros de per-sonas con los que estuve conversando,que conocí en sus propios hogares, ysus hijos estudiantes, ayudando en laszafras. Sin idealizar, pero como otroslaburadores en otras áreas, es gente decostumbres y valores claros, precisos,construidos en el esfuerzo y la culturadel trabajo, agachando el lomo en latierra, transformando el terrón en viday alimento.Regresando a estos lares, surcandonuevamente los bordes de Canelones,viendo aquella mujer bonita azada enmano luchando por limpiar su canaleta,o un padre y sus hijos cargando un ca-mioncito de verduras, no podía dejar depensar en nuestro Tacuarembó.No sé por qué lo amamos así, pero Aname decía en tanto mirábamos tanta genteagachada trabajando la tierra, que enTacuarembó, a esa hora, muchos vecinosde patios grandes estarían tomando mateesperando una oportunidad laboral. Ynos fuimos en la conversación a la genteque espera tanto de los políticos en laselecciones, y suple su esfuerzo por laadulación para conseguir unas chapas ybloques para hacer algo para su casa. Yni que hablar del vecino que llama a losprogramas radiales reclamando por laIntendencia porque su canaleta está su-cia o tapada, y no entiende que tambiénpuede agarrar una azada. Usted quizáspiense que el clientelismo político no espatrimonio nuestro, claro, pero incidedemasiado, y denuncia característicasmuy saltadas en nosotros. ¿Está tan malTacuarembó? No lo sé, seguramente sonasuntos culturales.
EDITORIAL
Miguel A. OliveraPrietto
Nuestra cultura está construida de larelación del estanciero paternal y explo-tador, y del peón devenido a ciudadanosin empleo. Una vida de pueblo rodeadode estancias, esperando por la carne yla yerba para el mate, cuidando bienesajenos. De aquella vieja relación delque “yo soy amigazo de mi patrón”, dela antigua relación del “che y usté”, delque en el fondo no concuerdo pero queno puedo rebelarme ante él.Como el cuento de un abogado amigoque hablaba de un peón que había sidoechado de una estancia y no podía recu-perar sus pertenencias, sus vacas y sucaballo, y le fue a pedir que le recuperaratodo. El abogado le dijo que sí, que nohabía problemas, pero había que iniciarun juicio, a lo que el antiguo peón lecontestó: “ah no, juicio no, ¡mire si voya quedar mal con el hombre!”, y se fue.Un caso diferente es Paysandú, que seconstruyó culturalmente sobre la base defamilias obreras (Azucarlito, Paycueros,Norteña, Paylana, Mármoles, etc…), ylos temas de discusión en sus casas yen sus trabajos eran sus salarios, sushoras extras, sus derechos, junto conlos comunes de todas las familias. Elsanducero es un pueblo hermoso, quizásde los mejores que conocí, con un altosentido de la familia, de la solidaridad ydel respeto al trabajo.Parecería que la cultura del trabajo ydel esfuerzo propio no es nuestro mayormérito, porque siempre esperamos algodel poderoso, del que tiene más. Sinembargo éste jamás a
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oja su cinturón,y nuestro pueblo de sueldos
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acos ycasas sin embellecer espera que algúndía el patrón sea más bueno, o le sobrelo su
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ciente como para que caiga algohacia nosotros.En el pandita, tan lejos, parecería queni metiendo un cambio en medio delcamino, podríamos hacer algo por tantoasunto sin resolver.
Ge n te d e a q u í y d e a llá
Por CleyEspinosa
En una ciudad de unossesenta o setenta mil habi-tantes como Tacuarembó,hay un diario, unos cuan-tos semanarios, un men-suario, seis radios comerciales, veinteradios comunitarias, in
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nitas radios quese escuchan por internet, dos canales detelevisión locales, decenas de canales detelevisión por cable, y satelitales. A estohay que sumar el hecho de que se espe-ran nuevas adjudicaciones de televisióndigital, y quizá también alguna otra radiocomercial.Además de esto, los ciudadanos tacua-remboenses tienen un servicio públicode correos, teléfonos
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jos, y teléfonoscelulares. Con estos últimos pueden lla-mar, o enviar mensajes de texto. Tienencorreos electrónicos, facebooks, twitter,y otras redes sociales.Con tantos canales de comunicación sehace muy difícil transmitir una informacióna la comunidad. Por ejemplo, si a uno sele pierde el perro, y desea ayuda socialpara encontrarlo, tendría que hacer unaconferencia de prensa.Ahora es tan grato saber que muchosamigos que querían tener su programade radio ahora lo tienen, pero me temoque nadie está escuchando.¿Alguien leerá este artículo?La mítica confusión de la Torre de Babelse debió al surgimiento de una multiplici-dad de códigos, demasiados y distintosidiomas. Actualmente el colapso se debea que la tecnología ha saturado nuestraexistencia de canales de comunicación.En el caso del mito bíblico la confusiónde idiomas surgió como solución divina
De m a s ia d o s c a n a le s
para impedir que los humanos se hubie-ran agrupado en una única metrópolis, entorno a la eréctil demostración de poderque signi
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caba una torre que tocara elcielo. Un mito muy actual. Quizá si Diosconfundiera el idioma de los tacuarem-boenses, alguno se iría para campaña.Ahora, ¿qué sucederá con este nuevofenómeno? Tipos como yo seguirán le-yendo prensa escrita, esperarán cartas,y jamás ingresarán a ese mundo de redesvirtuales, salvo un uso muy elemental delcorreo electrónico. ¿A dónde deberé irmea vivir? No tendré jamás diálogo algunocon esta gente que se manda fotografías.Quizá los hombres y mujeres tipográ
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cosiremos recluyéndonos en localidadescomo San Gregorio de Polanco, o VillaAnsina, y allí tendremos una sola radio,un canal local con un segmento de noti-cias internacionales, muchos libros, y unao
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cina de correos.Por lo pronto, en nuestro actual estadode cosas, creo en la publicidad estática,en los carteles bien ubicados en loscruces de caminos*, creo también en losaltoparlantes, en los a
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ches, y en todaaquella forma de comunicación no virtual,porque es la única que puede ser recibidapor las masas.Quizá este artículo debería ser publica-do en un medio de prensa escrita mural,como aquellas revistas que pegabanlos vanguardistas en las paredes de lasciudades.
* Actualmente comienzan a verse muchachos sosteniendo carteles en los cruces de semáforos inevitables para el tránsito vehicular. Una forma de publici- dad que tiene más de un siglo.