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Idiosincracia - Justificación del odio y la discriminación

Idiosincracia - Justificación del odio y la discriminación

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04/28/2012

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Idiosincracia: ¿Justificación del odio y la discriminación?El señor Eduardo Jiménez en su articulo “¿los instintos o la razón?” (La Nación,21/11/08/), acierta cuando señala que los argumentos científicos en sí mismos noson criterio suficiente para tomar decisiones de interés público, ya que, como es bien sabido, estos argumentos necesitan tener el respaldo de un sistema decreencias que va más allá de la ciencia, y que no es, necesariamente, racional, esdecir, se necesita que la gente crea en ellos y los incorpore a su ‘sentido común’. No obstante, me gustaría recordarle que tampoco los argumentos religiosos ni“nuestra idiosincracia”- a la que él recurre- son argumentos válidos para el odio, laignorancia, y la discriminación. De aquí la importancia de los argumentoscientíficos en aras de combatir los prejuicios y la intolerancia, que no por ser partede la idiosincracia son justificables, y mucho menos deseables, aunque sí,explicables…Defender la libertad al aborto, al matrimonio civil entre personas del mismo sexo,al uso de las píldoras anticonceptivas de emergencia, no conduce, ni promueve – como dice este señor – ‘al caos legal regulado por los instintos’, al contario, es unalucha social que busca vencer un sistema de creencias que hace pasar lairracionalidad y la discriminación como valores deseables. Estos principios sí queconducen al caos legal al que tanto le teme don Eduardo.La lucha por la libertad no es justificar cualquier cosa, y mucho menos, promover un relativismo moral radical, sino buscar construir una sociedad más inclusiva yrespetuosa de la diversidad de creencias.Así pues, defender el derecho al aborto –por ejemplo – no es defender,necesariamente, el aborto como un valor moral universalizable ni deseable. De loque se trata es de abordarlo como una realidad concreta, que ocurreindependientemente de mi posición moral al respecto, es decir, de la que no seescapa con sólo condenarla. Y no sólo es una realidad concreta, sino que tieneconsecuencias muy graves: las pésimas condiciones de las clínicas producto de laclandestinidad y la ilegalidad de las mismas, trae como resultado la muerte demillones de mujeres en todo el mundo; mujeres de todos lo credos, aún lascatólicas apostólicas romanas, son víctimas de la invicibilización del aborto. Yome pregunto: ¿Es moral estar al tanto de estas realidades y no hacer nada alrespecto? ¿Basta sancionarlo como ‘malo’ para solucionarlo?
 
La libertad aquí no consiste solamente en defender el derecho individual/privadocomo quiere hacer ver este señor, sino que va más allá, el verdadero interés enentablar un debate al respecto consiste en señalar las graves consecuencias socialesque trae consigo la ilegalidad del aborto, es decir, es un tema de interés común, esahí donde se juega la verdadera libertad. Una legalización del aborto bien aplicadaes más consecuente con el bien común, ya que permitiría regular las clínicas en lasque se realiza la intervención. También se podrían establecer cuáles son lascondiciones óptimas para practicarlo, y así crear una regulación al respecto, a la luzde los descubrimientos científicos, tanto de la biología, de la psicología, como dela medicina. Ahora bien, y más importante aún, esta legalización debe estar acompañada de un verdadero plan educativo que enseñe los peligros yconsecuencias del aborto, así como una seria educación sexual que busqueminimizar los embarazos no deseados. Búsqueda racional que debería formar parteintegral de nuestro sistema de creencias más arraigado, de la mano de la ciencia yel debate social serio.Tenemos aquí la concordancia entre los motivos y los argumentos que reclama elseñor Jiménez, al menos en este caso, tenemos un motivo de peso: la espantosamuerte de millones de mujeres que necesita ser resuelta, además de la terroríficaignorancia en la que nos tiene sumidos el dogmatismo religioso en relación a esta práctica común. Los argumentos salen aún sin que los busquemos mucho, son tancontundentes que no hace falta tener tres dedos de frente para poder verlos. Losmismos principios podríamos aplicar para justificar el uso responsable delanticonceptivo de emergencia.En el caso de la legalización del matrimonio civil entre personas del mismo sexo,es menos obvio el argumento del bien común, al menos en comparación al temaanterior; sin embargo, aquí estamos hablando de los derechos de una minoría con preferencia sexual diferente – ni mejor, ni peor – de la dominante. Es simplementeuna opción más dentro del menú sexual, y es tan natural como la heterosexual; noobstante minoritaria. La diversidad es propia de la especie humana, en el sentidoque nos la hemos dado como especie, ya que si hay algo natural en nosotros, eso escrear cultura. Por otro lado satisface un impulso sexual si se quiere instintivo, por lo que es doblemente natural. El impulso sexual por un lado del que la vive y laopción que nos hemos dado como cultura por el otro.Para las personas, cualquiera sea su preferencia sexual, la libertad de ser lo quequieren ser porque así lo sienten es condición necesaria para su realización, alcontrario de lo que sostiene el señor Jiménez con odio y mala fe, cuando afirmaque: ‘El homosexualismo es un sinsentido porque aleja al ser (hombre o mujer) de

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