lucrativa. ¿Y si fuese una reliquia encargada y fabricada como
instrumentum regni,
para dar un prestigio blasfemo a una familia ilustre?Son preguntas que ahora vuelven a surgir como una pesadilla,incluso después de estas sospechosas pruebas con el radiocarbono.Preguntas que estos días me han preocupado a mí y a tantos otros créduloscomo yo. Confieso que al principio recordé las palabras de Riccardo da SanVittore: «Señor, si el nuestro ha sido un error, ¿no has sido tú quien nos haengañado?» ¿Tú, que en los últimos noventa años has permitido que unacantidad impresionante de indicios «científicos» se acumularan sobreaquella tela, haciendo cada vez más plausible la creencia y llevándonos caside modo inevitable a caer en el error? Si cada vez resulta más difícil creer,¿por qué esta trampa, más insidiosa si cabe con las ciencias modernas?Apunta un grito no muy diferente al que lanzó un atormentado Pablo VI enlos funerales por Aldo Moro: «¿Por qué, Señor?»Pero ¿hemos de pedir cuentas a Cristo o a nosotros mismos? Una vezmás, «desventurados»
(maledecti,
según la palabra bíblica) por «haberconfiado en el hombre», en sus ciencias, en las investigaciones que nosengañaban hasta que ellas mismas nos han desengañado. La honestidad y larealidad nos imponen reflexionar muy seriamente sobre todo lo ocurrido. Apesar de la ostentosa y despreocupada serenidad eclesiástica, el escándaloafecta y afectará a muchos, especialmente a aquellos pocos a los que el
Evangelio concede privilegios. Encogerse de hombros como si no pasaranada implicaría no querer recoger la «lección» o «advertencia» que(¿podría ser de otro modo?) Alguien ha querido darnos.
44. La Sábana Santa/2
Uno de los obispos más prestigiosos declara a un diario
liberal
yanticlerical en relación a los análisis sobre la Sábana Santa: «Los religiosos
nos alegramos de los resultados aportados por la ciencia, a la quereconocemos el mérito de haber aclarado y purificado el asunto.» El
«custodio» del Lienzo, el cardenal arzobispo de Turín, acepta«serenamente» los resultados de esa misma ciencia y, haciendo a propósitode ello algún chiste que a él le parece ingenioso, también confirma«serenamente» la devaluación de reliquia (la más importante de todas, sihubiese sido auténtica) a «icono» de oscuros orígenes pero, dice, igual devenerable.En cuanto a los pobres laicos como nosotros, tal vez un tantoingenuos pero no hasta el punto de arrodillarnos sin crítica ante la santaMadre Ciencia y su criatura, san Carbono 14, con sus locuaces sacerdotesoficiando en los templos de los laboratorios de datación radiológica de
Tucson, Oxford y Zurich, nos cuesta persuadirnos de que no exista ningún