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Las artes y las letras en la crisis de nuestro tiempo Ernesto Sábato

Las artes y las letras en la crisis de nuestro tiempo Ernesto Sábato

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05/27/2014

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LAS LETRAS Y LAS ARTES EN LA CRISIS DE NUESTROTIEMPO
ERNESTO SÁBATO
 Es imposible enjuiciar la literatura de nuestro tiempo si no se lo hace enrelación con la crisis general de la civilización, crisis que no es meramente lacrisis de un sistema económico sino el colapso de toda una concepción del hombre y de 1a realidad. Y la novelística actual está entrañablemente ligada aeste drama, tanto por ser un testimonio del hombre que lo está sufriendo como por ser una rebelión del escritor contra la sociedad que se derrumba. Ideas de N, Berdiaeff, Erich Kahler, Lewis Mumford (con algunas propias) mehan permitido elaborar el siguiente mapa. Mapa esquemático, sin duda. Pero losmapas son útiles precisamente por su esquematicidad.
/.
 LA COSIF1CACION DEL HOMBRE  En
la época en que estudié las ciencias físico-matemáticas me interesé particularmente lafigura enigmática de Leonardo, por parecerme que en ese genio se daba con curiosaambigüedad el desgarramiento del hombre que decide pasar de las tinieblas a la luz, del mundonocturnal de los sueños al universo de las ideas claras, de la metafísica a la física, Su dramame llevó a indagar los orígenes de la ciencia positiva en Italia, y así encontré que coincidíancon la aparición de la clase mercantil en las comunas: el dinero y la razón habían surgidocon la misma simultánea potencia, echando las bases de lo que con el tiempo sería estemundo cuantificado que se derrumba ahora ante nuestros ojos.Durante los os que viel mundo matemático pude llegar a sus s admirablesconstrucciones mentales: la teoría de la relatividad, la teoría de los cuantos; encontrando alfin que esas Construcciones eran tan admirables como abstractas, y completamente inútiles para la solución de las inquietudes existenciales más profundas. Y así comencé a ver que elhombre debía volver a ese de concretez que el arte daba de manera ejemplar. Es superfinoadvertir que no pretendía yo encontrar la clave del magno problema de nuestra época:sufría en carne propia la vivencia de ese mundo cosificado y abstracto producido por laciencia moderna y que tiene en esa misma ciencia su más alto, (pero también más pérfido) paradigma.Culminó este proceso personal por el tiempo en que me hallaba trabajando en elLaboratorio Curie. Al volver a la Argentina comencé a escribir una especie de balance demis experiencias rituales y lo publiqué en 1945 con el título de
Uno y el Universo;
libritoque ahora considero con tierna ironía, pues advierto cuánto todavía quedaba en mi concienciadel universo que estaba queriendo repudiar. Pero como las energías que se mueven por debajo de la conciencia son las más visionarias, al mismo tiempo escribía estos ensayos en buena parte equivocados, la auténtica rebelión comenzaba en una novela titulada
 La FuenteMuda.
Esa ficción quedó, sin embargo, inconclusa, y sólo publiqué algunos capítulos muchosaños más tarde; pero sus gérmenes iban a desarrollarse, en
 El Túnel 
y finalmente en
Sobre Héroes
y
Tumbas.
 No obstante, el embate de mis obsesiones interiores contra la conciencia prosiguió también en el plano más lúcido y adquirió más cabal expresión en
 Hombres y Engranajes.
En este ensayo intenté explicarme por primera vez el drama del hombre que sedebate en el universo abstracto, y el porqué del arte como rebelión y expresión. Era, vezs, un' intento de explicitarme yo mismo cuestiones que angustiaban; un intento de
 
investigar mi propia incursión en ¡encía y, por último, mí propia fuga o deserción hacia elcontinente (oscuro y dudoso) de la literatura novelística. Al releer ahora aquel libro, quedespués de la segunda edición me negué a reeditar por creerlo demasiado imperfecto,confirmo que conteníaalgo de
 
verdad y mucho de exageración; quizá por esa irremediable tendencia pasional queme lleva mucho más allá de lo que razonablemente debería hacer si me limitase a lasescuetas ideas puras. Ahora intento rescatar lo que en aquel ensayo había de justo, la ideacentral del arte contemporáneo como rebelión del hombre contra un universo abstracto.Despojándola de todo lo que allí era adventicio, es lo que ahora expongo en esta especie deesquema o mapa, sobre el cual luego haré una serie de variaciones.De la palabra
romanticismo
 pueden considerarse muchos significados, algunos hastacontradictorios. Pero en este ensayo le daremos su sentido primigenio, porque es el más profundo y el de mayor alcance. Su origen es la palabra
romance,
que designaba la novelaen que se enaltecía a los hidalgos arrollados por la civilización mercantil.Desde este punto de vista, el ''romanticismo” es la primera rebelión contra la mentalidadutilitaria de la razón, el dinero y la máquina; es el rechazo de una sociedad vulgar y sórdida;una especie de misticismo profano que defiende los derechos de la emoción, la fe, la fantasía.Así, desde sus mismos orígenes, la novela es la expresión por antonomasia del espírituromántico; y no es exagerado buscar en ella los fundamentos y la expresión más vital de estelevantamiento del hombre contemporáneo. Si el fenómeno no siempre resulta nítido es porque también la novelística llegó a presentarse con los atributos prestigiosos de lamentalidad combatida (Balzac, Zola), porque no se puede combatir contra un enemigo poderoso y pertinaz sin terminar de parecerse a él; hasta que el triunfo del nuevo espíritu permitió liberarse de ese caballo de Troya, para dar por fin el gran testimonio de lacondición humana en la crisis final de la civilización tecnolátrica. Motivo por el cual, y alrevés de lo que piensan algunos ensayistas y filósofos, no sólo la novela del siglo XX noestá en decadencia sino que representa la época más fértil, compleja, profunda y trascen-dente de la novelística entera.El Renacimiento produjo tres paradojas: fue un movimiento individualista que condujo ala masificación: fue un movimiento naturalista que terminó en la máquina: y, en fin, fue unhumanismo que desembocó en la deshumanización.Y ese proceso fue promovido por dos potencias dinámicas y amorales: el
dinero
y la
razón.
Con su ayuda, el hombre conquistó el poder secular, pero (y ahí está la raíz de esa triple paradoja) la conquista se hizo a costa de la
abstracción:
desde la palanca hasta el logaritmo,desde el lingote de oro hasta el clearing, la historia del creciente dominio sobre el universoha sido la historia de sucesivas y cada vez más vastas abstracciones. La economía modernay la ciencia positiva son las dos caras de una misma realidad desposeída de atributosconcretos, de una fantasmagoría matemática de la que también, y esto es lo más terrible,forma parte el hombre; pero no el hombre concreto sino el hombre-masa, ese extraño ser queaún mantiene su aspecto humano pero que en rigor es el engranaje de una gigantescamaquinaria anónima.Este es el final contradictorio de aquel semidiós que proclamó su individualidad en losalbores del Renacimiento, de aquel ser que se lanzó a la conquista de las cosas: ignorabaque él mismo sería convertido en cosa.Penetrantes espíritus como Dostoievsky, Kierkegaard y Nietzsche intuyeron que algotrágico se estaba gestando en medio del optimismo universal, pero la Gran Maquinaria eraya demasiado poderosa para que pudiera ser detenida. Hasta que en nuestros días ya el
 
mismo hombre de la calle siente que vive en un mundo incomprensible, cuyos objetivosdesconoce y cuyos Amos, invisibles y crueles, lo manejan. Mejor que nadie. Franz Kafkaexpresó este desconcierto y este desamparo del hombre contemporáneo en un universo duroy enigrnático. No es mi propósito examinar las causas que produjeron hacia el siglo xii el despertar delhombre medieval. Lo que aquí me interesa es señalar cómo ese despertar a un mundoexterno dominado por el dinero y la razón llevaría hasta esta realidad abstracta de nuestrotiempo. La primera Cruzada, la Cruzada por antonomasia, fue la obra de la fe cristiana ydel espíritu aventurero de un mundo caballeresco, un hecho romántico ajeno a la idea delucro. Pero la historia es tortuosa y era el destino de este ejército señorial servir casiexclusivamente al resurgimiento mercantil de Europa: no se conservaron ni el SantoSepulcro ni Constantinopla, pero se reabrieron las rutas comerciales con el Oriente, se promovió el lujo y la riqueza, se crearon las condiciones para el ocio y la meditación profana. Así comenzó el poderío de las comunas italianas y de la nueva clase. Durante lossiglos XII y XIII esa clase triunfa por todos lados. Sus luchas y su ascenso provocarontransformaciones de tan largo alcance que todavía hoy sufrimos sus últimas consecuencias.Ya que nuestra crisis es la reducción al absurdo de la irrupción de aquella mentalidadmercantil.Al despertar del largo ensueño medieval, el hombre redescubre el mundo externo: suconcepto de la realidad va a cambiar radicalmente. Los artistas redescubren el paisaje y elcuerpo del hombre, y en el redescubrimiento del desnudo influyen por igual el nuevoespíritu naturalista y el sentimiento igualitario de la nueva clase; porque el desnudo, comola muerte, es democrático.La primera actitud del hombre hacia la naturaleza es de candoroso amor, tal como en SanFrancisco. Pero observa Max Scheler que amar y dominar son dos actitudes concomitantes,y a ese amor desinteresado y panteísta sigue muy pronto el deseo de dominación quecaracterizará al hombre moderno. De este deseo nace la ciencia positiva, que ya no es meroconocimiento contemplativo sino el instrumento que la nueva y utilitaria clase crea para ladominación del mundo. Actitud arrogante que termina con la hegemonía teológica, libera ala filosofía y enfrenta a la ciencia con el libro sagrado.El hombre secularizado — 
animal instrumenticum— 
lanza finalmente la máquina contra lanaturaleza, para conquistarla. Pero la máquina terminará dominando a su creador.El fundamento del mundo feudal era la tierra, y eso corresponde a una sociedad estática yconservadora. El fundamento del mundo moderno es la ciudad, que caracteriza a unasociedad dinámica y liberal, porque la ciudad está regida por el dinero y la razón, fuerzasmóviles e inquietas por excelencia.Y así como el mundo feudal era cualitativo, éste es cuantitativo. Allá el tiempo no semedía, se vivía en términos de eternidad y en el transcurso natural del despertar y eldescanso, del apetito y el comer, del amor y el crecimiento de los hijos: el pulso de laeternidad. Tampoco se medía el espacio, y las dimensiones de los iconos eran expresión de jerarquía, no de distancia ni de perspectiva.Pero cuando irrumpe la mentalidad utilitaria, todo se cuantifica. En una sociedad en que eltranscurso del tiempo multiplica los ducados, en que "el tiempo es oro", es inevitable quese lo mida, y que se lo mida cuidadosamente: desde el siglo XIV los relojes mecánicosinvaden Europa y el tiempo empieza a convertirse en una entidad abstracta y objetiva,numéricamente divisible. Y habrá que llegar hasta la novela actual para que el viejo tiempoexistencial sea recuperado por el hombre.

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