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estetica e infamia delgao y feixa

estetica e infamia delgao y feixa

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05/27/2013

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original

 
F
EIXA
, C.; C
OSTA
, C.; P
ALLARÉS
, J.,
EDS
.,
OVIMIENTOS JUVENILES EN LA
ENÍNSULA
 I 
BÉRICA
. G 
RAFFITIS 
 ,
GRIFOTAS 
 ,
OKUPAS 
, A
RIEL
, B
ARCELONA
, 2002.
ESTÉTICA E INFAMIADe la lógica de la distinción a la del estigma en los marcajesculturales de los jóvenes urbanos
 M
 ANUEL
D
ELGADO
 
U
NIVERSITAT DE
B
 ARCELONA
 I
NSTITUT
C
 ATALÀ D
´A
NTROPOLOGIA
 1. I
DENTIDADES
 A
PARENTES
 Un buen número de lo que –evocando la famosa novela de Ghoete–podríamos llamar
afinidades electivas 
podrían ser explicadas, hoy, a partir de unadoble tarea. Por una lado expresan una volundad de resistir a una tendenciaexcesiva a algo de lo que se habla mucho últimamente: la globalización, unproceso de homogeneización cultural que rasa las diferencias y las somete aparámetros de incidencia mundial. Pero no es menos cierto que esas nuevasadhesiones voluntarias también se oponen a una inclinación no menos poderosahacia la más insoportable heterogeneización. Es probablemente cierto, en esesentido, lo que se repite acerca de cómo se sufre el debilitamiento de los grandesreferentes morales, políticos, religiosos y familiares, cada vez más desacreditadosy cada vez más incapaces de otorgar significado a una vivencia crónicamentedesorientada del mundo. Es en relación a este cuadro que las adscripcionesvoluntarias –del tipo que sea– parecen constituirse en mecanismos de enlaceentre sujetos psicofísicos en pos de una dimensión comunitaria percibida comoinsuficiente. Dan satisfacción a una necesidad de pertenencia colectiva, perotambién parecen en condiciones de propiciar una organización coherente delpropio yo. Podríamos hablar, en cierta manera, de que muchas adscripcionespersonales que se producen al margen de las instituciones primarias de lasociedad expresan algo que podríamos llamar
complexofobia 
, síndrome de miedoa inseguridades de toto tipo que ya no pueden ser aliviadas con el paraguasprotector de la religión o de las grandes ideologías, y que se traducen en labúsqueda con frecuencia ansiosa de una simplicidad vital que la familia no puedeofrecer, a pesar de que fue esta instancia la que recibiera un día del mundomoderno la misión de propiciarla.Entre las capas más jóvenes de la sociedad, estas estrategias adaptativasal servicio de la articulación sociopsicológica de los individuos se concreta en loque Frank M. Thrasher designó en 1927, desde la Escuela de Chicago,
sociedades intersticiales 
, concepto aplicado entonces sobre todo a las pandillas juveniles que
 
proliferaraban en las grandes ciudades norteamericanas.
1
La noción deintersticialidad remite a lo que sucede en las zonas al mismo tiempo topográficas,económicas, sociales y morales que se abren al fracturarse la organización social,fisuras en el tejido social que son inmediatamente ocupadas por todo tipo denáufragos, por así decirlo, que buscan protección de la intemperie estructural aque la vida urbana les condena. Desde entonces, las culturas menores que podíanregistrarse subdiviendo el nuevo continente juvenil –el nivel de autonomía del cualno ha dejado desde entonces de aumentar– ha sido una y otra vez objeto deconocimiento por parte de la sociología y la antropología urbanas, sobre todo paraponer de manifiesto cómo estas agrupaciones expresaban en términos morales yresolvían en el plano simbólico tránsitos entre esferas incompatibles ocontradictorias de la sociedad global en que se insertan, como, por ejemplo,obligaciones laborales o escolares/ocio, trabajo/paro, aspiracionessociales/recursos reales, familia/inestabilidad emocional, etc.
 
Este tipo de culturas o cuasiculturas juveniles
2
de nuevo cuño no selimitaba a reproduir los esquemas organizativos ni las funciones iniciáticas o desocialización de los grupos de edad registrados en otras sociedades o épocas. Setrataba más bien de auténticas nuevas formas de etnicidad, ya no basadas comohasta ahora en vínculos religiosos, idiomáticos, territoriales o histórico–tradicionales, sino mucho más en parámetros estéticos y escenográficoscompartidos, en redes comunicacionales en común y en la apropiación del tiempoy del espacio por medio de un conjunto de estrategias de ritualización permanenteo eventualmente activadas.
3
Cada una de estas microculturas juveniles secorresponde entonces con una
sociedad 
, es cierto, pero a una sociedad en que lacolectividad humana que las constituye ya ha renunciado a otra forma delegitimización, arbitraje e integración que no sea –fuera de algún que otroingrediente ideológico difuminado– la exhibición pública de elementos puramenteestilísticos: vestimenta, dialecto, alteraciones corporales, peinado, gestualidad,formas de entretenimiento, pautas alimentarias, gustos... He aquí un caso en quesería del todo pertinente hablar de auténticas
asociaciones de consumidores 
, en lamedida en que los individuos que asumen tales formas de hacer pretenderíanfundar su vínculo a partir no de sus condiciones reales de existencia, ni de susintereses prácticos, sino de inclinaciones personales que sólo pueden versesatisfechas
en 
y
a través de 
el mercado. Lo que asegura en estos casos lasolidaridad entre los miembros de esta sociedad y regula sus interacciones
1
Cf. F. T
HRASHER 
,
The Gang. A Study of 1313 Gangs of Chicago 
, Chicago University Press, Chicago, 1967(edición resumida del original de 1927).
2
Entiendo aquí por
cultura 
el conjunto dinámico de
maneras de hacer, de pensar 
y
de decir 
propias de ungrupo humano en unas coordenadas de tiempo-espacio determinadas, es decir el conglomerado de estilossociales que los miembros de un grupo aprenden o podrían aprender. Partiendo de la premisa de que unasociedad es un agregado congruente de relaciones humanas, la cultura seria el contenido de estas relaciones,la forma que adopta la situación social. Si hablo de
culturas juveniles 
es para referirme a maneras de hacerespecíficas –pero no por fuerza exclusivas– de los jóvenes. He optado en algún momento por hablar de
microculturas 
en el sentido de «flujo de significados y valores manejados por pequeños grupos de jóvenes enla vida cotidiana, atendiendo a situaciones locales concretas» (C. F
EIXA
,
De jóvenes, bandas y tribus 
, Ariel,Barcelona, 1999, p. 270). Se ha descartado el recurso a la noción –frecuentada en estos temas– de
subcultura 
, básicamente porque, como se verá, no se da por bueno él supuesto que imagine las culturas juveniles manteniendo con la o las culturas hegemónicas una relación de subordinación.
3
A estas últimas les corresponderían, como ejemplos, los movimientos de fans, las adscripciones políticas ociviles y las asociaciones basadas en aficiones deportivas.
 
externas e internas son unas puestas en escena el marco predilecto de las cualeses el espacio público que colonizan, ya sea apropiándose de alguno de suslugares, ya sea creando sus propios itinerarios en red para atravesarlo. En unapalabra, estamos ante grupos humanos integrados el criterio de reconocimientointersubjetivo de los cuales no se funda en un concierto entre consciencias, sinoentre experiencias, y en el seno de los que la codificación de las aparienciasparece jugar un papel central.
Cultura 
en este caso se utilizaría no tanto parahacer referencia a una manera coherente de
vivir 
, como para designar una formano menos coherente de
parecer 
.Las microculturas juveniles serían de este modo un lugar de privilegiodonde comprobar cómo las clases pobres y aún más las medias están encontrandoen el sistema de consumo una forma de salvar su condición intersticial y redimiren el plano simbólico sus incertidumbres y, por supuesto, sus fracasos en el planode la lucha por la promoción social y por el disfrute de un mundo todo él hecho deobjetos codiciables. Inmersos en una lógica racional cuyos efectos seríaneminentemente simbólicos, los objetos de consumo devienen fuentes repertorialespara la construcción social de la identidad, la puesta en escena del
self 
, el
atrezzo 
 básico con que construir el personaje de que cada cual se inviste en susinteracciones. He ahí, entre los jóvenes «con estilo propio», la apoteosis concretade las tesis –Pierre Bourdieu, Mary Douglas, Baron Isherwood, David Miller, Arjun Appadurai...– según las cuales el bien de consumo propiciaría una coherenciahecha de unidades de gusto, a partir de la cual se pueden distribuir y autoaplicaridentificaciones.
4
Es cierto que hoy la racionalidad de las relaciones sociales seorganiza a partir de mecanismos de distinción simbólica, entre los cuales laposesión de bienes de consumo ocupa un lugar prominente. Necesidaddramatúrgica, imperativo absoluto de estar ante todo «presentable», puesta encódigo de la superficialidad que ejecuta el axioma
ser es ser percibido 
. Eso es el«estilo», una herramienta de sociabilidad cuya génesis trazara en un ensayofundamental Stuart Ewen y que «no era sólo cuestión de estética; era además unaadquisición funcional de la vida metropolitana».
5
 El consumo juega, en efecto –y no sólo entre los jóvenes, aunque en ellosde manera en especial elocuente–, un papel estratégico en orden a establecernuevas formas de ritualización o, lo que es igual, de vínculos comunicacionalessusceptibles de organizar significativamente la experiencia del mundo, de maneraque los individuos autodiseñan sus identidades no a partir de esencias culturales,a la manera de las viejas etnicidades, sino a partir de lo que compran parasatisfacer deseos y necesidades que están directamente al servicio de tareas deinclusión y aceptación sociales. Doble lógica del consumo, por tanto: lógica decomunicación, vinculada inseparablemente al valor signo que presentan losobjetos y que adoptan del código en que se inscriben, y lógica de la
4
Cf. P. B
OURDIEU
.
La distinción. Criterios y bases sociales del gusto 
, Taurus, Madrid, 1988; A. A
PPADURAI
, ed.
La lógica social de las cosas 
, Grijalbo, México DF., 1991; D. M
ILLER 
,
Material Culture and Mass Consumption 
,Basil Blackwell, Oxford, 1987; M. D
OUGLAS
y B. I
SHERWOOD
.
El mundo de los bienes 
, Grijalbo-CNCA, México DF.,1990, y M. D
OUGLAS
,
Estilos de pensar 
, Gedisa, Barcelona, 1998. Una valiosa aplicación empírica de este tipode enfoques, en particular los deudores de las tesis de Bourdieu, lo tenemos en R.
 
M
 ARTÍNEZ
S
 ANMARTÍ
y J. D.P
ÉREZ
S
OLA
,
El gust juvenil en joc. Distribució social del gust específicament juvenil entre els estudiants de secundària de Terrassa 
, Diputació de Barcelona, Barcelona, 1997.
5
S. E
WEN
,
Todas las imágenes del consumismo. La política del estilo en la época contemporánea 
, Grijalbo,México DF., 1991, p. 97.

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