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Diccionario de Dificultades de la Lengua Española - Manuel Seco

Diccionario de Dificultades de la Lengua Española - Manuel Seco

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Cuando en 1961 apareció la primera edición de esta obra, el gramático Salvador Fernández Ramírez escribía en el prólogo: "Desde hace algunos decenios hemos asistido en España a un extraño enfriamiento del interés por los problemas normativos de la lengua". La situación ha cambiado mucho, y ahora no pasa un mes sin que aparezca algún nuevo "libro de estilo", "manual de español correcto"… No se trata sólo de un prurito de autores o editores: repetidos éxitos de ventas, como el del Libro de estilo de este mismo periódico, indican que hay una clara demanda de orientación en el uso de la lengua. Pues bien: estamos, en ese difícil género, ante un joven clásico.

El Diccionario de dudas de Manuel Seco ha sido la herramienta de consulta por excelencia del español moderno. Sus repetidas reimpresiones dan fe de su utilidad, y esta edición renovada va a seguir estando en un puesto privilegiado en cualquier biblioteca de consulta. Respecto a la edición anterior, se han agrupado consultas antes dispersas en un solo cuerpo de diccionario, se han ampliado numerosas entradas y se han añadido temas actuales (por ejemplo, el uso de nombres propios en otras lenguas del estado).
Las intervenciones normativas son delicadas, porque en temas lingüísticos los acuerdos se toman por sufragio universal, y una postura únicamente autoritaria no sirve de nada. Además, hay que saber lograr un equilibrio entre las tendencias naturales de la lengua y las fuerzas externas que actúan sobre ella. Y por último, hay que poder transmitir bien las razones que hay detrás de cada decisión, para que el lector tenga no sólo una solución, sino también una orientación. En todo ello Seco es un maestro.
La persona que tiene dudas sobre el español no está sobrada de ayudas: la Academia le puede dar un apoyo léxico, también empiezan a existir buenos diccionarios de uso modernos. Pero hay temas como el régimen preposicional (¿se dice habilitar con, de o para?), la puntuación, la conjugación de determinados verbos, problemas de construcción (como el uso del no en las comparaciones), los matices semánticos (diferencias entre raptar y secuestrar), las posibles confusiones (atajo y hatajo), las dudas en nombres propios (¿cómo pronunciar Mogadiscio, cómo se llaman los nativos de Laos?), los tecnicismos (¿se debe usar computerizar?), y muchos otros que sólo una obra como ésta puede reunir.

Manuel Seco tiene la autoridad de su largo ejercicio profesional, no vacila en enmendar la plana a la misma Academia (de la que forma parte), si cree que tiene razones para ello; posee un sano criterio; se expresa siempre con sencillez, y muchas veces con humor (véase severo, o raptar). En suma: no es de extrañar que este diccionario siga siendo la mejor obra de consulta con la que cuenta nuestra lengua. Y un ruego: dado que la mayor parte del trabajo lingüístico se realiza hoy en ordenador, ¿para cuándo una edición electrónica de esta obra, que permita trasladar a la pantalla instantáneamente su buen juicio y su excelente guía?
Cuando en 1961 apareció la primera edición de esta obra, el gramático Salvador Fernández Ramírez escribía en el prólogo: "Desde hace algunos decenios hemos asistido en España a un extraño enfriamiento del interés por los problemas normativos de la lengua". La situación ha cambiado mucho, y ahora no pasa un mes sin que aparezca algún nuevo "libro de estilo", "manual de español correcto"… No se trata sólo de un prurito de autores o editores: repetidos éxitos de ventas, como el del Libro de estilo de este mismo periódico, indican que hay una clara demanda de orientación en el uso de la lengua. Pues bien: estamos, en ese difícil género, ante un joven clásico.

El Diccionario de dudas de Manuel Seco ha sido la herramienta de consulta por excelencia del español moderno. Sus repetidas reimpresiones dan fe de su utilidad, y esta edición renovada va a seguir estando en un puesto privilegiado en cualquier biblioteca de consulta. Respecto a la edición anterior, se han agrupado consultas antes dispersas en un solo cuerpo de diccionario, se han ampliado numerosas entradas y se han añadido temas actuales (por ejemplo, el uso de nombres propios en otras lenguas del estado).
Las intervenciones normativas son delicadas, porque en temas lingüísticos los acuerdos se toman por sufragio universal, y una postura únicamente autoritaria no sirve de nada. Además, hay que saber lograr un equilibrio entre las tendencias naturales de la lengua y las fuerzas externas que actúan sobre ella. Y por último, hay que poder transmitir bien las razones que hay detrás de cada decisión, para que el lector tenga no sólo una solución, sino también una orientación. En todo ello Seco es un maestro.
La persona que tiene dudas sobre el español no está sobrada de ayudas: la Academia le puede dar un apoyo léxico, también empiezan a existir buenos diccionarios de uso modernos. Pero hay temas como el régimen preposicional (¿se dice habilitar con, de o para?), la puntuación, la conjugación de determinados verbos, problemas de construcción (como el uso del no en las comparaciones), los matices semánticos (diferencias entre raptar y secuestrar), las posibles confusiones (atajo y hatajo), las dudas en nombres propios (¿cómo pronunciar Mogadiscio, cómo se llaman los nativos de Laos?), los tecnicismos (¿se debe usar computerizar?), y muchos otros que sólo una obra como ésta puede reunir.

Manuel Seco tiene la autoridad de su largo ejercicio profesional, no vacila en enmendar la plana a la misma Academia (de la que forma parte), si cree que tiene razones para ello; posee un sano criterio; se expresa siempre con sencillez, y muchas veces con humor (véase severo, o raptar). En suma: no es de extrañar que este diccionario siga siendo la mejor obra de consulta con la que cuenta nuestra lengua. Y un ruego: dado que la mayor parte del trabajo lingüístico se realiza hoy en ordenador, ¿para cuándo una edición electrónica de esta obra, que permita trasladar a la pantalla instantáneamente su buen juicio y su excelente guía?

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Published by: R. Giskard Reventlov on Feb 08, 2011
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01/19/2014

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10ª Edición
 
ABREVIATURAS Y SIGNOSEMPLEADOS EN ESTE DICCIONARIO
adj
adjetivo.
adv
adverbio.
ant
anticuado
o
antiguo.
apoc
apocopado.
cf.
confer 
(compárese,
con-fróntese).cit
citado por o citado en.
comp
compuesto.
ed
edición.
f.
femenino.
fr
francés.
frec
frecuente(mente).
fut
futuro.
ger.
gerundio.
ibíd
ibídem
(en el mismo lu-
gar).
imperat
imperativo.
impers
impersonal.
impf.
imperfecto.
ind
indicativo.
indef.
indefinido.
inf 
infinitivo.
ing
inglés.
m
masculino.
n
/?¿>to.
part
participio.
pers
persona.
pf 
perfecto.
pl
plural.
port
portugués.
pot
potencial.
ppf.
pluscuamperfecto.
pres
presente.
pret
pretérito.
sing
singular.
subj
subjuntivo.
supl
suplemento.
s. v
5«¿> voc<?
(en el artículo).
trad
traducción de.
11
>
§
significa
véase.
encierra la transcripción fonológica de una letra o una palabra:
WV/A;
/bibír/.
encierra el significado de una palabra o de una frase:
laborar,
'trabajar'; orepresenta unas comillas dentro de un texto que ya va entre comillas.entre dos palabras, significa que la segunda viene de la
primera:
latín
amave-
ram
> español
amara.
entre dos palabras, significa que la primera viene de la segunda: español
amara <
latín
amaveram.
párrafo o parágrafo.supresión de una o más palabras en un texto citado, para abreviar la cita.ADVERTENCIAS1. Los artículos que van encabezados por un lema en negrita minúscula (porejemplo, acaso) estudian una palabra concreta. Los que se encabezan en negritamayúscula (por ejemplo, FEMENINO) estudian un tema general.2. Los títulos de libros y periódicos que se citan abreviadamente en los ejem-plos están todos desarrollados en la Bibliografía que figura al final de la obra(págs. 573 y siguientes).3. El número entre corchetes que aparece en la indicación sobre la conjugaciónde un verbo remite al modelo correspondiente que figura en el
Apéndice
«Conjuga-ción de los verbos».
 
a
a'.
1. Primera letra del alfabeto. El nom-bre de esta letra es femenino,
la
a,
y su plurales
aes
(aunque sea frecuente oír
as).
2. Corresponde al fonema vocal /a/, encuya realización el punto de articulación estásituado entre la parte anterior y la parte pos-terior de la cavidad bucal. El ápice de la len-gua toca la cara interior de los incisivos infe-riores, y su dorso se eleva suavemente haciael punto en que termina el paladar duro y co-mienza el velo del paladar. Los labios seabren más que para cualquiera de las demásvocales.Se adelanta levemente la articulación ha-cia el paladar cuando el sonido
/a/
precede aun sonido palatal (/ch, 11, ñ, y, i/). En estecaso se habla de /a/ 
palatal.
En cambio, seretrasa ligeramente hacia el velo del paladarcuando precede a un sonido velar (/j, g, u,o/), o a
/I/
en sílaba trabada (es decir,
l\l
en fi-nal de sílaba, como en
caldo, animal).
La
/a/
en este caso recibe el nombre de /a/ 
velar.
Pero su velarización nunca es tan marcadacomo la que se da en catalán, portugués, in-glés y otras lenguas.a
2
. 1. Preposición. Se pronuncia siempreátona
(a
casa,
/akása/;
a comer,
/akomér/),
apesar de que hasta entrado el segundo dece-nio de este siglo se escribió con acento orto-gráfico.2. He aquí sus principales usos:2.1. Expresa movimiento en general:
Voy a Madrid; Miré al suelo
(dirección);
 Llegó
a
Madrid; Cayó al suelo
(término delmovimiento). (Sobre
entrar 
A,
>
ENTRAR.)
2.2. Las ideas de finalidad y término in-directo derivan de esta idea fundamental:
¿A
qué me llamas?; Traigo a Juan un regalo.
También la idea de proximidad:
Se sentarona la lumbre.
2.3. Precede a los infinitivos que soncomplementos de verbo de movimiento:
Viene a trabajar;
y a veces a los que soncomplementos de verbos de movimiento otendencia espirituales:
Aprende
a
hablar; As- piramos a mejorar; Vamos a empezar 
(pero
Quiere hablar; Deseamos mejorar).
Precede a un infinitivo en oraciones queexpresan mandato, en las que está sobrenten-dido el verbo
vas, vamos, vais,
etc.:
¡A
ca-llar!;
¡A
sentarse!;
¡A
comer!
2.4. Indica lugar en donde, con respectoa otro punto:
Se sentó a la puerta de la casa;Se encuentra
a
la derecha de la catedral;Vivo a cuatro kilómetros de aquí;
«A
las ver- jas del Jardín Botánico, el viajero siente
a
veces le
pasa
un repentino
escalofrío»
(Cela,
Alcarria,
18);
«Pasa el tren a las ta- pias del cementerio» (ibíd.,
23). El punto dereferencia puede ir implícito:
Se sentó
a
la puerta; Vivo a cuatro kilómetros.
Un uso an-tiguo es el de
a
para denotar lugar determi-nado de un texto (hoy diríamos
en): «De To-ledo sería el bonetillo colorado y grasientodel ventero, que se menciona al capítulo 35de la primera parte»
(Clemencín [1833-39],cit. Cuervo,
Diccionario).
Este uso se man-tiene en el lenguaje administrativo:
Regis-trado al libro 240, folio 31.
Y alguna rara vezen el literario:
«El trabajo de José BarrioGutiérrez
..,
donde se discuten las diferentes