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JC_2011.01.26 El Sentido Religioso

JC_2011.01.26 El Sentido Religioso

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FEBRERO
2011
I
Presentación del libro de Luigi Giussani
El sentido religioso 
, 26 de enero de 2011.Palasharp de Milán, en conexión directa por vídeo con 180 ciudades italianas
Julián Carrón
PÁGINAUNO
EL SENTIDORELIGIOSO,VERIFICACIÓNDE LA FE
Antoon van Dyck
,
El apóstol Judas Tadeo 
, 1619-21. Kunsthistorisches Museum, Viena.
 
EL SENTIDO RELIGIOSO, VERIFICACIÓN DE LA FE
PÁGINA UNO
II
FEBRERO
2011
J
ULIÁN
C
ARRÓN
1. E
LSENTIDORELIGIOSO
,
VERIFICACIÓNDELAFE
«Cuando miro en el cielo arder las estrellas, / me digo pen-sativo: / ¿Para qué tantas luces? / ¿Qué hace el aire sin fin, y esa profunda, / infinita serenidad? ¿Qué significa esta / so-ledad inmensa? ¿Y yo, qué soy?»
1
. Esta poesía de GiacomoLeopardi expresa de forma admirable la experiencia en la quese desvela el sentido religioso del hombre. El impacto del “yocon la realidad desencadena la pregunta humana. Existe ennosotros una estructura innata que se pone en movimien-to de modo inexorable en el impacto con la realidad, de for-ma que mueve todo el dinamismo de nuestra persona.Por el hecho mismo de vivir, ningún hombre puede evi-tar ciertas preguntas, independientemente de su pertenen-cia étnica o cultural: «“¿Cuál es el significado último de laexistencia?”, “¿Por qué existe el dolor, y la muerte?”, “¿Por quévale la pena realmente vivir?”. O, desde otro punto de vis-ta: “¿De qué y para qué está hecha la realidad?”. El sentidoreligioso –como nos ha enseñado siempre don Giussani– seidentifica con ese nivel de la naturaleza de nuestro yo quese expresa en estas preguntas: «
coincide con ese compromi-so radical que tiene nuestro “yo” con la vida, se manifiesta enesas preguntas
»
2
.Entonces, ¿por qué retomar ahora el texto de
El sentido re-ligioso
, haciéndolo objeto de nuestro trabajo común? Es unapregunta que me han hecho en distintas ocasiones desde quetomamos esta decisión. La idea surgió de la experiencia delos últimos Ejercicios de la Fraternidad, cuando releí dos ca-pítulos de
El sentido religioso
“desde dentro de la fe”, comohice notar.Todo nació de la constatación -también en nosotros que,no obstante, disfrutamos de la gracia de vivir inmersos enuna determinada historia- de la fragilidad de la fe como co-nocimiento (lo que hemos llamado «fractura entre saber y creer»). Es decir, también nosotros participamos de la re-ducción de la fe a sentimiento o a ética. Don Giussani ha ob-servado que esto no se produce únicamente allí donde el cris-tianismo ha dejado de ser propuesto conforme a su natu-raleza de acontecimiento, sino también por una falta de lohumano en nosotros. El cristianismo tiene un gran “in-conveniente”: necesita de los hombres para ser reconocidoy vivido. En los Ejercicios de la Fraternidad del año pasadotraté, a través de la relectura de algunos capítulos de
El sen-tido religioso
, de mostrar la naturaleza y la dinámica de lo“humano” que falta, que desaparece, que se bloquea en nos-otros. Muchos quedaron impresionados por la pertinenciade esos capítulos con respecto al recorrido que estamos ha-ciendo, y me han pedido que retomemos juntos el texto com-pleto desde esta perspectiva.Pero, ¿qué significa afrontar
El sentido religioso
desde den-tro de la fe? Nosotros estamos acostumbrados a entender el«sentido religioso» como una simple premisa para la fe; porese motivo, nos parece casi como algo inútil una vez que seha alcanzado la fe. Como si fuese una escalera que nos sir-ve para subir al piso de arriba: una vez que  hemos subido,podemos prescindir de la escalera. ¡No! No sólo se necesi-ta un sentido religioso siempre vivo para que el cristianis-mo sea reconocido y experimentado por lo que es –comonos ha recordado siempre don Giussani, citando a Niebuhr:«No existe nada más absurdo que la respuesta a una preguntaque no se ha planteado»
3
o se ha dejado de plantear–; sinoque –en segundo lugar– es justamente en el encuentro conel acontecimiento cristiano donde el sentido religioso se re-vela en toda su estatura original, alcanza una claridad de-finitiva, es educado y salvado. Cristo ha venido para edu-carnos en el sentido religioso, como siempre nos ha dichodon Giussani (lo retomaré luego). Un sentido religioso vivorepresenta por tanto una verificación de la fe.En este sentido, es muy significativa la respuesta de donGiussani a una pregunta de Angelo Scola en el curso de unaconocida entrevista: «Su propuesta pedagógica –preguntaScola– parte del sentido religioso del hombre, ¿es así?». «Elcorazón de nuestra propuesta –responde Giussani– es másbien el anuncio de un acontecimiento que sorprende a loshombres del mismo modo en que, hace dos mil años, el anun-cio de los ángeles en Belén sorprendió a los pobres pasto-res. Un acontecimiento que acaece, antes de toda otra con-sideración, y que afecta tanto al hombre religioso como alno religioso. La percepción de este acontecimiento resuci-ta o potencia el sentido elemental de dependencia y el nú-cleo de evidencias originarias a las que damos el nombre de“sentido religioso”»
4
. El acontecimiento cristiano resucita opotencia el sentido religioso, es decir, el sentido de  la de-pendencia original y las evidencias originarias.Si el trabajo de estos años sobre el libro de don Giussani
¿Sepuede vivir así? 
nos ha permitido contemplar la novedad hu-mana que nace de la fe, hasta el punto de poder verificar lapertinencia de la fe a las exigencias de la vida, lo que vamosa retomar en
El sentido religioso
nos permitirá profundizar enesta pertinencia: en efecto, ello se manifiesta en la capacidadque tiene la fe de despertar al “yo”, de hacer que llegue a serél mismo, de mantenerlo en la postura adecuada para afron-tar toda la existencia, con sus pruebas y sus problemas.
Presentación del libro de Luigi Giussani
El sentido religioso 
(Ediciones Encuentro), 26 de enero de 2011.Palasharp de Milán, en conexión directa por vídeo con 180 ciudades italianas
 
FEBRERO
2011
III
Ésta es, por tanto, la perspectiva con la que leeremos el tex-to: al recorrer
El sentido religioso
y confrontarnos con él, po-dremos verificar si la experiencia que hemos hecho en es-tos años ha conseguido incidir en nuestra vida o, en otrostérminos, «en qué es útil Cristo para el camino que el hom-bre hace en su relación con las cosas, para el camino haciasu destino. Porque, en caso contrario, si no tuviera influenciacomo una presencia real, Cristo sería algo que no tiene nadaque ver con la vida, que no tendría nada que ver con la vida.Tendría que ver con la vida futura, pero no con esta vida: esjustamente la postura del protestantismo»
5
. Si Cristo está pre-sente, no es porque nosotros lo digamos, sino porque Le po-demos reconocer a través de los signos. «Está porque actúa»
6
,ésta es la regla que siempre hemos escuchado. Puedo des-cubrir que Cristo está presente por los signos de despertarhumano que veo en mí y en los demás. Su presencia es tanobjetiva como los signos que la documentan.Si trabajamos a fondo el texto de
El sentido religioso
, po-dremos verificar si el encuentro con Cristo ha «resucitadoy potenciado» el sentido original de dependencia, ese nú-cleo de evidencias y exigencias originales (de verdad, justi-cia, felicidad, amor) que don Giussani denomina «sentidoreligioso» y que se despiertan en el impacto del “yo” con larealidad. Ahora bien, aunque es verdad que el surgimientode tales evidencias y exigencias originales es en ciertomodo inevitable, no es menos cierto que la conciencia queexiste de ellas está normalmente reducida, ofuscada o si-lenciada. Es lo que se observa en la debilidad o en la ausencia,incluso entre nosotros, tal vez después de años de perma-nencia en el movimiento, del sentido del misterio en la per-cepción de nuestro yo, que se ve así reducido trágicamen-te –mucho más a menudo de lo que nos damos cuenta– auna suma de prestaciones y de reacciones, a una consecuenciade antecedentes históricos y biológicos, a un producto de lascircunstancias. Por este motivo, un sentido religioso despierto,sin recortes ni censuras, constituye un signo y una verificacióndel encuentro con algo más grande que uno mismo.Lo mismo se puede decir a propósito de la razón, que laexperiencia revela como «exigencia operativa de explicar larealidad
en todos sus factores
, de manera que el hombre sevea introducido en la verdad de las cosas»
7
. Al ser desafia-da por el impacto con la realidad a ser verdaderamente ellamisma («inagotable apertura») y a ponerse en movimien-to en busca de su explicación exhaustiva, la razón alcanzasu auténtico culmen al intuir la existencia de un más allá delque todo brota y al que todo remite. «La cumbre que la ra-zón puede conquistar es la percepción de que algo desco-nocido, inalcanzable, existe, y que hacia ello se dirigen to-dos los movimientos humanos, porque el propio hombredepende de ello. Es la idea de
misterio
»
8
. Una persona queno bloquee el dinamismo racional que su impacto con la re-alidad pone en movimiento llega a vivir la conciencia del mis-terio. Y cuanto más intensamente viva la realidad, más fa-miliar llegará a ser para ella la dimensión del misterio.Pero también aquí es enorme, casi irresistible, la tentaciónde reducir, de utilizar la razón como medida, en vez de comoventana abierta «frente al inagotable reclamo de la realidad»
9
.La consecuencia inevitable es la reducción de la percepciónde la realidad, desprovista de misterio. Y es lo que se pue-de constatar en la «destitución de lo visible», en el aplana-miento o vaciamiento que normalmente hacemos de las cir-cunstancias, de lo que nos sucede: la realidad, que se pre-senta originariamente ante nuestra razón como signo, se vereducida a su aspecto sensiblemente inmediato, privada desu significado, de su profundidad. Por eso –cada uno lo pue-de verificar en su propia experiencia– nos ahogamos mu-chas veces en las circunstancias: cuando la realidad se ve re-ducida a su apariencia, se convierte en una jaula.Como observaba hace años el entonces cardenal Ratzin-ger, «no es la más insignificante función de la fe el ofrecerun saneamiento a la razón como razón, no violentarla, nopermanecer extraña a ella, sino precisamente lograr que larazón vuelva de nuevo a sí misma»
10
. La exaltación de la ra-zón, la liberación de sus reducciones es también otra veri-ficación de una fe real.Ahora bien, ¿por qué es hoy tan decisivo que el sentido re-ligioso vuelva a despertarse? ¿Por qué tenemos esta urgen-cia? Es decisivo porque el sentido religioso es el criterio
»
Diego Velázquez
,
Santo Tomás 
(1619), Museo de Bellas Artes, Orleans.
PÁGINA UNO
EL SENTIDO RELIGIOSO, VERIFICACIÓN DE LA FE

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