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ESTUDIO SOBRE EL LIBRO DE LEVITICO

ESTUDIO SOBRE EL LIBRO DE LEVITICO

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Manuel Blanco V. 2.000 
ESTUDIOS SOBRE EL LIBRO DE
LEVITICO
Por C.H.M.
Toda Escritura es inspirada divinamente2Tim 3:16
CAPITULO 1
Antes de fijarnos en los detalles del asunto que nos va a ocupar, tenemos que tomar enconsideración, primeramente, la posición que ocupa Jehová en el libro de Levítico, y, acontinuación, el orden en que se suceden en él los sacrificios que constituyen el asunto de laprimera parte del libro."Y llamó Jehová a Moisés, y habló con él desde el tabernáculo del testimonio". Habíahablado desde lo alto del Sinaí, y la posición que así había tomado sobre el santo monte imprimía asus comunicaciones un carácter particular. En la montaña de fuego Dios dio "una ley de fuego".(Deut. 33:2). Pero en el Levítico Jehová habla desde el tabernáculo que hemos visto erigir, al finaldel libro anterior. "Finalmente erigió el atrio en derredor del tabernáculo y del altar, y puso lacortina de la puerta del atrio. Y así acabó Moisés la obra. Entonces una nube cubrió el tabernáculodel testimonio, y la gloria de Jehová hinchó el tabernáculo... porque la nube de Jehová estaba de díasobre el tabernáculo, y el fuego estaba de noche en él, a vista de toda la casa de Israel, en todas sus jornadas" (Exodo 40:33-38).El tabernáculo era la habitación del Dios de la gracia; Jehová podía establecer allí sumorada, porque estaba rodeado de lo que representaba gráficamente el fundamento de susrelaciones con su pueblo. Si se hubiera manifestado en medio de Israel con la gloria terrible con quese reveló sobre el monte Sinaí, no habría podido ser más que para consumirlos en un momentocomo "pueblo duro de cerviz". Pero Jehová se retiró detrás del velo, tipo de la carne de Cristo (Heb.10:20), y se situó en el propiciatorio, donde la sangre de la expiación, y no "la rebelión y la duracerviz" de Israel (Deut. 31:27), se presentaba a su vista y respondía a las exigencias de sunaturaleza. Esa sangre llevada dentro del santuario, por el sumo sacerdote, era el tipo de la sangrepreciosa que purifica de todo pecado; y aunque Israel, según la carne, no discernía nada de todo eso,esa sangre, no obstante, justificaba el hecho de que Dios pudiese morar en medio de su pueblo;"santificaba para la purificación de la carne" (Heb. 9:13).Tal es, pues, la posición que Jehová ocupa en el libro de Levítico, posición que no se debeolvidar, si se quiere tener exacto conocimiento de las revelaciones que este libro encierra. Esasrevelaciones llevan todas el sello de una inflexible santidad, unida a la gracia más pura. Dios essanto, sea cual fuere el lugar desde donde habla. Es santo sobre el monte Sinaí, y es santo en elpropiciatorio; pero en el primer caso su santidad está ligada a "un fuego consumidor", mientras queen el segundo, va unida a la gracia paciente. La unión de la perfecta santidad y de la perfecta graciaes lo que caracteriza la redención que es en Cristo Jesús, redención que se encuentra prefigurada dediversas maneras en el libro de Levítico.Es preciso que Dios sea santo, aun condenando eternamente a los pecadores impenitentes;pero la plena revelación de su santidad en la salud de los pecadores hace resonar en el cielo unconcierto de alabanza: "Gloria en las alturas a Dios, y en la tierra paz, buena voluntad para con loshombres" (Lucas 2:14). Esta doxología, o este himno de alabanza, no pudo resonar cuando fuepromulgada "la ley de fuego", porque, si, como no podemos dudar, a la ley del Sinaí se unía la"gloria a Dios en las alturas", esta ley no aportaba ninguna "paz a la tierra", ni "buena voluntad paracon los hombres", siendo ella la declaración de lo que los hombres deben ser, antes de que Dios
 
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Manuel Blanco V. 2.000 pueda complacerse en ellos. Mas cuando "el Hijo" vino a ocupar puesto como hombre en la tierra,las inteligencias celestes pudieron expresar la plena satisfacción del cielo en El, como en Aquelcuya persona y obra podían reunir, de la manera más perfecta, la gloria divina y la bendición delhombre.Ahora debemos decir una palabra acerca del orden en que se suceden los sacrificios en losprimeros capítulos de nuestro libro. Dios pone en primer lugar el holocausto, y termina por laexpiación por la culpa; termina por donde nosotros empezamos. Este orden es notable y muyinstructivo. Cuando, por primera vez, la espada de la convicción penetra en el alma, la concienciaexamina los pecados pasados que pesan sobre ella, la memoria dirige sus miradas hacia atrás sobrelas páginas de la vida pasada y las ve ennegrecidas por innumerables transgresiones contra Dios ycontra los hombres. En este período de su historia el alma se ocupa menos de la fuente de dondeproceden sus transgresiones, que del hecho abrumador y palpable de que tal y tal acto ha sidocometido por ella; por esto tiene necesidad de saber que Dios, en su gracia, ha provisto un sacrificioen cuya virtud "toda ofensa" puede ser gratuitamente "perdonada"; y este sacrificio, Dios nos lopresenta en la
"expiación por la culpa"
.Mas a medida que el alma progresa en la vida divina, viene a ser consciente de que estos
 pecados
que ha cometido, no son más que los retoños de una raíz, las distintas aberturas de unamisma fuente y, además, que el pecado en la carne es la raíz o la fuente. Este descubrimientoconduce a un ejercicio interior mucho más profundo aun, y que nada puede apaciguar si no es unconocimiento más profundo también de la obra de la cruz, en la cual Dios mismo ha "condenado
al pecado en la carne
" (Rom. 8:3). El lector notará que no se trata, en este pasaje de la Epístola a losRomanos, de
"los pecados en la vida"
sino de la raíz de donde provienen, es a saber,
"el pecado enla carne"
. Es esta una verdad que tiene inmensa importancia. Cristo no solamente fue "muerto pornuestros pecados, conforme a las Escrituras" (1a. Cor. 15:3), sino que fue "hecho
 pecado
pornosotros". (2a. Cor. 5:21). Tal es la doctrina de la
"expiación"
.Cuando por el conocimiento de la obra de Cristo la paz ha entrado en el corazón y en laconciencia, nos podemos alimentar de Cristo, que es el fundamento de nuestra paz y de nuestrogozo en la presencia de Dios. Hasta llegar a esto, hasta que veamos todas nuestras transgresionesperdonadas, y nuestro pecado juzgado, no podemos disfrutar de paz ni de gozo. Es preciso queconozcamos la expiación por la culpa, y la expiación por el pecado, antes de que podamos apreciarel sacrificio de las paces, o de regocijo o de acción de gracias. Por esto, el orden en que
"elsacrificio de las paces"
está colocado responde al orden según el cual nos apropiamos a Cristoespiritualmente.El mismo orden perfecto se vuelve a encontrar en cuanto al lugar asignado a
"la ofrenda del presente"
. Cuando un alma ha sido conducida a gustar la dulzura de la comunión espiritual conCristo, cuando sabe alimentarse de El, en paz y con reconocimiento en la presencia de Dios, estaalma se siente presa de un ardiente deseo de conocer más los gloriosos misterios de su persona; yDios, en su gracia, responde a este deseo por la "ofrenda del presente", tipo de la perfectahumanidad de Cristo.Después de todos los otros sacrificios viene finalmente
"el holocausto"
, el coronamiento detodo, la figura de la obra de la cruz cumplida bajo la mirada de Dios, y expresando la invariabledevoción del corazón de Cristo. Más adelante estudiaremos todos estos sacrificios detalladamente;aquí no hacemos más que considerar el orden relativo en que están colocados, ordenverdaderamente admirable desde cualquier lado que lo miremos, y que empieza y acaba por la cruz.Si siguiendo el orden exterior, empezamos por el holocausto, vemos en esta ofrenda a Cristo sobrela cruz cumpliendo la voluntad de Dios, realizando la expiación y dándose a Sí mismo enteramentepor la gloria de Dios. Si por el contrario, siguiendo el orden interior, nos remontamos de nosotros

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Jonatan Cruz Saldana added this note
El material es de mucha ayuda, permite asercarnos al pensamiento hebreo.
Fabian Alberto liked this

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