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Libro. La Revolucion en La Etica. Norbert Bilbeny

Libro. La Revolucion en La Etica. Norbert Bilbeny

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El mundo digital no sólo ha cambiado nuestra imagen del mundo, sino también nuestro uso de los sentidos, en especial el tacto y la mirada. No nos miramos ni tocamos como en el mundo agrario ni el industrial que nos han precedido y de los que han surgido los códigos morales conocidos hasta hoy. Los educadores y profesionales se esforzarán en vano, pues, si proponen la vuelta a una «ética» que pertenece a un mundo inexistente.
El mundo digital no sólo ha cambiado nuestra imagen del mundo, sino también nuestro uso de los sentidos, en especial el tacto y la mirada. No nos miramos ni tocamos como en el mundo agrario ni el industrial que nos han precedido y de los que han surgido los códigos morales conocidos hasta hoy. Los educadores y profesionales se esforzarán en vano, pues, si proponen la vuelta a una «ética» que pertenece a un mundo inexistente.

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El mundo digital no sólo ha cambiado nuestra imagen del mundo, sinotambién nuestro uso de los sentidos, en especial el tacto y la mirada. Nonos miramos ni tocamos como en el mundo agrario ni el industrial que noshan precedido y de los que han surgido los códigos morales conocidoshasta hoy. Los educadores y profesionales se esforzarán en vano, pues, si
proponen la vuelta a una «ética» que pertenece a un mundo inexistente.
La revolución en la ética estriba en que está cambiando el marco másprofundo de percepciones, hábitos y creencias que nos servían hasta hoy
para hablar de la moral. ¿Qué significa para las nuevas generacionesinformatizadas la «conciencia» o la «compasión», el «deber» e incluso el«deseo»? ¿Puede hoy la «moral» tener valor por sí misma? Sólo podrá
tenerlo Si acertamos a introducir el valor del conocimiento en la ética, sinolvidarnos de acomodar también en ella el valor de la percepción sensorial
del otro.
Éste es un ensayo, documentado y repleto de sugerencias, que apuesta por
una ética del «mínimo común», acorde con la nueva era de la información.
Pero también es una llamada a la recuperación de los sentidos y delcontacto personal, como la otra clave de una ética válida para nuestrotiempo: El autor desarrolla con rigor y creatividad esta conjunción de lo
«cognitivo» con lo «sensitivo», casi siempre separados, cuando no opuestos,en el pensamiento tradicional.Norbert Bilbeny (Barcelona, 1953) es profesor de Ética en la Universidad deBarcelona desde 1980; ha sido investigador invitado en la Universidad de
California en Berkeley. Entre sus obras, que han merecido variosgalardones, como el Josep Pla o el Joan Estelrich, figuran
Humana dignidad
(Tecnos),
El laberint de la llibertat
(Edicions 62),
L'ombra de Maquiavel: ética
i política
(Llibres de l'Index),
Aproximación a la Ética
(Ariel),
El idiota moral
(Anagrama),
Kant y el tribunal de la conciencia
(Gedisa) y
Europa despuésde Sarajevo. Claves éticas y políticas de la ciudadanía europea
(Destino).
Norbert Bilbeny
La revolución
en la ética
Hábitos y creencias en la sociedad digital
XXV Premio Anagrama de Ensayo
 
194
P91
ANAGRAMA
Colección Argumentos
9 788433
44
 
1. REVOLUCIÓN COGNITIVA Y CAMBIO CULTURAL
1.1. LA
MENTALIDAD DEL MUNDO DIGITAL
El mundo cambió tras la Segunda Guerra Mundial. Y no
sólo en el plano político, sino —y «sobre todo», puede decirseal entrar en el nuevo siglo— en el dominio de la ciencia y de latécnica. El tiempo transcurrido desde la invención del ENIAC,el primer ordenador electrónico, parece mucho más largo que
el pasado desde la Conferencia de Paz de París, aun siendo am-
bos acontecimientos de la misma fecha (1946). Porque la
ace-
leración de las cosas
corre más veloz en la pista del conoci-miento del mundo que en la de su gobierno, como lo prueba
hoy el hecho desconcertante de que los hábitos y las creenciashayan realizado un giro mayor que las ideologías y las institu-
ciones públicas. En éstas vivimos aún de los saldos del siglo
xix mientras que en aquéllas vivimos ya de las novedades del
siglo xxi. El presente libro trata de profundizar tanto en las
brechas como en los resquicios de luz abiertos en el individuopor esa doble y desacompasada «aceleración» de las cosas que
le rodean. Particularmente en aquellos extremos donde se
hace posible el contacto y el entendimiento con el resto de in-dividuos: en sus sentidos corporales y en su capacidad de jui-
cio para dar vías a la sensibilidad.
Estos cambios que han tenido y tienen lugar, ante todo, enel mundo del conocimiento, son los que permiten caracterizarnuestra época, en la historia de la cultura, como la época de la
revolución cognitiva:
del latín
cognitio,
conocimiento.' No se
trata de un giro sólo mental o intelectual, sino apoyado y espe-
cialmente significado por las tecnologías de la información.
1.
Vid.
E. Gellner,
El arado, la espada y el libro,
pp. 21
y ss.,
286
y ss.
13
 
Éstas han llegado a automatizar de tal modo el proceso de da-
tos —informática— y su transmisión de un punto a otro —teleco-
municación por las más diferentes vías—, que han alcanzado el
orden mismo de estos datos, en su contenido y en sus conse-
cuencias al margen de lo técnico. Así, el llamado «mundo digi-
tal»,' y como no podía ser menos, es el resultado de una revo-
lución de medios, pero también de nuevas asignaciones para el
conocimiento, que atrapa unos «valores» y suelta rápidamente
otros. La revolución cognitiva no se limita, pues, a una «revo-
lución científico-técnica», como empezó a llamársela en sus
principios, porque conmueve de paso aspectos no previstos por
la ciencia y la técnica, de los que nuestra revolución, más am-
plia, pasa también a depender. La muestra, a mi parecer, más di-
recta de ello es la dependencia de la revolución cognitiva, y conella la mente contemporánea, de las creencias en torno al
cono-
cimiento,
segregadas en su propio desarrollo material.
Una de estas ideas, quizás la más aparente, es la
tecnicidad
\
del conocimiento,
que no vale tanto por el saber
omo) por su uso eficaz: el saber es cada vez más manipulativo y, lite-
ralmente, «digital». Nada que ver con la filosófica
episteme
de
los griegos, pero tampoco con la
science
del mecanicism.o mo-
derno: hay que saber cómo se «Manejan» las cosas, no cómo«funcionan», asunto de unos pocos entendidos. Otra idea que
resume la revolución cognitiva es la indiscutida e indiscutible
intensificación
del conocimiento: ya no presuponemos un te-
cho para el saber, y todo lo que se aparte de su línea de creci-
miento exponencial es pura crisis o estancamiento. Ligada con
esta idea del conocimiento acelerado surge la idea, por otraparte, de su constante
segmentación:
es inconcebible otro sa-
ber que el de los especialistas, más «sapientes» que «sabios», tí-
tulo éste reservado a los que alcanzan a vislumbrar las ocultasconexiones entre las especialidades. De ahí la actual apoteosis
de lo «comparado» o lo «interdisciplinario». Otra caracterís-
tica formal de la revolución cognitiva es la
priorización
conce-
dida al valor mismo del conocimiento, por delante de otros va-
lores de la cultura. Hasta en nuestra conducta moral hay que
guiarse por los «expertos»; sin este reconocimiento, cualquier
Y-7
gente de la cultura es sospechoso de fraude o incompetencia.
Complace también a nuestra época la
mediatización
del cono-cimiento: el saber no sólo se hace «por medios» —ya toda infor-
1. N. Negroponte,
El mundo digital,
cap. I.
mación dispone de sus
media,
sino que es, en último tér-
mino, «de medios». Esto es, de datos que sirven para obtener
nuevos datos, sin tendencia entrópica ni agotables en sí mis-
mos, como sería, en cambio, la referencia de un hombre feliz
o un enigma cosmológico, qué no sirven para nada. Por lo de-
más, otra idea firmemente asumida, hasta rozar el tópico, por
la revolución cognitiva, es la
de
j
óbalización
del
conoci-
miento. Es evidente que el saber es cada vez menos local y pa-trimonial, por expansivo en el espacio y el tiempo, pero pensar
que se haya cumplido la «aldea global»' y conjurado todos los
clasismos y tribalismos es a todas luces ingenuo.
Los cambios introducidos por y con la revolución cognitivano se limitan, sin embargo, al ámbito del conocimiento. Perte-necen al marco de una
sociedad metropolitana,
que se expande
en nuestro planeta a partir de los años sesenta del siglo
XX,
y
se distingue estructuralmente de la
sociedad urbanoindustrW
anterior, como ésta lo hizo de la
sociedad
agrourbana, distintaa su vez de la sociedad tribal. Ante todo, la nuestra posee unas
formas de
ma
crosociedaTnén
condiciones de superpoblación
que ya no son comparables con ninguna escala social anterior.Esto hace variar las relaciones de comunicación entre sus indi-
viduos, algo determinante, en cada tipo de sociedad, de gran
parte de sus otras características. Enla
sociedad metropolitana
la comunicación se lleva a cabo a travésd_e_c~idacles
me-
diatices
o muy dependientes desus propios medios técnicos de
relación, hasta el punto de convertir en un recuerdo atávico
lá
comunidades cara a cara, existentes durante un millón de
años, y las comunidades orales, vigentes desde el Neolítico
hasta la introducción masiva de la prensa y la radio.'
Repasemos ahora los distintivos económicos. Nuestro mo-
delo tecnológico, en primer término, no es ya el de la revolu-
ción industrial, sino el de la
revolución cognitiva
apoyada en
las tecnologías de la información. Así, nuestra actividad econó-
mica predominante va siendo menos la producción en masa y
más, en cambio, la
cognición
y el consumo dependiente
de
la
información.
Tampoco el sistema ca5
árflia de nuestra econo-
mía es igual al de la época industrial anterior. El
capitalismo
H.
M. McLuhan,
La galaxia Gutenberg,
pp. 54 y ss.;
La aldea global,
pp. 60
y ss.
Vid.
la descripción de una sociedad planetaria de «telepolitas» en
J.
Echeverría,
Telépolis,
pp. 143-144, 167-176. También: Ph. Queau,
Lo virtual.Virtudes y vértigos,
pp. 67 y ss.
14
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