ARGUMENTO.
Platón parece presentar á Teetetes, cuyo nombre llevael diálogo, como modelo completo de aquellos jóvenes,flor y esperanza de Atenas, que, dotados de una inteligente vivacidad, morigerados en sus costumbres y ansiosos de saber, se adhirieron desde muy temprano á la persona de Sócrates, y que formaban en las plazas públicas,en las palestras y en los pórticos su más atento y distinguido cortejo. En medio de ellos, Sócrates, dirigiéndose familiarmente tan pronto á unos como á otros, áfin de ejercitar y juzgar á todos, entablaba con cadacual, bajo apariencias de una libre confianza, conversaciones vivas y estudiadas sobre objetos determinados,que sin cesar traia á discusión á través de digresionesy rodeos; argumentación disimulada, pero sostenida,de la que se desprendía siempre alguna verdad, y queél mismo llamaba con delicadeza el arte de^ alumbrarlos espíritus. En el
Teetetes
se puede estudiar este granarte,mejor quizá que en ninguno de los diálogos precedentes, porque desde las primeras palabras de la con ver-,sacion, Sócrates explica á su discípulo su secreto y venta-j as con complacencia y energía,
de
lo cual todo este diálogoofrece los ejemplos más interesantes, tanto por la abundancia y variedad de los detalles, como por la importancia del fondo.Nada más grato que seguir á Platón en la indagación de este problema capital: ¿cuál es la naturaleza de laciencia?, y saber de su boca cómo habia sido resuelta por
TOMO III. ^°
Platón, Obras completas, edición de Patricio de Azcárate, tomo 3, Madrid 1871
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