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15-02-11 - Fungir como docentes

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Fungir como docentes
 por Carlos Pabón| 15 de Febrero de 2011 | 9:53 am – 18 Comentarios ¿Cuál es la responsabilidad de los profesores en estemomento de crisis por el que atraviesa la Universidad de Puerto Rico?La responsabilidad primordial es fungir como docentes. Esto podrá parecer una obviedad, perono lo es porque los profesores no nos hemos estado desempeñando como docentes. ¿Qué quieredecir fungir como docentes? Primero, reconocer que es indispensable que nuestros posicionamientos surjan de un análisis autónomo en tanto sector universitario singular. Losdocentes tenemos la obligación de definir nuestra posición y asumir nuestra responsabilidad eneste escenario, un escenario marcado por múltiples dimensiones que van más allá de la cuota yque implica un sin número de otras medidas que de manera avasalladora están poniendo enriesgo la Universidad a la que muchos aspiramos. Los profesores nos vemos afectados por lacrisis de la Universidad de una manera que no necesariamente se subsume bajo losreclamos estudiantiles. De ahí que la formulación de nuestras estrategias requiera de una visión alargo plazo capaz de enfrentar esta crisis en toda su complejidad.Los docentes tenemos que ser capaces de actuar autónomamente aunque esto pueda significar enocasiones entrar en contradicciones y tener diferendos con otros sectores universitarios. Yahemos perdido demasiado en esta coyuntura por no haber sido capaces de hacerlo (eliminaciónde profesores por contrato, congelación de plazas y de ascensos, eliminación de sabáticas ydescargas, reducción de ofrecimientos académicos, programas académicos en pausa, degradaciónde nuestras condiciones de enseñaza y de investigación, entre otros asuntos).Fungir como docentes supone reconocer que somos un sector diferente a los estudiantes, unsector vulnerable, que no puede supeditar sus políticas, reclamos y estrategias a la de los sectores
 
estudiantiles como ha sido la práctica de la APPU y de otros, quienes continúan subsumiendo sus posturas a las de los estudiantes que supuestamente están en huelga. Más aun, hay que decir claramente que la APPU no representa al profesorado universitario, en todo caso, representa asus miembros que son sólo una fracción del claustro. Las posiciones y estrategias de la APPU noson apoyadas ni compartidas por los que no pertenecemos a esta agrupación. Por lo menos, esees mi caso. (Habría que preguntarse incluso si las posiciones oficiales que esta agrupación haasumido de cara a la crisis universitaria y la huelga estudiantil son apoyadas por la mayoría desus miembros.) Cada vez que la APPU toma una decisión, su liderato, con la complicidad de losmedios, se arroga el monopolio de la representación del claustro. Después de cada asamblea oconferencia de prensa de la APPU se informa que “los profesores de la universidad” aprobarontal o cual asunto. ¿Qué profesores? ¿Cuántos? ¿A quién representan? La pretensión de la APPUde tomar decisiones que son vinculantes para todo el claustro, como la decisión del paro del 9 defebrero (que ni siguiera le fue consultada a su membresía), es algo inaceptable. No empece lo justo que puedan ser sus reclamos, la APPU no puede tomar decisiones que sean vinculantes atodo el claustro. Y mucho menos tildar de “traidores”, “rompehuelgas”, o “claudicantes” aquienes no acaten o apoyen estas decisiones.Por otra parte, según una cierta lógica que comparten distintos colegas, criticar a un sector delestudiantado es “paternalista”. Pero no es “paternalista” apoyar incondicionalmente,
siempre
, las“huelgas” u otras acciones de sectores estudiantiles irrespectivo de la legitimidad de éstas encuanto al propio estudiantado, de su (in)eficacia, de cómo nos afectan como docentes e inclusode cómo afectan el proyecto de la Universidad que queremos a largo plazo. Se critica al profesorado si sus actuaciones son diferentes o contradicen las de los estudiantes porque estoimplica, se dice, ‘no apoyarlos’ o ‘dejarlos solos’. No se trata de decirle a los estudiantes lo quetienen que hacer. De lo que se trata es de ejercer el derecho y la responsabilidad de expresar nuestro parecer sobre las estrategias que debemos asumir y sobre los efectos que tienen ciertas posturas estudiantiles en los docentes y para la Universidad en su conjunto. Si bien lecorresponde a los estudiantes definir sus estrategias, los profesores tenemos la responsabilidad dellevar a cabo un análisis y debate abierto sobre éstas y sobre cómo nos afectan y adoptar una postura autónoma frente a las mismas. De igual manera debemos actuar ante las estrategias delos sectores universitarios no docentes.Sí, tenemos que actuar como docentes. Ello implica en estos momentos analizar y debatir críticamente en torno a todas las estrategias que se han implantado hasta el momento, incluyendola (in)efectividad y la continuación de la huelga. A mi modo de ver, esto supone conceder que nosólo las políticas del gobierno y la alta administración universitaria, como la ocupación policíaca,nos han obstaculizado ocupar nuestro espacio y ejercer adecuadamente nuestras tareas comouniversitarios. En lo que a mí concierne, la continuación de un simulacro de “huelga” (a pesar deun cada vez más menguado apoyo estudiantil) y la insistencia en la “paralización” de laUniversidad son también obstáculos a que ocupemos con efectividad el espacio académico y ladefensa del proyecto universitario. Pero la APPU continúa apoyando la “huelga”
 
incondicionalmente pasando por alto la ineficacia de la estrategia huelgaria. ¿Acaso losestudiantes, incluyendo los “huelguistas”, no se matricularon y pagaron la cuota o se acogieron auna prórroga para pagar la misma? Es decir, ¿no se implementó ya la cuota? ¿Acaso la asistenciade miles de estudiantes que vinieron a tomar clases los primeros dos días de este semestre (antesdel incidente de abuso policíaco del 9 de febrero) no constituyó un rechazo masivo a la estrategiahuelgaria y una prueba contundente de la ineficacia de ésta? Más aún, se continúa apoyandoincondicionalmente la “huelga” no empece sus efectos contraproducentes a la defensa del proyecto universitario a largo plazo.Basta preguntarse, ¿a quién le conviene la “ingobernablidad” de la Universidad? ¿No es acaso algobierno? ¿No es este estado de “ingobernabilidad” el que invoca el gobierno para “justificar” su proyecto de desmantelamiento/reestructuración de la Universidad? ¿No habría entonces querepensar este tipo de estrategia pues parece corresponder a lo que precisamente quiere elgobierno para darle “legitimidad” a su política hacia la Universidad? Por lo visto, tales planteamientos no hacen mella entre los colegas que se reafirman en subsumir sus posiciones a laestrategia de los estudiantes en “huelga”.Fungir como docentes implica también cuestionarnos la cultura anti-intelectual que menospreciay desprecia la labor académica, particularmente el proceso que se da en el salón de clase. Por supuesto que la Universidad no se limita a lo que ocurre en el salón de clases. Claro que se haceuniversidad desde muchos otros espacios. La universidad no es el único espacio de producciónintelectual en el país, pero sí es un espacio privilegiado de producción de conocimiento ycuestionamiento que hay que defender. Esto cobra más importancia ante un gobierno que quieredegradar este espacio y en el contexto de un país marcado por una fuerte cultura anti-intelectualde larga tradición. Más aún, se trata de una cultura que se ha reproducido entre importantessectores en la Universidad. Cabe preguntarnos ante la coyuntura actual de crisis universitaria,¿por qué y cómo dar clases se convirtió en una negación de la “defensa” de la Universidad? ¿Por qué se opta con tanta facilidad por la “estrategia” de paralizar las clases? ¿Por qué elmenosprecio y desprecio a las clases y lo que allí ocurre de parte de los sectores que haninsistido en esta coyuntura que la “lucha por defender” la Universidad es igual a paralizar lasclases? ¿Qué condiciones culturales y políticas han posibilitado que el anti-intelectualismo echeraíces no sólo entre “los administradores”, sino también entre importantes sectores estudiantilesy del profesorado en la Universidad? ¿Cómo no reconocer que los propios profesores hemos sidocómplices y más aún, que en demasiados casos hemos fomentado esta cultura anti-intelectual yla mediocridad y la burocratización que la acompaña en la Universidad? (Para una importantereflexión sobre este problema, ver el artículo de Juan Carlos Quintero-Herencia,“Para lacatástrofe”en Diálogo Digital).Mis interrogantes van dirigidas no sólo a los estudiantes que privilegian la estrategia de paralizar las clases, sino particularmente a los profesores que
SIEMPRE
apoyan esta estrategia de maneraincondicional. Los profesores tenemos una gran responsabilidad en con la situación de crisis por la que atraviesa la Universidad pues no hemos sido capaces de asumirnos como un sector 

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