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Crisis Internacional

Crisis Internacional

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02/16/2011

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Sudamérica y la crisis internacional: respuestas y desafíos.por Fernando Peirano** Economista. Miembro de la Asociación de Economía para el Desarrollo de Argentina (AEDA). Docente investigador de la Universidad Nacional de Quilmes y de la Universidad de Buenos Aires.Ninguna economía es inmune a esta crisis. El crédito desapareció, los principales mercados de consumo entraron en recesión, el comercio internacional se derrumbó, las cuentas fiscales empeoraron y las expectativas se tornaron pesimistas. Estos son algunos de los hechos que pintan el panorama de la economía mundial y actúan como vector de contagio de la crisis.En la década pasada, el neoliberalismo latinoamericano condenó a los sectores más vulnerables a absorber todo el peso de las sucesivas crisis externas. Hoy, la mayorparticipación del Estado en la economía y el cambio en la orientación macroeconómica ampliaron la capacidad de respuesta de los países de la región para enfrentar esta nueva crisis financiera internacional. Una respuesta que se expresa tanto en la utilización de nuevos instrumentos para neutralizar algunos de los efectos negativos como en la posibilidad de afrontar de forma menos inequitativa los costos que nopuedan ser evitados. Esto ha sido el resultado de un proceso que combinó decisiones políticas y económicas y que muestra que se ha logrado ir más allá de las críticas al Consenso de Washington para comenzar a forjar un nuevo modelo de desarrollo para Sudamérica.Este proceso implicó cambiar drásticamente la relación con el FMI y la comunidad financiera internacional, que con sus préstamos condicionados limitaban cualquier cambio en la forma de organizar la macroeconomía. El contundente rechazo a la iniciativa del ALCA también marcó una transformación en las relaciones económicas intrarregionales y con el resto del mundo. En paralelo, en la mayoría de los países se amplió la matriz política, lo cual permitió que muchos sectores sociales y productivos, hasta el momento excluidos o sin reconocimiento institucional pleno, hagan valer sus derechos e intervengan en los procesos de decisión.Otro de los ejes relevantes fue la intervención en los mercados de divisas. Aunqueen muchos países de América Latina el Banco Central planteó en lo discursivo la inconveniencia de preocuparse por la evolución de la paridad cambiaria, en la práctica primó una conducta dirigida a acumular reservas y sostener un tipo de cambio depreciado que favoreciera a las exportaciones y a la sustitución de importaciones. Antela comprobada ineficacia del FMI, la acumulación de reservas actuó como un seguro frente a los ataques especulativos y los problemas de liquidez.Un tercer aspecto clave fue el compromiso con la recuperación del salario mínimo real y la extensión de las políticas sociales en varios países de la región (1). La demandainterna volvió a ser el eje del proceso de acumulación y marcó un quiebre con la etapa anterior donde la apuesta por el ahorro externo era dominante lo cual sesgó el proceso de inversión hacia un tipo de actividades poco fructíferas para el conjunto de la economía.Sumado a esto, la recuperación del nivel de actividad y la expansión de las exportaciones permitieron mejorar las cuentas fiscales. Un Estado ahogado por las deudaso con un gasto público muy rígido carece de capacidad de intervención efectiva. Tambiénse limitó el rol de los grandes grupos empresariales a través de la recuperación de empresas estatales o la creación de nuevos tributos avanzando así en una dirección opuesta a la de los 90. Sin embargo, estos resultados positivos se utilizaron con prudencia. Ante el imperativo de la redistribución del ingreso se respondió mediante la negociación salarial dejando las transferencias sólo para atender los casos de lossectores más vulnerables. De forma complementaria, se le dio más protagonismo al gasto social y a la obra pública. Si bien los resultados varían de país en país, la tenden
 
cia general señala una fuerte reversión del retroceso que significó el Consenso de Washington. De todos modos, avances más profundos requerirán cambios más drásticos en la estructura productiva y tributaria, evitar que desequilibrios fiscales y monetarios generen colapsos macroeconómicos y una oferta más generosa de bienes públicos vinculados a la salud y la educación.La combinación de éstas y otras medidas redundó en un mayor protagonismo de la demandainterna como motor de la economía. Esto marca una fuerte diferencia con los noventa, donde el grueso de las decisiones económicas y –con ello- la forma de enfrentarlas crisis externas, quedaron subsumidas en la lógica de las grandes corporacionestrasnacionales y los gestores del capital financiero. De hecho, estas respuestas no están ausentes en el presente escenario. Existen pero están en mayor o menor medida neutralizadas por la existencia de otros factores que contribuyen a conformar una contratendencia lo suficientemente relevante para que el resultado agregado esté lejos de los fenómenos de implosión económica que la región sufrió en el pasado.Pensar en escala latinoamericanaDesde el escenario actual es posible percibir algunos cambios en la economía mundial respecto de los cuales los países de América Latina deben estar atentos. El primero de ellos se vincula con un amplio proceso de reconfiguración del mapa del consumo mundial. En lo inmediato, la caída del comercio mundial y la recesión de las economías desarrolladas han puesto un límite a la expansión de las exportaciones no tradicionales y prometen reducir el ritmo de crecimiento de las ventas externas de materias primas. Los países centrales intentarán recomponer sus niveles de empleo reduciendo su exposición al mercado internacional e imponiendo mayores restricciones para muchos bienes. En el corto plazo, sin una administración competente del comercio exterior, la estructura productiva podría verse reducida y con ello afectar tanto el empleo como el salario. En el mediano y largo, existe la posibilidad de avanzar en un proceso de integración económica regional pero que a diferencia de las experiencias pasadas debe ir más allá de los aspectos arancelarios.El segundo desafío tiene que ver con la dimensión financiera. América Latina no se halibrado de la histórica restricción externa. Tarde o temprano la escasez de divisasvolverá a ser un inconveniente de primer orden. La puesta en funcionamiento del Banco del Sur puede ser en este sentido un paso transcendente ya que permitiría, enel corto plazo, minimizar el costo de la estrategia de acumulación de divisas y ser una fuente de financiamiento para aliviar eventuales problemas de liquidez externa. También en el plano financiero existe otro desafío vinculado al creciente cuestionamiento del dólar como moneda internacional. Una respuesta conjunta podría sería aconsejable para superar la transición con menores costos para países donde el dólar constituye el principal instrumento de ahorro.La tercera de las cuestiones sobre las cuales se debe estar atento corresponde ala previsible reconfiguración de las estructuras productivas. El mayor protagonismo del discurso proteccionista posiblemente conduzca a que las grandes corporaciones intenten mejorar su reputación en los países centrales y, para ello, desanden el camino de la deslocalización, Esto puede representar que algunas corporaciones decidan desprenderse de sus instalaciones productivas o finalicen sus contratos de abastecimiento con proveedores ubicados en países en desarrollo. En estos casos,será necesario asegurarse que estas capacidades productivas y las fuentes de trabajo no se pierdan sino que puedan ser reorientadas hacia nuevos destinos. Esto puede requerir reconvertir los productos o ampliar el proceso productivo para obtener ya no bienes intermedios sino bienes finales. Para ello se necesitarán políticas de aliento y apoyo a la innovación, la capacitación y la inversión. Y, nuevamente, la perspectiva regional es una opción disponible aunque requiere de acciones deliberadas. Por otro lado, también es esperable que luego de despejarse las incertidumbres comerciales y financieras haya una ola de adquisiciones y fusiones. Muchas firmas no estarán en condiciones de superar el mal momento y se verán forzadas a salir del mercado liquidando sus activos a favor de quienes se encuentran con liquid

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