El Talento, la voz y el compromiso
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OSA
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EGÀS
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AGÉS
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Cuando conocí a Paco Rabal, a finales de los años sesen-ta, ya era un personaje famoso que provocaba admira-ción cuando se lo reconocía en las calles o en cualquierotro lugar público. Recuerdo que los de la editorial SeixBarral habíamos ido a Madrid a presentar un libro o unautor o tal vez el programa de lanzamientos de aquelaño. Ytras el acto y la cena con los críticos, que se cele-bró como casi siempre en el Hotel Suecia, alguien nosllevó a un club de jazz, muy en boga por aquellos años.Íbamos en un grupo cinco o seis personas aunque yosólo recuerdo a Juan García Hortelano y a PepeCaballero Bonald. Nos sentamos a una mesa y pedimoscopas y de pronto lo vi, a Paco, en otra mesa con variosamigos. Tenía los ojos muy oscuros, nada original por-que así se los había visto también en todas las películasy en el teatro, pero en aquella penumbra el brillo de aza-bache se destacaba más sobre la luz opaca del local enaquella hora tardía. Mirada fina y aguda con que tomabanota de los que allí estábamos, mirada acerada y tierna almismo tiempo, cuando selevantó para saludar a Pepe y aotros de nuestro grupo que lehicieron un lugar. Pero antes desentarse se acercó a saludarmey yo, magnetizada por tener tancerca a un actor admirado perosobre todo a un hombre tanatractivo, me permití sonrojar-me aprovechando que la escasaluz no tendría en cuenta laintensidad del rubor. Aún así no le pasó inadvertida mi turba-ción, y sonrió. Me dio la manoo me besó, no lo recuerdo, por-que lo que ha permanecidoinalterable en la memoriaborrando todo lo que ocurrió enaquel instante fue la voz con laque tal vez quiso romper miazoramiento, o preguntarmequién era yo o más probablemente permitirse una bromaque no entendí, desbordada mi atención por el tono deesa melodía que se movía en los registros mágicos de unbarítono para acabar quebrándose despiadada e irónicacon el temple de un bebedor de cazalla.Pensando luego en aquel encuentro que acabó de madru-gada comiendo conejo asado en una alquería donde nosllevó Paco, seguía oyendo aquella voz como si nunca lahubiera oído antes, como si ese timbre insólito llevaraimpresa una veracidad que en el cine se me habría figu-rado mero doblaje, esa veracidad indefinible que recono-cemos en un concierto en directo aunque hayamos oídola canción o la música cien veces en disco, radio y tele-visión. Yasí fue a partir de entonces, nunca se modificóesa voz desgarrada y musical a un tiempo, que nadielograría imitar, original y personal y con el mérito aña-dido de adecuarse a los cambios que el tiempo iría impri-miendo en su figura, en su rostro, en su manera de deciry de hablar.Desde aquel lejano encuentro he visto muchas veces aPaco y lo he seguido en casi todas las películas que suextrema vitalidad fue acumulando en un curriculum quesorprende por la constancia, el compromiso, la calidad yla belleza. Sin olvidar la variedad de registros que utili-zó para interpretar personajes tan dispares. Nunca su vozchirrió como tampoco lo hizo la mirada de sus ojos dia-mantinos que se abrían paso en un rostro cambiante conla fuerza que da el coraje de querer decir en cadamomento lo que con la expresión se anticipa, y con lavoluntad del actor queescudriña y responde alque tiene enfrente, seahombre o paisaje, de-seo, conflicto, descala-bro o traición.Se puede defender queel talento se tiene o nose tiene, pero cuando,como en el caso dePaco Rabal, se ha sabi-do desarrollar esa chis-pa inicial que nada essin el esfuerzo, el tesóny la inteligencia, y ade-más se acomoda esetalento y la propia vidaal compromiso políticocon la valentía de andarcon él de la mano ydefender las ideas porlas que uno cree que hay que vivir, entonces sabemosque nos encontramos frente a un hombre que ha dado ala sociedad lo mejor de sí mismo, que esté donde esté,aunque sólo lo guardemos en la memoria, ocupa ya unlugar en la historia de su profesión y de su mundo quetendrá siempre el reconocimiento de expertos, amigos ypúblico, y lo que es mejor aún, que nos ha dejado a todoslos que de una forma u otra conocimos -y conocerán- suvoz, su talento y su palabra, el impagable regalo de suvida entera.
M
ARÍA
T
ERESA
V
ALENZUELA
E
SCALONA
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OSA
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EGÀS
(P
REMIO
N
ADAL
1994
Y
P
REMIO
P
LANETA
2001)
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