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Un Paseo Para Recordar

Un Paseo Para Recordar

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02/07/2014

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Sparks, NicholasUn Paseo Para Recordar 
Corre el año 1958. Landon Carter es el típico estudiante de secundaria. Lo único que le interesaes salir con sus amigos, pasar el menor tiempo posible en el colegio y disfrutar de sus últimosaños de libertad antes de ir a la universidad. Jamie Sullivan, en cambio, no es una chica común. No sale por las noches, no acude a fiestas ni se maquilla como hacen las demás chicas de suedad. Hija del pastor del pueblo, se pasa los mediodías leyendo la Biblia, las tardes comovoluntaria en un orfanato y los veranos en el campamento de la parroquia. No podría haber dos personas más diferentes. Hasta que, una noche de Navidad, todo cambia. En apenas un mes,Landon descubrirá cosas que lleva una vida entera aprender, verdades acerca de la naturaleza dela belleza, la alegría de vivir, el dolor de la pérdida y, sobre todo, el poder real y milagroso del primer amor...
Prólogo
Cuando tenía diecisiete años, mi vida cambió para siempre.Sé que hay personas que se preguntan acerca de mí cuando digo eso. Ellosme miran extrañamente como si trataran de comprender qué pudo habermeocurrido desde entonces, aunque rara vez me molesto en explicarlo. Porque hevivido aquí la mayor parte de mi vida, y no siento que tenga que hacerlo a menosque de verdad desee hacerlo, además de que eso me tomaría más tiempo del quela mayoría de las personas están dispuestas a brindarme. Mi historia no puede ser contada en dos o tres oraciones; no puede ser encerrada en algo sencillo y simpleque las personas inmediatamente comprendieran. A pesar de que han pasadocuarenta años, las personas que aún viven aquí y que me conocieron ese añoaceptan mi negación a explicar sin hacer ninguna pregunta. Mi historia de algunamanera es su historia porque fue algo que todos vivimos. Fui yo, sin embargo,quién vivió más de cerca todo esto. Tengo cincuenta y siete años, pero inclusoahora puedo recordar todo de ese año, incluyendo los más pequeños detalles.Revivo ese año muy a menudo en mi mente, trayéndolo de regreso a mi vida, yme doy cuenta de que cuando lo hago, siempre siento una combinación extrañade tristeza y placer. Hay momentos en que desearía poder regresar el tiempo ymandar lejos toda la tristeza, pero tengo el presentimiento de que si lo hiciera, el placer también se alejaría con ella. Así que tomo los recuerdos tal y como vienen,aceptándolos todos, dejándolos guiarme siempre que puedo. Y esto ocurre más amenudo de lo que quisiera.Es 12 de abril, en el último año antes del milenio, y cuando dejo mi casa, yecho un vistazo alrededor. El cielo está nublado y gris, pero cuando me muevo por la calle, noto que los cornejos y las azaleas están floreciendo. Subo el cierrede mi chamarra sólo un poquito. La temperatura está fresca, aunque sé que essolo cuestión de semanas antes de que cambie a algo cómodo y los cielos grisesden paso a esa clase de días que hacen de Carolina del Norte uno de los lugaresmás hermosos en el mundo entero. Con un suspiro, siento todo regresar a mi
 
memoria. Cierro mis ojos y los años empiezan a dar marcha atrás, haciendo tictacdespacio y en reversa, de la misma manera que las manos de un reloj que gira endirección contraria. Como si fuera a través de los ojos de otra persona, meobservo cuando era más joven; veo mi pelo que cambia de gris a marrón, sientoque las arrugas alrededor de mis ojos se empiezan a alisar, mis brazos y piernascrecen musculosos. Las lecciones que he aprendido con la edad se hacen másdébiles, y mi inocencia regresa cuando ese año lleno de acontecimientos seacerca. Entonces, de la misma manera que yo, el mundo empieza a cambiar: loscaminos se hacen estrechos y algunos se hacen de grava, el crecimientodescontrolado suburbano ha sido reemplazado con tierra de cultivo, las calles delcentro de la ciudad abundan en personas, mirando en las ventanas cuando pasan por la panadería de Sweeney y la carnicería de Palka. Los hombres llevansombreros, las mujeres llevan vestidos. En el palacio de justicia, el campanariosuena...
Abro mis ojos y hago una pausa. Estoy de pie fuera de la iglesia Bautista, ycuando miro fijamente hacia el aguilón, sé exactamente quién soy. Mi nombre esLandon Carter, y tengo diecisiete años. Ésta es mi historia; prometo no omitir nada.Primero ustedes sonreirán, y luego llorarán, y no digan que no fueron advertidosCapítulo 1En 1958, Beaufort, Carolina del Norte, que está ubicado en la costa cerca deMorread City, era un lugar como muchos otros pequeños pueblos sureños. Era la clasede lugar donde la humedad aumentaba tanto en verano que los que salían de sus casas para recibir el correo ya necesitaban una ducha, y los niños andaban sin zapatos desdeabril hasta octubre debajo de árboles de roble y sobre el musgo español. Las personassaludaban con la mano desde sus automóviles siempre que veían a alguien en la calle yafuera que lo conocieran o no, y el aire olía a pino, sal y mar, un olor único de Carolina.Para muchas de las personas allí, pescar en Pamlico o sacar cangrejos del río Neuse eraun estilo de vida, y los botes eran amarrados donde quiera que fuera parte de la Vía Navegable Intracostal. Solamente tres canales recibía el televisor, aunque la televisiónnunca fue importante para la mayoría de los que crecimos allí. En vez de eso nuestrasvidas estaban centradas en las iglesias, de las cuales había dieciocho y eso tan solodentro de los límites de pueblo. Se ordenaban por nombres como la Iglesia deAsociaciones Cristianas, la Iglesia de las Personas Perdonadas, la Iglesia de el Domingode Expiación, y también, por supuesto, estaban las iglesias Bautistas. Cuando yo crecí,las Bautistas eran las más populares, y había iglesias Bautistas en prácticamente cadaesquina del pueblo, aunque cada una se consideraba superior a las otras. Había iglesiasBautistas de todo tipo - Bautistas voluntarios, Bautistas del Sur, BautistasCongregacionales, Bautistas Misioneros, Bautistas Independientes... Bueno, ustedes meentienden.Entonces, el evento grande del año fue patrocinado por la Iglesia Bautista delCentro Sureño, si ustedes realmente quieren saber - en conjunto con la preparatorialocal. Cada año hacían su desfile de Navidad en la Casa de Juegos de Beaufort, que eraen realidad una obra dramática que había sido escrita por Hegbert Sullivan, un Ministroque había estado en la iglesia desde que Moisés separó el Mar Rojo. Está bien, tal vezno era tan viejo, pero si era tan viejo que casi se podía ver a través de su piel. Estaba

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