CAPÍTULO I
EL LOGOS
INVOCACIÓNEL ESPÍRITU SANTOConocimos a un hombre que se llamaba Juan. ¡Era un Teúrgo excelso!. Sabíasalir conscientemente en "Cuerpo Astral".Una noche, la más sosegada, la más silente, estando fuera del cuerpo físico, Juaninvocó al Espíritu Santo... De pronto, una ave maravillosa, una blanca paloma,¡de inefable blancura!, Con la cabeza de anciano venerable y luenga barbablanca, albada, flotó deliciosamente sobre la cabeza del teúrgo. ¡Era de ver yadmirar a esa impoluta paloma, tan grande y tan hermosa, con cabeza de ancianovenerable!. La blanca paloma posó sobre los hombros de un amigo de Juan, y aloído, le musitó sabios consejos. Después, la paloma de inefable blancura, concabeza de venerable anciano, se paró frente a Juan. Lleno de éxtasis, nuestrobuen discípulo interrogó al Espíritu Santo:¡Señor mío!, ¡Oh Dios mío!, Dime: ¿cómo voy?... ¿Iré bien?...La alba paloma asumiendo una figura sublimemente humana, habló llena deamor:
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Hijo mío: ¡vais mal!Juan sorprendido preguntó nuevamente:
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¡Señor, dime, ¿por qué voy mal?Y el Espíritu Santo declaro:
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Yo estoy curando a una de tus enfermas, la enferma que está a tu cargo; noeres tú quien la cura, soy yo quien lo hace, sin embargo... ¡Vos habéis cobradodinero!...¡Esos centavillos que recibiste debes devolverlos! ¡Te los han dado conmucho sacrificio!Juan consternado, respondió:
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¡Señor!, si devuelvo esos centavos, ¿entonces sí marcho bien? ...El venerable anciano afirmó:
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Sí, entonces sí vas bien, ¡muy bien!EL ESPÍRITU SANTO Y EL TERCER LOGOS (BINAH)Juan abrazó al venerable anciano, lleno de inmenso amor. Y el anciano bendijo aJuan y se alejó... ¡El Teúrgo sabía que ese era su propio Espíritu Santo. Sabía que
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