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Published by IPEM 61 El Pueblito
Artículo sobre la capacidad de concentración y las redes sociales
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"...estás leyendo esto todavía o ya estáspor cliquear en otro link? ...Necesitamos ser a la vez patinadores enla superficie de la laguna y buceadores.Dominar la habilidad de acceder a hechosmientras reservamos el tiempo y espaciopara hacer algo significativo con ellos"Andrew Sullivan (The Times)
 
Hace un tiempo atrás compartí en
un post
mi gran preocupación por
la pérdida de la capacidad deconcentrarse y prestar atención
derivada del uso habitual de
Twitter
y otras redes sociales queobservo en mí y muchos de los que me rodean. Ese post dio lugar a una gran discusión y se convirtió enel más “retwitteado” de la historia de Riesgo y Recompensa.Hace unos días atrás
Guillermo Jaim Etcheverry publicóuna columna en el diario argentino LaNación, donde, con su habitual lucidez, reflexiona sobre los efectos de la hiperconectividad sobrenuestra capacidad de concentrarnos
.Allí, él plantea que
vivimos falsamente convencidos de que “a cada instante, en algún lugar delplaneta está ocurriendo algo trascendental para nuestras vidas”
. Esa íntima convicción, apareadacon la abrumadora disponibilidad de nueva información en tiempo real, genera, al decir de
David Meyer
,“una
plaga cognitiva capaz de anular la capacidad de concentración y pensamiento productivo
“. (Lacita que Jaim Etcheverry hace proviene de
este artículo
que les recomiendo leer completo si les interesael tema).Yo comparto esa línea de pensamiento, pero
hay un elemento que creo que está faltando: nuestrarepentina e irrefrenable adicción a la “gratificación instantánea”
.En una famosa investigación realizada hace ya casi 40 años, el psicólogo de la Universidad de StanfordWalter Mischel
midió la capacidad de un grupo de niños de autocontrolarse y demorar lagratificación en pos de una recompensa ulterior
. En el experimento, conocido como el
“Marshmallowexperiment”
, él ofrecía a los niños un malvavisco, pero prometía entregar un segundo si ellos esperaban15 minutos sin comer el primero.Las conclusiones del experimento fueron muy interesantes: muy pocos niños sucumbían a la tentación demanera inmediata. La mayoría hacía un intento por esperar y obtener el segundo. Pero
solo un terciolograba llegar al límite de 15 minutos
. Los demás, pese a que recurrían a estrategias como mirar haciaotro lado o moverse nerviosamente, terminaban sucumbiendo a la tentación y comiendo el primermalvavisco antes de tiempo.Lo más llamativo, de todos modos, llegó años después de manera inesperada. Investigacionesposteriores sobre los niños que habían sido parte del experimento original demostraron
una fuertecorrelación entre la capacidad de esperar y demorar la gratificación y el rendimiento posterior enel plano académico y profesional
.En un sentido es casi obvio. Prácticamente todos los grandes logros en la vida implican ser capaces detolerar sacrificios a corto plazo en pos de una meta que solo llega tiempo después. Esto es cierto paragrandes cosas como una carrera universitaria, pero también otras menores como leer un libro.Volvamos ahora al tema central del post. La mayoría de quienes leen esto, yo incluido, crecimos, en unmundo muy diferente al actual. Tal vez no fuéramos esencialmente diferentes a los niños de hoy ennuestra capacidad de resistir las tentaciones de las gratificaciones inmediatas. Simplemente, ¡es que casino las había! Igual que sucede hoy, ir al colegio podía parecernos aburridos. Pero, ¿cuál era la opción?Cuando yo faltaba a clase a la mañana, no había televisión hasta las 10. A esa hora arrancaba un únicoprograma, Telescuela Técnica, que era más aburrido que la escuela! A las 11 sí, finalmente, llegaba unprograma infantil con dibujos animados. Pero la “panacea” apenas duraba una hora. Después volvía contoda su fuerza el aburrimiento.

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