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Religiones del Mundo
Religiones del Mundo(c) 2002 EDITORIAL OCEANO
 
El concepto de trascendencia en la historia de la humanidad
 Hagamos un poco de ciencia ficción y supongamos que un investigador galáctico desciendeal planeta Tierra en el que se ha extinguido la raza humana: a través de las ruinas se disponea estudiar la conducta del hombre comparándola con la de los demás seres vivos. Deduceque el
Homo sapiens sapiens
, como todas las demás especies vivas, nació, creció, sereprodujo y murió; que, como casi todas las especies animales, aunque con una tecnologíamás evolucionada, construía sus cubículos; como muchas de ellas tenía una organizacióngregaria y jerárquica y sólo como algunas pocas fabricaba instrumentos, investigaba elfuncionamiento de la naturaleza y diseñaba estrategias de preservación personal y deutilización de los recursos en favor del clan.Aparentemente fue el único que se planteó algo tan inconsistente e intangible como latrascendencia. El hombre no sólo buscaba comida y comía; no sólo buscaba pareja y seapareaba, y establecía una vivienda elaborada como cubículo y se refugiaba en ella; no sóloestablecía relaciones de dominio y sumisión entre los suyos y los animales y plantas de suentorno; y, en el ámbito de estas relaciones, no sólo comerciaba y guerreaba.En la Tierra desierta quedan ciudades, mercados, comercios y edificios bancarios, entreotras innumerables huellas del paso y la acción del hombre en el planeta. Quedan lugares deencuentro y discusión, cines, teatros, salas de fiestas y cosos deportivos con taquilla en laentrada. Pero también quedan edificios singulares, aparentemente sin sentido, como lugaresde encuentro social y sin taquilla en la entrada, aunque con muros (a veces defensivos) y puertas: son los templos.¿Por qué, para qué el hombre erigió esos edificios no utilitarios y carísimos, de arquitecturacasi siempre pionera con relación al tiempo en que fueron construidos? ¿Sólo parademostrar el poder de la clase clerical que los mandó construir? ¿Qué se encuentra en elinterior de esos templos, sino espacios libres y, en todo caso, artes decorativas, y a vecesaltares y muebles obviamente pensados para que un humano se prosterne con menosincomodidad? ¿Para qué tanto dispendio y fastuosidad si en todo lo demás, excepto en la poesía, el
Homo sapiens
era una de las especies más depredadoras, asoladoras yutilitaristas?Las cuestiones que se planteará el antropólogo galáctico serán sorprendentes y, sin duda, larespuesta que dará, si no conoce la
trascendencia
(cosa difícil puesto que realiza susinvestigaciones en las estrellas), será la perplejidad más impenetrable. ¿Era el hombre tangoloso, tan voraz de vida que no le bastaba con aquella de la que gozaba, sino que pretendíaotra después de la muerte; o esa vida le resultaba tan penosa que sólo le quedaba comoconsuelo el refugio en la esperanza de una vida posterior mejor y llena de placeres? ¿Tanorgulloso era que pretendía la inmortalidad, a pesar de la fragilidad de su estructuracorporal y de la limitación de su capacidad cognitiva? ¿Tan infantil, a pesar de taninteligente, que pretendía comprar a los dioses unos atributos exclusivamentesobrenaturales, arrebatar para sí una esencia metafísica? ¿Y para ello rezaba, se mortificaba, peregrinaba, se reunía en multitudes orantes, cumplía mandamientos, daba limosnas, seejercitaba en la donación desinteresada a los demás? ¿Eran realmente desinteresadas lasconductas éticas de los seres humanos, regidas por ideas religiosas convertidas en principios de vida?
 
Volvamos a nuestro siglo XXI: en el planeta Tierra y a la altura de nuestros conocimientos,el fenómeno de la trascendencia es en apariencia exclusivo de la humanidad. Y tan difícilde definir que se ha dicho que cualquier explicación del fenómeno religioso estánecesariamente viciado por las ideas preconcebidas de quien intenta realizarla. Se puededescribir sin riesgo, quizás, como una realidad social que liga ("re-liga", éste es el origen dela palabra "religión") a cada una de las personas íntimamente con el entorno social dondesurge un determinado sistema de creencias; casi siempre da sentido a un sistema culturaltan amplio como se quiera y que implica a diversos conjuntos de grupos humanos étnica ygeográficamente afines. Un fenómeno, además, capaz de propagarse y de ser utilizadocomo instrumento de cohesión política interna así como de expansión externa, de cariznetamente imperial.Ésta es la historia del hombre en su inquietante dimensión espiritual, la aventura del robodel fuego sagrado, la manzana comida del árbol de la ciencia del bien y del mal, el osadoaldabonazo propinado a las puertas del Olimpo, del cielo, del Paraíso, en suma, del queaparentemente fue expulsado en los tiempos primeros y al que siempre tercamente pretendió regresar.
El culto en el Paleolítico
 Si el hombre prehistórico fue "religioso", es un misterio para nosotros porque sus mensajes,en caso de que hayan conseguido llegar hasta hoy, lo han hecho truncados por el tiempo, laruina, el saqueo... y el silencio.Tal vez hace decenas de miles de años uno de nuestros ancestros celebró un complejo ritualde ofrenda, durante el cual colocó en el suelo una piedra y puso encima de ella una cortezavegetal pintada de ocre, y en su interior una víscera asada de un animal recién cazado. Aquién iba dirigida la ofrenda, en qué consistía y, sobre todo, por qué y cómo se realizó, nolo narran los restos fósiles que nuestros científicos recogen, estudian, clasifican y guardanen museos. Los gestos y la palabra del ancestro, la víscera, la bandeja y hasta la propiamemoria del dios..., todo ha desaparecido. Y por lo que se refiere a la piedra, sólo el ojoexperto de un arqueólogo puede distinguirla de las demás piedras que afloran durante laexcavación.Es decir, que sabemos poco más que nada.Aun así, resulta seductora la idea de introducirnos en el silencio y el asombro que suscita lacontemplación de los restos no utilitarios de nuestros antepasados más remotos. Porque enun entorno de absoluta supervivencia en el que ellos tuvieron que moverse necesariamente,cualquier manifestación que no implique mera utilidad nos parece indicar una voluntad detrascendencia.En nuestros días se ha conseguido asentar una certeza sobre operaciones de culto religiosoy sobre un armazón de creencias entre los seres humanos primitivos. Sabemos, por ejemplo,que el hombre de Neanderthal tenía comportamientos que iban más allá del beber y elcomer, que amasaba bolas, recogía fósiles y ocre, y ocultaba a algunos de sus muertos...;quedan vestigios de un cierto "culto" a las osamentas, quizás al oso, han llegado hastanosotros colmillos perforados para llevar colgados a modo de trofeo... Pero de ahí no es posible deducir ideas precisas sobre el modo de pensar -religioso o no- de la Prehistoria, so pena de dar por verdad sentada lo que en realidad nunca sucedió o, si sucedió, fue por otros

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