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en un tono de absoluta indiferencia, Novski procura controlarel temblor: “¿Sí? ¿Cómo fue que el señor se enteró?” El doctorGrünwald, en un tono de quien pide disculpas, dice que leyó lanoticia aquella mañana, en la ciudad, en la vitrina de la agenciatelegráfica. Sin esperar el café, pálidos como la muerte, Novskiy Levin salen deprisa del salón y van a la ciudad en taxi. “Oí,aturdido”, observa Levin, “el rumor que venía de los salones y el tintineo de los cubiertos de plata, que remitía a guisos, y vi,como a través de una nevisca, un mundo que iba quedandoatrás de nosotros, como si se hundiese en aguasturbias”. Algunos testimonios llévanos a creer que Novski,arrastrado por una onda de entusiasmo y de amargura, recibióla noticia del armisticio, a pesar de todo, como un golpe. Levinhabla de crisis de nervios, y Zinaida Mikailovna rememora esaépoca con una prisa cómplice. Parece que Novski abandonó singran hesitación su Mauser, pero que en señal deremordimiento quemó los proyectos de sus bombas ofensivas y de los lanza-llamas que tenían un alcance de cerca de setentametros, y que se unió a las filas internacionalistas. Incansable y ubicuo, vamos a encontrarlo poco después entre los militantesde la paz de Brest-Litovsk, distribuyendo panfletos pacifistas y haciendo agitación, con ardor, entre los soldados, en pie sobrecajas de granadas, cuerpo erecto como una estatua. En esacharla rápida y, por así decir, indolora de Novski, el papelprincipal cabe a una mujer. En las crónicas de la revolución sencuentra su nombre: Zinaida Mikalovna Maisner. El famosoLeón Mikulin, que tuvo la infelicidad de apasionarse por ella, ladescribe con palabras que podrían haber sido grabadas enmármol: “la naturaleza le dio todo: inteligencia, talento,belleza”.
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DANILO KIŠ
Poro’uñolización de Cristino Bogado
Felicita Cartonera 2011