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Esas horas con Philip Agee (La última entrevista con el agente que delató a la CIA)

Esas horas con Philip Agee (La última entrevista con el agente que delató a la CIA)

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Published by Diego Ríos
Esta es la última entrevista que concedió Philip Agee, el ex agente de la CIA. Una de las contadísimas, además, pues a muchos periodistas les cerró amablemente la puerta. Pero a principios de 2007 aceptó abrir el archivo de sus recuerdos para hablar de México, de la masacre de 1968, abordada en muy pocas ocasiones por él después de la publicación de su libro Inside The Company: CIA Diary. Agee abrió su departamento de La Habana, Cuba, para hablar de aquellos años. De la larga conversación, acompañados de cigarros y gatos, se desprendieron muchos temas. Uno de ellos se recuperó en La otra guerra secreta —publicado por editorial Mondadori en noviembre pasado—, sobre el bloqueo y la censura que el gobierno de Luis Echeverría impuso a su obra en los setenta. Esa fue la razón por la que accedió a la entrevista. En esta entrega rescatamos algunos apuntes que quedaron en la libreta y en la memoria. Los tiempos se agotan.

Publicado en el No. 103 de Emeequis (21 de enero de 2008)
Esta es la última entrevista que concedió Philip Agee, el ex agente de la CIA. Una de las contadísimas, además, pues a muchos periodistas les cerró amablemente la puerta. Pero a principios de 2007 aceptó abrir el archivo de sus recuerdos para hablar de México, de la masacre de 1968, abordada en muy pocas ocasiones por él después de la publicación de su libro Inside The Company: CIA Diary. Agee abrió su departamento de La Habana, Cuba, para hablar de aquellos años. De la larga conversación, acompañados de cigarros y gatos, se desprendieron muchos temas. Uno de ellos se recuperó en La otra guerra secreta —publicado por editorial Mondadori en noviembre pasado—, sobre el bloqueo y la censura que el gobierno de Luis Echeverría impuso a su obra en los setenta. Esa fue la razón por la que accedió a la entrevista. En esta entrega rescatamos algunos apuntes que quedaron en la libreta y en la memoria. Los tiempos se agotan.

Publicado en el No. 103 de Emeequis (21 de enero de 2008)

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Categories:Types, Research, History
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07/10/2013

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 |EMEEQUIS| 
21 de enero de 2008
 
La úLtima en
istockphoto
 
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Esta es la última entrevista que concedió Philip Agee, el ex agentede la CIA. Una de las contadísimas, además, pues a muchos perio-distas les cerró amablemente la puerta. Pero a principios de 2007aceptó abrir el archivo de sus recuerdos para hablar de México, de lamasacre de 1968, abordada en muy pocas ocasiones por él despuésde la publicación de su libro
Inside The Company: CIA Diary 
. Ageeabrió su departamento de La Habana, Cuba, para hablar de aquellosaños. De la larga conversación, acompañados de cigarros y gatos, sedesprendieron muchos temas. Uno de ellos se recuperó en
La otra guerra secreta 
publicado por editorial Mondadori en noviembre pa-sado, sobre el bloqueo y la censura que el gobierno de Luis Eche-verría impuso a su obra en los setenta. Esa fue la razón por la queaccedió a la entrevista. En esta entrega rescatamos algunos apuntesque quedaron en la libreta y en la memoria. Los tiempos se agotan.El de Agee llegó el martes 8 de enero. Murió en la isla a los 72 años.Ésta la última entrevista del agente que delató a la CIA.
trevista con eL agente que deLató a La cia
Por Jacinto Rodríguez Munguía
 
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 |EMEEQUIS| 
21 de enero de 2008
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ste texto tiene como uente losapuntes que siempre quedan en las libretas, la grabaciónde su voz en las horas que platicamos y los jirones que alpaso de los días arrebatamos a la memoria, en este casode aquel inesperado encuentro con Philip Agee la mañanadel 23 de abril de 2007 en La Habana, Cuba.Los diarios del miércoles 9 de este enero reportaronque Agee había muerto. Qué vuelcos da la vida. Un correoelectrónico desató el viaje a La Habana y el encuentro conese personaje, un hombre que, por donde se vea, se con-virtió en reerente para la historia latinoamericana, sobretodo la de los años de la guerra sucia en el continente.Luego del encuentro en su departamento de La Haba-na se desataron una serie de acontecimientos nada casua-les. Quien esto escribe supo y sintió lo que es estar dete-nido por militares cubanos y agentes civiles. Uno sabe quecada acto tiene sus consecuencias, en este caso, el haberintentado burlar como turista al aparato de inteligencia dela isla para entrevistar a uno de los hombres consentidosdel régimen cubano, del mismo Fidel Castro.Mi salida de Cuba quizá se habría complicado si Phi-lip Agee no hubiera aceptado que él me había invitado.Estoy cierto de que alguna de las tantas llamadas que losagentes hicieron durante la hora en que se me retuvo, al-guna debió ser para Philip Agee.Este miércoles 9 cuando se inormó de su muerte,me acordé de ello, de la conversación, de los gatos, de lasmujeres cansadas de andar el tiempo que se disolvían conlos muebles y el viejo departamento resistiendo la uerzadel viento que arrastraba el olor y la humedad del mar delCaribe.
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Mi primer encuentro con Philip Agee ocurrió en el ArchivoGeneral de la Nación: un expediente de los que habitan enla Galería II y en el que se cuenta a detalle todo el proceso decensura contra un libro –
Inside the Company: CIA Diary
 
y
 
su autor, Philip Agee. Ese hallazgo ocurrió por ahí de 2002,acaso 2003. El dato debe estar anotado en las hojas desor-denadas que conorman un caótico índice personal de loque revisamos en ese acervo.El expediente cuenta una historia que para esos años,los setenta, era lugar común: la censura de libros incómo-dos al poder. Cómo se había bloqueado la publicación ensu versión en español de
Inside the Company: CIA Diary
.Esta historia completa ocupa un capítulo de
La otra guerrasecreta
 
(Los archivos prohibidos de la prensa y el poder)
.Este hallazgo ue apenas un primer paso hacia lo queme llevaría a hablar con el ex agente.Comenzaron entonces los días y los años de perseguirsu historia. Años hurgando su paradero, persiguiendo aeste hombre para preguntarle por su libro, el
 
que habríaincomodado a tantos gobiernos latinoamericanos, in-cluido el de Luis Echeverría. “Vive en Cuba”, era la únicapista.Días, meses y años de espera. Una tarde de abril caíaese correo con el remitente: “Philip Agee”. Y un mensajebreve, sin matices ni detalles. “Acepto la entrevista. Loveo en La Habana el próximo domingo. Salgo luego a Ale-mania y no sé cuándo regrese…”Un intercambio inmediato de correos electróni-cos, un número teleónico de La Habana y la adverten-cia: “Venga solo. Cuando llegue al hotel me llama”. Y unacuerdo. Nada de diundir detalles de cómo se dio el con-tacto ni mucho menos del lugar del encuentro.En la entrevista publicada en el número 087 de
emee-quis
(octubre de 2007) decíamos que de la conversacióncon Philip Agee sólo se podía decir que ue en La Habana,que cerca se escuchaba estallar el oleaje, y el humor delmar llegaba como un perume de mujer que no se quitanunca de la piel. De esa conversión, se explicaba, se podíadecir que ocurrió en el piso de un viejo edicio, acompa-ñados de dos gatos blancos, intensamente blancos, y de-cenas de otos e imágenes que se van cosechando de viajeen viaje, de estación en estación.Hoy vale la pena contar otros detalles que hace unosmeses se guardaron.La llegada a La Habana ocurrió al medio día de undomingo. Me dirigí al Hotel Riviera, uno de esos hotelesde lujo donde se respira en cada uno de sus ragmentos losaños cincuenta del siglo XX.La recomendación de Agee había sido precisa:“Cuando llegue al hotel me llama”. Nada aseguraba que elhombre que había escrito el email uera Agee. Nada. Ya enel hotel, dejé pasar no sé cuánto tiempo antes de levantaruno de esos teléonos que ya no se encuentran más que entiendas de reliquias.Entre mi arribo al Riviera y la llamada reconocí quetodo este viaje podría no ser más que una absurda aven-tura guiado más por instinto que por certezas. No habíani una sola a la qué asirse. No sé cuánto tiempo pasó, nicuántos cigarrillos consumí mirando el mar, haciendoanotaciones en una libreta. Ahí nacieron varios borrado-res de historias que aguardan su continuidad.Y entonces, la llamada.(…) El teléono suena, uno, dos, tres… Colgar.

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