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Acción y represión del movimiento anarquista en Argentina (1870-1936). El sentido practico libertario

Acción y represión del movimiento anarquista en Argentina (1870-1936). El sentido practico libertario

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Ensayo histórico-antropológico del movimiento anarquista en Argentina (1870-1936)
Ensayo histórico-antropológico del movimiento anarquista en Argentina (1870-1936)

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“El sentido práctico libertario en Argentina (1870-1936). Despliegue de acción yrepresión del movimiento anarquista”
*
 
Pablo E. Cosso
 
1. IntroducciónLa experiencia hegemónica
Desde la década del ’70 del siglo XIX hasta mediados de 1930, el movimiento anarquista, se presentaante los distintos bloques históricos hegemónicos, como un peligroso “adversario político”, que opone dentrodel proceso de consolidación del Estado-Nación argentino y del asentamiento del modo de produccióncapitalista en el país, su estructura política (ajena a cualquir formato partidario) a los fines de orientar ydesarrollar una propuesta radical de cambio social. En dicho período, la cultura política hegemónica asumediferentes formatos de dominación: en principio como régimen oligárquico, luego como liberalismodemocrático (radicalismo popular y el “anti-personalismo” de tinte conservador) y por último resume unaestructura autoritaria surgida con el ‘golpe de Estado’ y la toma del poder político por parte de los militares ysu secuela semi-democrática derivada (de re-orientación conservadora y fraudulenta) en la década de 1930.La cultura política hegemónica, históricamente establecida como un conjunto de formas simbólicasagrupadas en torno a un sistema ideológico, representado éste a su vez por un conjunto de ideas einstituciones
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que se imponen como orientaciones legítimas sobre el mundo social; encontró sus canales deconsenso y coerción social deslegitimados por una dinámica contra-hegemónica, desplegada por elmovimiento y las ideas libertarias a lo largo de más de siete décadas, en las principales ciudades del país(Buenos Aires y Rosario) y en zonas rurales de la patagonia y la pampa húmeda.Los métodos represivos, legales, ilegales y estigmatizantes, activados por los sectores hegemónicos(civiles y políticos) para enfrentar de manera reactiva ó preventiva a las ideas anarquistas y sus institucionesdesprovistas de jerarquizaciones, autoritarismos y depuradas de aceptaciones dóxicas sobre la realidad social,se aplicaron a los fines de controlar y neutralizar a un “adversario político”, resignificado posteriormente como“enemigo” (cual signo bélico) dentro de un proceso de “criminalización” del anarquismo en Argentina.El régimen oligárquico (1880-1916), según afirma N. Botana (1985:70), consistía en un “sistema dehegemonía gubernamental que se [mantenía] gracias al control de la sucesión”, posible a su vez por laintervención de hombres que controlaban el poder (económico y político), los cuales se hallaban capacitadospara emitir votos dentro del sistema electoral y ocupar cargos gubernamentales, en virtud de su pertenencia alestrato económico-social dominante. El fraude electoral y la negación coercitiva en los sectores populares(dominados) del ejercicio del voto “democrático”, fue la manera de reproducción de dicho orden social, quetuvo como principales hombres en el poder, a los presidentes: J.A. Roca, Juárez Celman, Figueroa Alcorta,Quintana, L. y R. Sáenz Peña.En 1916, la Unión Cívica Radical con H.Yrigoyen a la cabeza (tras la reforma electoral de SaenzPeña), logra “arrancar” por la vía constitucional el “gobierno de la oligarquía terrateniente y el comerciante”(O. Bayer, 1985:31), más no produce grandes cambios respecto del poder económico del orden hegemónicoprecedente
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. Como afirma Bayer: “…su tímido reformismo [refiriéndose a Yrigoyen] logró si democratizar,
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Monografía para aprobar la cátedra de “Procesos Sociales de América III (2008)”, Carrera de Antropología (UNSa.).Contacto: kossopa@hotmail.com
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L. Zanatta (1996) propone como definición de las “ideas” dentro de una cultura política, lo siguiente: “… “ideas”, en primer lugar,entendidas como “culturas políticas”, como “sistemas de valores” de una corriente dada de pensamiento, ya que se considera que éstasinciden profundamente sobre el comportamiento político y social de quienes lo profesan…” (Op.cit.:15). Por “instituciones”, Zanatta,entiende al: “…vehículo privilegiado de autorreforzamiento y difusión de las ideas que en ellas se consolidan y asumen la forma deidentidades colectivas…” (
ibidem
).
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Afirma Del Campo (1973a:74), al respecto: “…Los radicales, pese a ciertas actitudes nacionalistas y populistas, gobernaron sinalterar sustancialmente la estructura económico-social…”.
 
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aumentar la participación de las masas [pero] fueron insuficientes para enfrentar las crisis por las que atravesósu gobierno…” (
ibidem
). Diversas crisis que tomaban densidad a partir de los reclamos y las huelgas obreras,que según datos de Del Campo (1973a:84), fueron ‘in crescendo’ en los tres primeros años de su presidencia:en 1917, hubo 138 huelgas; en 1918, crecieron a un número de 196 y en 1919 llegaron hasta 367 casos. Lo queno ocurrió bajo el régimen oligárquico, sugiere Bayer: “…durante el cual la represión [obrera] no llegó aalcanzar las características de matanzas colectivas-sucedió bajo el gobierno populista de Yrigoyen…”(Op.cit.:31). Prosigue el historiador, afirmando que
:“…Cuando los trabajadores industriales de Buenos Aires se levantaron, él dejó que la oligarquía reprimieraa través del ejército y los comandos de ‘niños bien’ [vgr. “Liga Patriótica”]. Se originó así la “Semanatrágica de enero de 1919. Cuando el trabajador rural patagónico exigió con firmeza una serie dereivindicaciones y ese movimiento amenazó con salir de su cauce meramente sindical […] dejó que elejército defendiera el orden latifundista a sangre y fuego…” (
ibidem
)
Los períodos de la Unión Cívica Radical en el poder político: 1916-1922 ocupado en primera instanciapor su principal “caudillo popular”, luego su representante más apegado al conservadurismo político, M.T deAlver (1922-1928) y el lapso de dos años ocupado nuevamente por Yrigoyen, hasta el ‘golpe de Estado’militar uriburista, fueron desarrollados bajo el modelo agro-ganadero exportador (legado del orden económico-político conservador que acompañaba a los tradicionales terratenientes), paralelamente contando en los últimosaños con una incipiente industrialización manufacturera (alimenticia, frigorífica, farmaceútica, etc.) y deproducción de insumos (químicos, para la construcción, etc.) que toma empuje en el país de la mano decapitales extranjeros.El ‘golpe militar’ de 1930, es el colorario de un momento histórico atravesado por la crisis económicadel ’29 y el “debilitamiento hegemónico” del proyecto liberal en Argentina ( L. Zanatta, 1996:25). El caminodel autoritarismo armado, es aquél que toma la “tradición civil y política” que habría quedado relegada por lasideas y las instituciones liberales. Los agentes vinculados a las “antiguas” elites de la fórmula de dominaciónoligárquica, la iglesia católica y el ejército, asumirían un imaginario mesiánico de reconstrucción del ‘ser nacional’ frente al precedente ‘caos’ liberal (afianzador de los derechos y las obligaciones del individuo,dentro de una sociedad secularizada y contractualista), de igual manera respecto de sus efectos “menosdeseados”: el socialismo y el anarquismo. El anhelado “retorno” a la economía-política sostenida en unaestructura social dominada por las jerarquías “tradicionales”, desprovista a su vez, de movimientos deoposición al ‘statu quo’, se instaura finalmente como sentido práctico (violento y autoritario), el cual deja másallá de sus intentos “legalistas”, un vínculo de hibridez entre la “vieja política” y los lineamientosdemocráticos (pre-existentes) manifiestos en el “fraude electoral patriótico” y la proscripción del radicalismopara la instancia electoral. Tras el “exitoso” embate represivo del Gral. Uriburu (1930-32), asume A.P. Justo(1932-38) en forma fraudulenta la presidencia del país.
La experiencia contra-hegemónica
A grandes rasgos puede concebirse al anarquismo como la dinámica social desplegada por individuosy grupos que niegan cualquier tipo de gobierno, ya sea autoritario ó democrático. Los ‘sitios de poder’requeridos para la organización de una realidad compartida, según se manifiestan en otros sistemas sociales,no son en éste caso “ocupados” por ninguna autoridad (electa ó tiránica), sino que las interrelaciones humanas,están basadas en acuerdos mutuos y solidarios. Se trata pues, de libre-asociaciones individuales y colectivas:económicas, gremiales, familiares, etc., que el imaginario anarquista, vinculó a un espacio utópico (acracia),del cual derivaría el término con el que luego serían reconocidos sus militantes, es decir como ‘ácratas’. Elanarquismo, entonces puede considerarse como un sistema de interrelaciones sociales que rechaza cualquier signo de autoridad u opresión, para la conformación de la realidad social.La trascendencia del plano de proyección “utópico”, se vincula a un sentido práctico indispensablepara llevar a cabo el estado de anarquía: la revolución social. El periódico anarquista, “La Protesta Humana”,editado a principios del siglo XX en la ciudad de Buenos Aires (1902), definía la ideología socialista libertariay su componente revolucionario, de la siguiente manera:
“…El socialismo libertario iniciado por Proudhon y desarrollado por Bakunin, pretende la realización delideal socialista por medios directos, francamente revolucionarios, sin admitir la lucha política […] y sin
 
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recurrir a la intermediación de un estado obrero […propone] Que el pueblo, en fin, efectúe directamente laexpropiación y socialización de los bienes naturales y creados, dejando a su libre iniciativa la organizaciónde la producción, del consumo, del cambio, de la instrucción, etc. Los socialistas libertarios, considerandoque el Estado es poder, que poder es tiranía, y que la tiranía es la negación de la libertad humana, dejan a lalibre iniciativa de los individuos y de las colectividades lo que los legalistas pretenden…” (H. Del Campo,1973b:310)
Desde ambos lados: hegemónico y subalterno, las culturas políticas se ligan a cosmovisionesdiferenciales, desde las cuales proponen construir un mundo social específico. Compartimos la definición deL. Zanatta, cuando afirma que una cultura política es un: “…conjunto orgánico de ideas que, a través decualquier canal, se proponen incidir sobre la realidad política y social y como consecuencia la influyen y latransforman…” (Op.cit; 1996:16). La definición de Zanatta, nos habilita pues a considerar a la cultura políticaanarquista, en su situación subalterna, como una dinámica social que no solo se proponía modificar unarealidad, sino que como los hechos lo demuestran, ejercitaron una praxis política concreta, frente a la cual losórganos de consenso direccionado y coerción hegemónicos actuaron constantemente en el período analizado.En éste sentido el carácter de subalternidad debería ser reconsiderado por el de contra-hegemonía, sobre todopara disipar las ‘tinieblas’ teóricas y del sentido común que tildan al anarquismo de un “indefenso” productoutópico, cuasi romanticista. De todos modos su carácter de cultura política subalterna
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se halla históricamentesituado; simplificando los “parámetros teóricos gramscianos”, como un sector de la sociedad civil y políticaque no ha cristalizado sus formas simbólicas y prácticas colectivas en órganos hegemónicos de dirección yconsenso social. Pese a ello y en consonancia con A. Petra (2001) entendemos que: “…La cultura políticaanarquista, se constituye […] formando parte de un imaginario antijerárquico que, a lo largo de la historia, aactuado como contrapeso individual ó colectivo frente a la imaginación hegemónica…” (Op.cit.:4).Asentado el término teórico de contra-hegemonía, es conveniente describir los métodos de lucha delmovimiento libertario desde sus diferentes tendencias radicales vinculadas al cambio social. Por un lado, losde los anarquistas expropiadores, definidos por O. Bayer (2008) como: “…Curiosos personajes que atacaban ala sociedad (burguesa) a bombas y a tiros […] defendiendo un vellocino de oro transparente e inmanente: lalibertad…” (Op.cit.:8-9). Por otro lado la presencia del anarquismo colectivista, como conjunto organizado demilitantes que desplegaba en el movimiento obrero argentino, su principal herramienta de protesta y accióndirecta: la huelga general, como preludio “mentado” de la revolución social. En el IV°Congreso de la F.O.A.
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 (1904), se aprueba una declaración en la cual se otorga “valor pedagógico” a las huelgas, respecto de la huelgageneral y del cambio social propuesto por el anarquismo colectivista:
“…El Congreso reconoce que las huelgas son escuelas de rebeldía y recomienda que las parciales se haganlo más revolucionarias que sea posible para que sirvan de educación revolucionaria y éstas de preámbulopara una huelga general que pueda ser motivada por un hecho que conmueva a la clase trabajadora y que lafederación debe apoyar…” (Abad de Santillán, 1933 (r.:2004):120)
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El anarquismo colectivista ‘cobra vida’ en la historia del movimiento obrero argentino con la apariciónde las primeras “sociedades de resistencia obrera” de la década del ’80 del siglo XIX, las cuales derivaríanposteriormente en gremios combativos y federaciones obreras que al menos hasta la década del ’30 del sigloXX, no promovían al acercamiento con ninguna institución estatal intermediadora de sus demandas laborales ysociales. Sobre ésta primera etapa de orientación contra-hegemónica, Del Campo (1973b.) sugiere que: “…Lassociedades gremiales eran para los anarquistas organizadores [colectivistas], el ámbito más propicio para la
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A. Petra (2001), en su trabajo: “ Anarquistas: cultura y lucha política en la Buenos Aires finisecular. El anarquismo como estilo devida”, sugiere abordad la identidad política del anarquismo desde su condición de subalternidad respecto de una cultura dominante.
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Federación Obrera Argentina, de orientación anarquista
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El valor que los anarquistas otorgaban a la
huelga general 
, desde el ‘punto de vista de los actores sociales’ puede confontarse, conuna definción científica (ó desde el ‘punto de vista del investigador social’), que se corresponde con la siguiente estructura cognitiva:“…En la medida en que en la huelga general el conjunto de los obreros se enfrenta al conjunto de los capitalistas y al gobierno delestado, se expresa potencialmente en ella, no importa la conciencia que de ello tengan sus protagonistas, la lucha contra la forma deorganización social vigente basada en la relación capital-trabajo asalariado, es decir, contra el capitalismo mismo…” (N. Iñigo Carrera,2004:23).

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