continuamente les envían madres con problemas de lactancia desde los hospitales y las consultas deatención primaria: pezones con grietas por una incorrecta succión, bebés que se declaran en 'huelga',crisis de lactancia... Casi todo tiene fácil solución si se sabe qué hacer. A su juicio, el origen delproblema tiene dos caras. Por un lado, la falta de formación en lactancia materna, una materia que nisiquiera se estudia en la carrera. Por otro, la presión y la publicidad de las casas comerciales, a las que«ni el más honrado» puede sustraerse. La industria de la alimentación infantil, asegura, patrocinacongresos, paga viajes «muy apetecibles» y financia investigaciones. A cambio, coloca en hospitales yambulatorios su leche, sus chupetes, su suero glucosal, sus carteles publicitarios con lustrosos niñosrubios... «Se supone que no es legal, pero ¿quién le mete mano a eso?», se pregunta.Linares, educadora social con tres hijos, explica que un pediatra mal informado puede, desde suposición de autoridad, aconsejar mal a una madre inexperta. Pero hay otros factores que influyen enlas mujeres, desde la brevedad de la baja maternal hasta el estereotipo que presenta a la madrelactante como una esclava «resignada y sacrificada» y a la que usa el biberón, como una profesional«moderna e independiente». Sin embargo, destaca, hoy amamantan más las mujeres con mayor nivelde formación y las que trabajan, por encima de las amas de casa. El viejo paradigma de la lactancia,las gitanas, está pasado de moda: en Granada, los pediatras de la Zona Norte «se las ven y se lasdesean» para que las madres den el pecho. En Estados Unidos, agrega, la tasa de lactancia essuperior entre las blancas que entre las negras e hispanas. Estas últimas siguen siendo víctimas de lapublicidad que presenta la leche en polvo como un signo de riqueza y progreso que, además, vuelve alos bebés preciosos y rubios.
BLANCA HERRERAMatrona«La formación es errónea»
Blanca Herrera reconoce que tanto los pediatras como las matronas han recibido una formación«errónea» y desfasada en relación a la alimentación infantil, por lo que deberían reciclarse. LaAsociación Andaluza de Matronas, a la que pertenece, pide patrocinio para sus congresos a «casascomerciales que apoyan la lactancia materna» -por ejemplo, las que fabrican sacaleches- y no a lasque producen fórmula. «Hay que ser un poco coherente con lo que se predica», afirma.En su opinión, muchos médicos hacen gala de un «desconocimiento bastante intenso» en este terreno.«Una pediatra me contó que su bebé era tan glotón que tuvo que darle alimentación complementariacasi desde el principio. Cualquiera que conozca un poco la lactancia materna sabe que una mujer produce leche suficiente para amamantar a su bebé. Pero como ésa es su creencia, ésa es la creenciaque transmite en su consulta. En realidad, sólo el 1% de las mujeres no puede dar de mamar por unacausa médica justificada -recuerda Herrera-. Y en el momento en que empiezas a dar suplementos aniños de menos de 6 meses, la lactancia prácticamente está perdida: los biberones sacian más, elbebé tiene menos ganas de comer y, al no haber succión, la madre va perdiendo la leche».Otro ejemplo: la mayoría de los bebés sufren una «crisis de lactancia» hacia los 4 meses y vuelven apedir teta cada hora y media. Eso no significa que la madre no tenga suficiente leche -cuanto mássuccione el niño, más producirá-, pero si no está bien asesorada, puede acabar tirando la toalla ycogiendo el biberón.«Se busca la solución rápida, la fácil», lamenta la matrona, quien recuerda que el bebé amamantadotiene menos alergias -ha probado muchos alimentos a través de su madre-, menos asma y menosinfecciones; por tanto, acude menos al médico. «Mi pediatra conoce a mis hijas del Control del NiñoSano: no han tomado antibióticos en su vida».La matrona admite que muchos aliados de la fórmula no pertenecen al mundo sanitario. «En la épocade nuestras madres no estaba bien visto dar el pecho, así que hemos perdido el apoyo de lageneración que nos tenía que enseñar a amamantar», lamenta.
JOSÉ LUIS BONALPresidente de la SEPEAP«Hay presión porque gusta el bebé rollizo»