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San Gregorio de Niza - Escritos

San Gregorio de Niza - Escritos

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San Gregorio de Nisa (Griego: Ἅγιος Γρηγόριος Νύσση; n. entre 330 y 335 en Cesarea de Capadocia y † entre 394 y 400 en Nisa, Capadocia) también conocido como Gregorio Niseno, fue obispo de Nisa en Capadocia en el siglo IV y teólogo. Venerado como santo en la Iglesia católica y en la ortodoxa. Considerado entre los cuatro Padres griegos de la Iglesia y uno de los tres Padres Capadocios. Hermano menor de san Basilio el Grande y santa Macrina la joven, igualmente, fue amigo de Gregorio Nacianceno con quién se le suele confundir.
San Gregorio de Nisa (Griego: Ἅγιος Γρηγόριος Νύσση; n. entre 330 y 335 en Cesarea de Capadocia y † entre 394 y 400 en Nisa, Capadocia) también conocido como Gregorio Niseno, fue obispo de Nisa en Capadocia en el siglo IV y teólogo. Venerado como santo en la Iglesia católica y en la ortodoxa. Considerado entre los cuatro Padres griegos de la Iglesia y uno de los tres Padres Capadocios. Hermano menor de san Basilio el Grande y santa Macrina la joven, igualmente, fue amigo de Gregorio Nacianceno con quién se le suele confundir.

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ESCRITOS DEGREGORIO DE NISA
 El hombre, señor de la creación¿Qué significa ser cristiano?La meta divina y la vida conforme a la verdad:La meta divinaLa vida común
El hombre, señor de la creación
(La creación del hombre, Il - IV)Todavía no se hallaba en este hermoso domicilio del universo la criatura grande y excelente quellamamos hombre. Realmente no era conveniente que apareciera el soberano antes que los súbditossobre quienes tenía que mandar. Preparado primeramente el imperio, era lógico que se proclamareluego el emperador; es decir, después que el Hacedor de todas las cosas le hubo dispuesto lacreación entera a modo de regio palacio.Ese palacio es la tierra, las islas, el mar y, finalmente, el cielo, tendido sobre todo como una bóveda.Y en este palacio se reunieron riquezas de todo linaje; riquezas llamo a la creación entera, cuantasplantas y árboles hay en ella, y cuanto en ella siente, respira y está animado. Y si entre las riquezashay que contar otras cosas que, por su elegancia o la belleza de su color, tienen los hombres porpreciosas -por ejemplo, el oro, la plata y las piedras preciosas, que codician los hombres-, tambiénéstas, en abundancia, las escondió Dios, como regios tesoros, en las profundidades de la tierra.Después hizo aparecer al hombre en el mundo para que fuera, de una parte, espectador de susmaravillas, y de otra, amo y señor; y por la hermosura y grandeza de lo que contemplaba, rastrearael poder inefable de quien lo hiciera todo, que ningún discurso alcanza. He aquí la causa por la queel hombre fue introducido el último en el mundo, después de creado todo lo demás; no es que fueraechado al último lugar como despreciable, sino que, apenas nacido, recaía sobre él la realeza de lacreación que había de estarle sujeta.Un excelente anfitrión no introduce a su convidado en casa antes de que esté dispuesta la comida.Primero se prepara todo dignamente, se adorna espléndidamente la casa, el comedor, la mesa; unavez que todo está a punto, se introduce al convidado dentro del hogar. Así el Señor, nuestroanfitrión opulento y espléndido, después que hubo adornado elegantemente su casa y preparado ungran convite en el que no había de fallar deleite alguno, introdujo finalmente al hombre, al que letocaba no adquirir lo que faltaba, sino gozar de lo que allí había. De ahí que hiciera Dios que elhombre, por su constitución misma, constara de dos elementos, mezclando lo espiritual con loterreno. De este modo habría de resultarle connatural y propio el doble goce: de Dios, por la partemás divina de su naturaleza; de los bienes de la tierra, por la sensación, que es también terrena.Tampoco hay que pasar por alto que la creación es, por decirlo así, improvisada por el divino poder:los cimientos del mundo y todo el universo aparecen sin más arte, al mandato de Dios. Pero lacreación del hombre va precedida de un consejo; el artífice, por la pintura de su Verbo, delinea deantemano su obra futura; y nos dice cómo ha de ser y de qué original ha de copiar la imagen, paraqué fin será creado, qué hará en cuanto nazca y sobre quiénes imperará. Todo lo discute deantemano el Verbo, a fin de que el hombre reciba una dignidad más antigua que su mismonacimiento, y, antes de recibir el ser, posea la soberanía sobre los demás seres creados. Por eso
 
cuenta la Escritura que dijo Dios: hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza, e impere sobrelos peces del mar, sobre las bestias de la tierra, y sobre las aves del cielo, y sobre la tierra entera (Gn1, 26).¡Oh maravilla! Es creado el sol, y no precede consejo alguno. Lo mismo el cielo, que no tiene igualpor su belleza en la creación. Toda esa maravilla surge al imperio de una sola palabra, sin que laEscritura nos diga de dónde, ni cómo, ni cosa otra alguna. Y así, sucede con todas y cada una de lasdemás criaturas: los astros, el aire que nos separa de ellos, el mar, la tierra, los animales, las plantas,todo se produce por la simple palabra de Dios. Sólo para la formación del hombre se prepara elHacedor del universo con una deliberación, y dispone previamente la materia de la obra, ydetermina el ejemplar de belleza a que ha de asemejarse, y, señalado el fin para el que ha de nacer,le fabrica una naturaleza correspondiente y propia para las operaciones que ha de ejecutar yacomodada al fin que se le propone.A la manera que, en las cosas humanas, los artífices dan a los instrumentos que fabrican aquellaforma que parece ser la más idónea al uso a que se destinan, así el Artífice sumo fabricó nuestranaturaleza como una especie de instrumento, apto para el ejercicio de la realeza; y para que elhombre fuera completamente idóneo para ello, le dotó no sólo de excelencias en cuanto al alma,sino en la misma figura del cuerpo. Y es así que el alma pone de manifiesto su excelsa dignidadregia, muy ajena a la bajeza privada, por el hecho de no reconocer a nadie por señor y hacerlo todopor su propio arbitrio. Ella, por su propio querer, como dueña de sí, se gobierna a sí misma. .¿Y dequién otro, fuera del rey, es propio semejante atributo?Según la costumbre humana, los que labran las imágenes de los emperadores tratan primeramentede reproducir su figura y, revistiéndola de púrpura, expresan juntamente la dignidad imperial. Es yauso y costumbre que a la estatua del emperador se le llame emperador; así, la naturaleza humana,creada para ser señora de todas las otras criaturas, por la semejanza que en sí lleva del Rey deluniverso, fue levantada como una estatua viviente y participa de la dignidad y del nombre deloriginal primero. No se viste de púrpura, ni ostenta su dignidad por el cetro y la diadema, puestampoco el original lleva esos signos. En vez de púrpura se reviste de virtud, que es la más regia delas vestiduras; en lugar de cetro se apoya y estriba sobre la bienaventuranza de la inmortalidad; y enel puesto de la diadema se ciñe la corona de la justicia; de suerte que, reproduciendo puntualmentela belleza del original, el alma ostenta en todo la dignidad regia.
¿Qué significa ser cristiano?
Epístola a Armonium, 4 - 11)¿Qué significa ser cristiano? Seguro que la consideración de este asunto nos deparará muchoprovecho.En efecto, si captamos con precisión lo que se significa con este nombre - cristiano - , recibiremosgran ayuda para vivir virtuosamente. Pues nos esforzaremos, mediante una conducta más elevada,en ser realmente lo que nos llamamos.Así le sucede, por ejemplo, al que se llama médico, orador o geómetra: no deja que se le prive deeste titulo a causa de su incompetencia, como le ocurriría si en el ejercicio de su profesión se leencontrara sin la experiencia debida. Por el contrario, como no quiere que su nombre se le apliquefalsamente, se esfuerza por hacerlo verdadero en su trabajo. Lo mismo debe apreciarse en nosotros.Si buscamos el verdadero sentido de ser cristiano no querremos apartarnos de lo que significa elnombre que llevamos, para que no se emplee contra nosotros la anécdota de la mona, tan divulgadaentre los paganos.Cuentan que en la ciudad de Alejandría un titiritero había domesticado a una mona para quedanzase. Aprovechando su facilidad para adoptar los pasos de la danza, le puso una máscara dedanzante y la cubrió con un vestido apropiado. Le puso unos músicos y se hizo famoso con el simio,
 
que se contoneaba con el ritmo de la melodía. El animal, gracias al disfraz, ocultaba su naturalezaen todo lo que hacía. El público estaba sorprendido por la novedad del espectáculo; pero había unniño mas astuto, que mostró a los espectadores boquiabiertos que la mona no era más que unamona.Mientras los demás aclamaban y aplaudían la agilidad del simio, que se movía conforme al canto yla melodía, el chico arrojó sobre la orquesta golosinas que excitan la glotonería de estos animales.Cuando la mona vio las almendras esparcidas delante del coro, sin pensarlo más, olvidadaenteramente de la música, de los aplausos y de los adornos de la vestimenta, corrió hacia ellas.Cogió con las manos todas las que encontró y, para que la máscara no estorbase a la boca, se quitócon las uñas apresuradamente la engañosa apariencia que la revestía. De este modo, en vez deadmiración y elogios, provocó la risa del público, puesto que, bajo los restos del disfraz, aparecíarisible y ridícula.La falsa apariencia no le fue suficiente a la mona para que la considerasen un ser humano, pues suverdadera naturaleza se descubrió en su glotonería por las chucherías. Así, también serándescubiertos por las golosinas del diablo aquellos que no conformen realmente su naturaleza a la fecristiana y sean una cosa distinta de lo que profesan.En efecto, la vanagloria, la ambición, el afán de riquezas y de placer, y todas las demás cosas queconstituyen la perversa mercancía del diablo son presentados como chucherías a la avidez de loshombres, en lugar de higos, almendras o cualquiera de esas cosas. Esto es precisamente lo que llevaa descubrir con facilidad a las almas simiescas: quienes simulan el cristianismo con fingimientohipócrita, se quitan la máscara de la templanza, de la mansedumbre o de cualquier otra virtud en eltiempo de la prueba.Es necesario conocer la tarea que lleva consigo llamarse cristiano. Sólo así llegaremos a ser deverdad lo que el nombre exige, para que no suceda que, si nos revestimos con el mero ropaje delnombre, aparezcamos ante Aquél que ve en lo escondido como algo distinto de lo que aparentamosser en lo exterior.
LA META DIVINA Y LA VIDA CONFORME A LA VERDAD (1)A LOS ASCETAS QUE LO HABÍAN INTERROGADOMeta I
Esbozo (hypotypose) sobre el fin de la piedad, sobre la vida común y sobre la carrera para correr encomún.
PRIMERA PARTE: LA META DIVINA
Si alguien aleja un poco del cuerpo la facultad de conocer, si se libera de la servidumbre de susimpresiones irracionales, y mira su alma desde arriba por medio de una reflexión sincera y pura, éseverá claramente en su misma naturaleza la caridad de Dios para con nosotros, y la voluntad delCreador hacia nosotros. En efecto, por medio de esta reflexión encontrará que existe en el hombre elimpulso connatural e innato de un deseo que lo lleva hacia lo bello y lo excelente; y que existe en sunaturaleza el amor impasible y feliz de esta "Imagen" inteligible y bienaventurada cuya imitación esel hombre.Pero si el alma está despreocupada y no se mantiene en guardia contra sus distracciones, una carreraerrante, de una a otra de las cosas visibles y efímeras va a seducirla y a encantarla. Con una pasióndescabellada y un amargo placer la arrastrará hacia un mal temible, que nace de las voluptuosidadesde la vida, y que engendra la muerte para cualquiera que se prenda de ellas.

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