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Lucio Anneo Seneca - ion a Helvia

Lucio Anneo Seneca - ion a Helvia

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Lucio Anneo Séneca (Latín: Lucius Annæus Seneca), llamado Séneca el Joven (Córdoba, 4 a. C.- Roma, 65) fue un filósofo romano conocido por sus obras de carácter moralista. Hijo del orador Marco Anneo Séneca, fue tutor y consejero del emperador Nerón.
Lucio Anneo Séneca (Latín: Lucius Annæus Seneca), llamado Séneca el Joven (Córdoba, 4 a. C.- Roma, 65) fue un filósofo romano conocido por sus obras de carácter moralista. Hijo del orador Marco Anneo Séneca, fue tutor y consejero del emperador Nerón.

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Published by: Aesir Baldr's Collection on Mar 22, 2011
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02/03/2013

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C O N S O L A C I Ó N H E L V I A L U C I O A N N E OS É N E C A 
 
C O N S O L A C I Ó N A H E L V I A3
I. Muchas veces, oh madre excelente, he sentidoimpulsos para consolarte, y muchas veces tambiénme he contenido. Movíanme varias cosas a atrever-me: en primer lugar, me parecía que quedaría librede todos mis disgustos si lograba, ya que no secartus lágrimas, contenerlas al menos un instante: ade-más no dudaba que tendría autoridad para despertartu alma, si sacudía mi letargo; y en último lugar te-mía que, no venciendo a la fortuna, venciese ella aalguno de los míos. Así es que quería con todas misfuerzas, poniendo la mano sobre mi herida, arras-trarme hasta la tuya para cerrarla. Pero otras cosasvenían a retrasar mi propósito. Sabía que no se de-ben combatir de frente los dolores en la violencia desu primer arrebato, porque el consuelo solo hubieseconseguido irritarlo y aumentarlo; así como en todaslas enfermedades nada hay tan pernicioso como unremedio prematuro. Esperaba, pues, que tu doloragotase sus fuerzas por sí mismo, y que, preparadopor la dilación para soportar el medicamento, per-mitiese tocar y cuidar la herida. Además, al leer denuevo las lecciones que nos dejaron los grandes ge-nios acerca de los medios para contener y corregir latristeza, no encontraba el ejemplo de alguno que
 
L U C I O A N N E O S É N E C A4
hubiese consolado a los suyos, siendo él mismocausa de lágrimas para ellos. Con esta nueva duda,vacilaba y temía desgarrar antes tu alma que conso-larla. ¿Acaso no necesitaba palabras nuevas, quenada tuviesen de común con los ordinarios con-suelos del vulgo, aquel que, para consolar a los su-yos, levantaba de la pira la cabeza? Y es muy naturalque la intensidad de un dolor que excede de la me-dida común, prive de la elección de palabras cuandofrecuentemente ahoga también la voz. Voy a inten-tar de la manera que pueda ser tu consolador, noporque confíe en mi ingenio, sino porque puedo serpara ti la consolación más eficaz. Al que nunca hasnegado nada, no te negarás ahora (aunque todatristeza es contumaz), y espero poner término a tupesar.II. Ya ves cuánto me prometo de tu indulgencia:no dudo ser más poderoso para contigo que el do-lor, que es omnipotente con los desgraciados. Así,pues, lejos de trabar combate bruscamente con él,quiero ante todo defenderle y alimentarle: desperta-ré todas sus causas y abriré de nuevo todas las heri-das. Dirase: «Extraña manera de consolar, la derecordar las penas olvidadas; colocar el corazón en

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