Welcome to Scribd, the world's digital library. Read, publish, and share books and documents. See more
Download
Standard view
Full view
of .
Save to My Library
Look up keyword
Like this
3Activity
0 of .
Results for:
No results containing your search query
P. 1
EL SEXTO SENTIDO (del libro Relatos de una mujer-suela)

EL SEXTO SENTIDO (del libro Relatos de una mujer-suela)

Ratings: (0)|Views: 301 |Likes:
Published by Carola Baratti
Ir a una fiesta y aburriste puede traer consecuencias inesperadas. Sino, mira, huele, siente y tápate los ojos para experimentar mejor.
Ir a una fiesta y aburriste puede traer consecuencias inesperadas. Sino, mira, huele, siente y tápate los ojos para experimentar mejor.

More info:

Published by: Carola Baratti on Mar 22, 2011
Copyright:Attribution Non-commercial

Availability:

Read on Scribd mobile: iPhone, iPad and Android.
download as PDF, TXT or read online from Scribd
See more
See less

05/01/2014

pdf

text

original

 
El sexto sentido
(del libro Amores de una mujer.suela)
Hacía tres días que estaba encerrada en mi departamento escuchandoblues, fumando, comiendo mal y pensando tortuosamente en cómoabandonar mi condición de gusanito de seda para integrarme a lacomunidad de las felices mariposas. Llamando a otro gusano que tambiéndeseara la metamorfosis, encontré una serie de contestadoresautomáticos que entre voces seductoras y músicas varias, anunciaban quela vida, efectivamente, estaba en otra parte y no dentro de la propia casa.Finalmente, una amiga adicta a la televisión y a los sándwiches de miga,me invitó a una fiesta de navegantes a la que había que llevar algo.Además del clásico vino blanco comprado en el almacén coreano, yo llevé
un cartel gigante que decía “Busco Marido. Psicópatas y MendigosAbstenerse”
y agregaba mi teléfono dispuesta a correr ciertos riesgos. Seme acercaron varios felicitándome por el chiste mientras yo paseaba porla casa escuchando conversaciones sin encontrar un nido. Cuando el cartelme resultó pesado, lo dejé apoyado en una pared mientras bailaba enforma maníaca y delirante tratando de exorcizar mi soledad y mi nuncasatisfecha necesidad de comunicación. Francamente, me movía como sime hubieran dado algo más que chizitos y cerveza. Llegué a apoyarmecontra una pared contoneándome y seguí dando vueltas y poniendo carasen una especie de dramático acto erótico en medio del palabrerío denavegantes, psicólogas de buen vestir y matrimonios jóvenes que de vezen cuando me clavaban los ojos como diciendo así jamás lograrás lasagrada familia que nosotros, amantes del sol y el agua, supimosconseguir.Ya exhausta y al borde de llorar contra un parlante de donde salía unasalsa de moda a todo volumen, fui aminorando la marcha pensando enirme a casa para seguir leyendo, escribiendo o rezando un rosario.No sabía bien hacia dónde ir. Abrí una ventana y miré la avenida delLibertador con cara de telenovela para ver si alguien se me acercaba asocorrerme. Allá abajo todo era todavía peor. Motos, rubias con el culopegado a un pantalón, gritos. Me pregunté el sentido de vivir y, sinrespuesta, volví a bailar, esta vez tratando de parecerme al resto.De repente se me acercó un tipo con cara de mexicano que bailaba muymal.
Hola. Me llamo Santiago, acabo de llegar.
 
¿Qué tal, Santiago?
Muy bien. Contento. ¿Y vos?
Nunca estuve mejor, sinceramente. ¿Se me nota?
Me encantó verte bailar. Sos muy sexy.
Gracias, Santiago, muy amable, ¿cuánto te debo?
Qué graciosa. Che, ¿viste un cartel apoyado por ahí donde una minamedia loca anuncia que busca marido?
Asentí y no me animé a decirle que “la mina medio loca” era yo. Después
de todo, siempre sobran oportunidades para ese tipo de confesiones. Élestaba encantado con mi vestido del mercado de pulgas y no tenía porqué desilusionarlo de entrada. Santiago bailó enfrente de mí como si yotuviera la flauta mágica y él fuera una serpiente de cascabel conarteriosclerosis múltiple.Era un viernes de primavera y Santiago me invitó a su jardín en San Isidro.Yo no hubiera aceptado haciendo ademanes de fascinación si no hubiesesido porque los olores de por allá en primavera me rejuvenecían lossentidos. Le conté que yo conocía bien esa zona de Buenos Aires porquehabía tenido un novio que tenía una casa por ahí, a la que había dejado deir porque él me pegaba, me insultaba y me hacía ir a la verdulería a lasnueve de la noche en pleno invierno porque quería comer bifes conensalada mixta. Qué horror, ¿no?
Inconcebible.
Tenía cosas muy mágicas, como todos los locos. Por ejemplo, esa casitaera de cuentos, estaba en medio de un pinar cerca del Golf Club. Todo olíaa limpio, a árboles, a aire de flores. ¿Viste que a veces el aire parece quetiene olor, cuando es muy puro y hay mucho oxígeno?
Totalmente.Santiago Lucero no sé cuánto, de respuestas cortas y concisas, se tomó alpie de la letra mi sensorialidad deseada mientras me escuchabaatentamente y en silencio. Eso me gustó. Generalmente era yo la queescuchaba las locuras de los otros, pero se ve que el baile me exorcizó yno paraba de hablar. Él asentía quieto ahí, erguido como un caballero dela corte inglesa. Qué masculino, pensé. Qué correcto. Quién te dice.
 
Nos pusimos de acuerdo. Dejamos el ruido de merengues y rock and roll.Salimos como si fuéramos íntimos amigos. Fuimos a comer una pizza ydespués me llevó a casa para cambiarme el vestido por unos pantalonesabrigados. Finalmente, nos acomodamos en su auto con olor a nuevo ysalimos rumbo a un fin de semana inesperado.Llegamos. Serían más o menos las cinco de la mañana, hacía frío y el cieloturquesa prometía un día perfecto. Con un control remoto Santiago abrióla puerta de madera de un garaje. Sin detenerse, entró en un subsuelo yguardó el auto. Cuando apagó todas las lucecitas del tablero, anunció:
“Esperá acá. No bajes”. Esperé tanto, que pensé que me estaría
organizando una fiesta sorpresa.
Ahora sí, ya podés bajar.
Me gustaría ir al baño...
Antes que nada: lo prometido es deuda.
¿Me habías prometido algo? Qué bueno.
Vení por acá.
Voy, voy... Tengo las piernas un poco acalambradas... Pero no tepreocupes, ya se me está pasando. ¡Che, qué lindos árboles! Esos pinosazules son típicos de Pinamar, me traen tantos recuerdos... ¿Qué es esto?Esperá... No, no veo nada... ¡Qué olor a mierda tiene esto!Santiago me estaba vendando los ojos con una vincha vieja, áspera ypegajosa, y cuando dio por terminada esa parte de la operación, me sentóen una sillita de mimbre y en tono doctoral explicó:
El sentido de la vista confunde y disminuye los demás sentidosquitándoles intensidad. Por eso la venda. Siempre un sentido prevalecesobre los otros y atrapa gran parte de nuestra atención. Si querésintensificar el sentido del olfato, conviene suprimir los otros, y así tenésque hacer con cada uno de los sentidos que quieras experimentar enprofundidad.
Entiendo, gracias. El único problema es que confundo el olor de losárboles con el de la vincha.Santiago Lucero rondaba las cercanías de su majestuoso jardín de pinosmientras yo me dedicaba a oler. Después de pasar un buen rato al airelibre y quedar con la nariz congelada, le pedí que entráramos. Santiago se

Activity (3)

You've already reviewed this. Edit your review.
1 thousand reads
1 hundred reads
luciano_horta liked this

You're Reading a Free Preview

Download
/*********** DO NOT ALTER ANYTHING BELOW THIS LINE ! ************/ var s_code=s.t();if(s_code)document.write(s_code)//-->