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Cuaresma
2011
 
«Con Cristosois sepultadosen el Bautismo,con él tambiénhabéis resucitado»
(cf.
Col 
2, 12)
Acción Católica General
Alfonso XI, 4 5º28014 Madridwww.accioncatolicageneral.esacg@accioncatolicageneral.es
 
 
 
MENSAJE DEL SANTO PADREBENEDICTO XVIPARA LA CUARESMA 2011
 
«
Con Cristo sois sepultadosen el Bautismo,con él también habéis resucitado»
(cf.
Col 
2, 12)
 
Queridos hermanos y hermanas:
 La Cuaresma, que nos lleva a la celebración de laSanta Pascua, es para la Iglesia un tiempo litúrgicomuy valioso e importante, con vistas al cual mealegra dirigiros unas palabras específicas para quelo vivamos con el debido compromiso. La Comu-nidad eclesial, asidua en la oración y en la caridadoperosa, mientras mira hacia el encuentro definiti-vo con su Esposo en la Pascua eterna, intensifica sucamino de purificación en el espíritu, para obtenercon más abundancia del Misterio de la redenciónla vida nueva en Cristo Señor
1
.
1.
Esta misma vida ya se nos transmitió el día delBautismo, cuando «al participar de la muerte y re-surrección de Cristo» comenzó para nosotros «laaventura gozosa y entusiasmante del discípulo»
2
.San Pablo, en sus Cartas, insiste repetidamente enla comunión singular con el Hijo de Dios que serealiza en este lavacro. El hecho de que en la ma-yoría de los casos el Bautismo se reciba en la in-fancia pone de relieve que se trata de un don deDios: nadie merece la vida eterna con sus fuerzas.La misericordia de Dios, que borra el pecado ypermite vivir en la propia existencia «los mismossentimientos que Cristo Jesús»
(
Flp
2, 5)
se comuni-ca al hombre gratuitamente.El Apóstol de los gentiles, en la
Carta a los Filipen-ses
, expresa el sentido de la transformación quetiene lugar al participar en la muerte y resurrecciónde Cristo, indicando su meta: que yo pueda «co-nocerle a él, el poder de su resurrección y la co-munión en sus padecimientos hasta hacerme se-mejante a él en su muerte, tratando de llegar a laresurrección de entre los muertos»
(
Flp
3, 10-11)
. ElBautismo, por tanto, no es un rito del pasado sinoel encuentro con Cristo que conforma toda la exis-tencia del bautizado, le da la vida divina y lo llamaa una conversión sincera, iniciada y sostenida porla Gracia, que lo lleve a alcanzar la talla adulta deCristo.Un nexo particular vincula al Bautismo con la Cua-resma como momento favorable para experimen-tar la Gracia que salva. Los Padres del Concilio Va-ticano II exhortaron a todos los Pastores de la Igle-sia a utilizar «con mayor abundancia los elementos
1
Cf.
Prefacio I de Cuaresma
.
2
 
Homilía en la fiesta del Bautismo del Señor 
, 10 de enero de2010.
bautismales propios de la liturgia cuaresmal»
3
. Enefecto, desde siempre, la Iglesia asocia la VigiliaPascual a la celebración del Bautismo: en este Sa-cramento se realiza el gran misterio por el cual elhombre muere al pecado, participa de la vida nue-va en Jesucristo Resucitado y recibe el mismo espí-ritu de Dios que resucitó a Jesús de entre losmuertos
(cf.
Rm
8, 11)
. Este don gratuito debe ser re-avivado en cada uno de nosotros y la Cuaresmanos ofrece un recorrido análogo al catecumenado,que para los cristianos de la Iglesia antigua, asícomo para los catecúmenos de hoy, es una escuelainsustituible de fe y de vida cristiana: viven real-mente el Bautismo como un acto decisivo para to-da su existencia.
2.
Para emprender seriamente el camino hacia laPascua y prepararnos a celebrar la Resurreccióndel Señor -la fiesta más gozosa y solemne de todoel Año litúrgico-, ¿qué puede haber de más ade-cuado que dejarnos guiar por la Palabra de Dios?Por esto la Iglesia, en los textos evangélicos de losdomingos de Cuaresma, nos guía a un encuentroespecialmente intenso con el Señor, haciéndonosrecorrer las etapas del camino de la iniciación cris-tiana: para los catecúmenos, en la perspectiva derecibir el Sacramento del renacimiento, y paraquien está bautizado, con vistas a nuevos y decisi-vos pasos en el seguimiento de Cristo y en la en-trega más plena a él.El primer domingo del itinerario cuaresmal subrayanuestra condición de hombre en esta tierra. La ba-talla victoriosa contra las tentaciones, que da inicioa la misión de Jesús, es una invitación a tomar con-ciencia de la propia fragilidad para acoger la Graciaque libera del pecado e infunde nueva fuerza enCristo, camino, verdad y vida
4
. Es una llamada de-cidida a recordar que la fe cristiana implica, si-guiendo el ejemplo de Jesús y en unión con él, unalucha «contra los Dominadores de este mundo te-nebroso»
(
Ef 
6, 12)
, en el cual el diablo actúa y no secansa, tampoco hoy, de tentar al hombre que quie-re acercarse al Señor: Cristo sale victorioso, paraabrir también nuestro corazón a la esperanza yguiarnos a vencer las seducciones del mal.El Evangelio de la Transfiguración del Señor ponedelante de nuestros ojos la gloria de Cristo, queanticipa la resurrección y que anuncia la diviniza-ción del hombre. La comunidad cristiana tomaconciencia de que es llevada, como los ApóstolesPedro, Santiago y Juan «aparte, a un monte alto»
(
Mt 
17, 1)
, para acoger nuevamente en Cristo, comohijos en el Hijo, el don de la gracia de Dios: «Estees mi Hijo amado, en quien me complazco; escu-chadle»
(v. 5)
. Es la invitación a alejarse del ruido dela vida diaria para sumergirse en la presencia deDios: él quiere transmitirnos, cada día, una palabraque penetra en las profundidades de nuestro espí-
 
3
 
Sacrosanctum Concilium
, 109.
4
Cf.
Ordo Initiationis Christianae Adultorum
, n. 25.
 
 
ritu, donde discierne el bien y el mal
(cf.
Hb
4, 12)
yfortalece la voluntad de seguir al Señor.La petición de Jesús a la samaritana: «Dame de be-ber»
(
Jn
4, 7)
, que se lee en la liturgia del tercer do-mingo, expresa la pasión de Dios por todo hombrey quiere suscitar en nuestro corazón el deseo deldon del «agua que brota para vida eterna»
(v. 14)
: esel don del Espíritu Santo, que hace de los cristia-nos «adoradores verdaderos» capaces de orar alPadre «en espíritu y en verdad»
(v. 23)
. ¡Sólo estaagua puede apagar nuestra sed de bien, de verdady de belleza! Sólo esta agua, que nos da el Hijo,irriga los desiertos del alma inquieta e insatisfecha,«hasta que descanse en Dios», según las célebrespalabras de san Agustín.El domingo del ciego de nacimiento presenta aCristo como luz del mundo. El Evangelio nos inter-pela a cada uno de nosotros: «¿Tú crees en el Hijodel hombre?». «Creo, Señor»
(
Jn
9, 35.38)
, afirma conalegría el ciego de nacimiento, dando voz a todocreyente. El milagro de la curación es el signo deque Cristo, junto con la vista, quiere abrir nuestramirada interior, para que nuestra fe sea cada vezmás profunda y podamos reconocer en él a nues-tro único Salvador. Él ilumina todas las oscuridadesde la vida y lleva al hombre a vivir como «hijo de laluz».Cuando, en el quinto domingo, se proclama la re-surrección de Lázaro, nos encontramos frente almisterio último de nuestra existencia: «Yo soy laresurrección y la vida... ¿Crees esto?»
(
Jn
11, 25-26)
.Para la comunidad cristiana es el momento de vol-ver a poner con sinceridad, junto con Marta, todala esperanza en Jesús de Nazaret: «Sí, Señor, yocreo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el queiba a venir al mundo»
(v. 27)
. La comunión con Cris-to en esta vida nos prepara a cruzar la frontera dela muerte, para vivir sin fin en él. La fe en la resu-rrección de los muertos y la esperanza en la vidaeterna abren nuestra mirada al sentido último denuestra existencia: Dios ha creado al hombre parala resurrección y para la vida, y esta verdad da ladimensión auténtica y definitiva a la historia de loshombres, a su existencia personal y a su vida so-cial, a la cultura, a la política, a la economía. Priva-do de la luz de la fe todo el universo acaba ence-rrado dentro de un sepulcro sin futuro, sin espe-ranza.El recorrido cuaresmal encuentra su cumplimientoen el Triduo Pascual, en particular en la Gran Vigi-lia de la Noche Santa: al renovar las promesas bau-tismales, reafirmamos que Cristo es el Señor denuestra vida, la vida que Dios nos comunicó cuan-do renacimos «del agua y del Espíritu Santo», yconfirmamos de nuevo nuestro firme compromisode corresponder a la acción de la Gracia para sersus discípulos.
3.
Nuestro sumergirnos en la muerte y resurrec-ción de Cristo mediante el sacramento del Bautis-mo, nos impulsa cada día a liberar nuestro corazóndel peso de las cosas materiales, de un vínculoegoísta con la «tierra», que nos empobrece y nosimpide estar disponibles y abiertos a Dios y al pró-jimo. En Cristo, Dios se ha revelado como Amor
(cf.
1 Jn
4, 7-10)
. La Cruz de Cristo, la «palabra de laCruz» manifiesta el poder salvífico de Dios
(cf.
1 Co
1, 18)
, que se da para levantar al hombre y traerle lasalvación: amor en su forma más radical
5
. Mediantelas prácticas tradicionales del ayuno, la limosna y laoración, expresiones del compromiso de conver-sión, la Cuaresma educa a vivir de modo cada vezmás radical el amor de Cristo. El
ayuno
, que puedetener distintas motivaciones, adquiere para el cris-tiano un significado profundamente religioso:haciendo más pobre nuestra mesa aprendemos asuperar el egoísmo para vivir en la lógica del don ydel amor; soportando la privación de alguna cosa -y no sólo de lo superfluo- aprendemos a apartar lamirada de nuestro «yo», para descubrir a Alguien anuestro lado y reconocer a Dios en los rostros detantos de nuestros hermanos. Para el cristiano elayuno no tiene nada de intimista, sino que abremayormente a Dios y a las necesidades de loshombres, y hace que el amor a Dios sea tambiénamor al prójimo
(cf.
Mc
12, 31)
.En nuestro camino también nos encontramos antela tentación del tener, de la avidez de dinero, queinsidia el primado de Dios en nuestra vida. El afánde poseer provoca violencia, prevaricación y muer-te; por esto la Iglesia, especialmente en el tiempocuaresmal, recuerda la práctica de la
limosna
, esdecir, la capacidad de compartir. La idolatría de losbienes, en cambio, no sólo aleja del otro, sino quedespoja al hombre, lo hace infeliz, lo engaña, lodefrauda sin realizar lo que promete, porque sitúalas cosas materiales en el lugar de Dios, únicafuente de la vida. ¿Cómo comprender la bondadpaterna de Dios si el corazón está lleno de unomismo y de los propios proyectos, con los cualesnos hacemos ilusiones de que podemos asegurarel futuro? La tentación es pensar, como el rico dela parábola: «Alma, tienes muchos bienes en reser-va para muchos años... Pero Dios le dijo: “¡Necio!Esta misma noche te reclamarán el alma”»
(
Lc
12, 19-20)
. La práctica de la limosna nos recuerda el pri-mado de Dios y la atención hacia los demás, pararedescubrir a nuestro Padre bueno y recibir su mi-sericordia.En todo el período cuaresmal, la Iglesia nos ofrececon particular abundancia la Palabra de Dios. Me-ditándola e interiorizándola para vivirla diariamen-te, aprendemos una forma preciosa e insustituiblede
oración
, porque la escucha atenta de Dios, quesigue hablando a nuestro corazón, alimenta el ca-mino de fe que iniciamos en el día del Bautismo. Laoración nos permite también adquirir una nuevaconcepción del tiempo: de hecho, sin la perspecti-va de la eternidad y de la trascendencia, simple-mente marca nuestros pasos hacia un horizonteque no tiene futuro. En la oración encontramos, encambio, tiempo para Dios, para conocer que «suspalabras no pasarán»
(cf.
Mc
13, 31)
, para entrar en laíntima comunión con él que «nadie podrá quitar-
 
5
Cf. Enc.
Deus caritas est 
, 12.
of 00

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