El Problema Minero Argentino
PROLOGO
Hace siete años viajé por primera vez a Andalgalá (Catamarca) y como soy nacido y criado en lallanura, nunca había tenido conciencia de lo que significa una explotación minera, excepto por laspelículas extranjeras y lo leído fugazmente en los libros de texto del secundario.Durante mi breves vacaciones en esa remota región me enteré que se estaba comenzando laexplotación de una gran mina de oro y cobre en la zona, en un paraje montañoso denominado "Bajode La Alumbrera", que concitaba el entusiasmo de los andalgalenses, ya que existían promesas por parte de las autoridades y los concesionarios de la mina, sobre la creación de gran cantidad deempleos y una enorme inversión que redundaría en prosperidad para toda la zona.En Andalgalá existía una vieja tradición minera, por la explotación de varias de minas de túnelessubterráneos cuya producción era chica y no contaminante (por lo menos para las poblacionesaledañas).Pero la mina Bajo de La Alumbrera era algo muy diferente:
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Sería una explotación de las denominadas "a cielo abierto".
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Su envergadura sería monstruosa en comparación con las explotaciones anteriores en laargentina.
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No había experiencia de los efectos contaminantes de una mina de ese tipo.Por todo ello, era lógica la expectativa optimista de los pobladores del lugar, que veían con agradola irrupción del progreso del "primer mundo" en su letargo provinciano de abandono y marginalidad,impuesta durante años por parte de un "caudillismo gobernante" desde siempre en esa empobrecidaprovincia.Pero la mayoría, como yo, no teníamos ni idea de lo que significaba ecológicamente una mina acielo abierto de semejante dimensiones y por lo tanto retornamos a nuestras ocupaciones habitualesy nos olvidamos del asunto. Aunque deberían pasar varios años desde entonces para que pudiéramosapreciar el problema en toda su magnitud.Tampoco en un principio nos preocupamos por los aspectos económicos y políticos delemprendimiento, ya que existía una ley de minería, aprobada por el congreso recientemente, y lasconcesiones estaban debidamente aprobadas por el poder ejecutivo nacional.Por otra parte, se estaban poniendo en marcha, en distintas zonas del país, proyectos similares queno fueron objeto de difusión por los medios masivos de comunicación a nivel nacional y solo fueronconocidos en forma fragmentaria por cada uno de los lugares concesionados, sin que hubiera unaconciencia generalizada que los uniera como un gran proyecto global.Creo sinceramente, que el silencio por parte de los medios sobre estos emprendimientos se debióprincipalmente a dos razones:
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La falta de interés por parte de los principales medios (la inmensa mayoría radicados en laCapital Federal) de todo lo relacionado con el interior del país.
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Una deliberada estrategia por parte de las autoridades nacionales en convivencia con loscapitales extranjeros de mantener las concesiones mineras lo mas secretas posible.3