sus respectivas especialidades. En efecto, aunque la impronta ya legendaria de los
C
ultural Studies
británicos aparece con mayor o menor nitidez en varios de ellos, no constituye sin embargo la líneadominante. Hay, más bien, una interesante transversalidad disciplinaria que va de la filosofía y lateoría política a µos estudios culturales, de la geografía cultural a la teoría poscolonial, de laliteratura comparada a la semiótica y a la reflexión sobre el lenguaje, sin desasosiego por los límiteso los contornos evanescentes. Un agrupamiento heterodoxo, cuya convivencia resulta apasionantetanto por el contraste de las singularidades como por las insospechadas coincidencias.Varios ejes articulan los capítulos, algunos de ellos, artículos de reciente o simultánea publicaciónen inglés, otros, escritos especialmente para este libro. El primero, que se dibujó de modosorprendente en la superficie textual, apenas configurada, tiene que ver con la idea de
espacialidad
y sus significantes asociados ²espacio, lugar, superficie, territorio, nación, tierra natal, hogar,etc.², ligada por supuesto al devenir, el desplazamiento, los tránsitos, los viajes, las migraciones ydeambulaciones y, entonces, a lo ³propio´ y lo extraño, lo íntimo y lo público, la pertenencia y laajenidad, la otredad, lo extranjero. Una tensión que compromete tanto el espacio físico como elescritural y el poético, y que involucra las múltiples dimensiones de la globalización: geográficas,culturales, políticas, mediáticas, identitarias, afectivas. El espacio ²en verdad, laespacio_temporalidad_ se torna así objeto de conceptualización en el caso de Doreen Massey;
constituye una referencia fuerte en el análisis del capitalismo ³metafísico´ de Scott Lash; es medular en iosartículos de David Morley y de Robins y Aksoy sobre migrancias y (re)localizaciones; deviene geográfico,histórico y vivencial en la escritura de Françoise Vergs; se plasma en la interioridad y la poesía, como en lostextos de Arfuch y Rowe, se revela potencialmente conflictivo en las más simples interacciones cotidianas,como lo muestra Denise RileyEl otro eje articulador, presente en todos los capítulos, es el de los afectos ²investiduras, vivencias, pasiones,experiencias², que es visto tanto en relación con la poética como con la política, la biografía y la vidacotidiana. De creciente importancia en la reflexión actual, sobre todo de la filosofía, la teoría política, lasociología, los estudios culturales y de la diferencia ²sin olvidar por cierto el aporte medular delpsicoanálisis², la cuestión de los afectos viene a problematizar, una vez más, la vieja distinción entre públicoy privado como contraposición entre lo racional y lo afectivo, señalando nuevas vías interpretativas para elanálisis de los fenómenos sociales: identificaciones, agrupamientos, pertenencias, memorias colectivas.Pasiones y política, afectos y lazo social aparecen así involucrados en reflexiones sobre los nuevos espacios aconquistar por formas más equitativas de democracia.Hay además, entre los autores, una común postura no esencialista y una importancia otorgada al lenguaje, sucondición performativa ²la potencialidad de construir mundos
y
sentidos², la fuerza de la nominación y loinescindible de la dimensión simbólica y retórica. La
forma
deviene así un principio obligado ²yontológico² de toda descripción, más allá de sus eventuales ³contenidos´, desde el populismo revisitado por Laclau, el capitalismo según Lash o la democracia radical en el modelo de Mouffe, hasta el análisis poético enRowe y la operatividad de las ³fórmulas´ de la lengua cotidiana que analiza Riley. Estas coincidencias encuanto a las concepciones del lenguaje y la discursividad social, también se manifiestan en otros aspectos, talcomo puede verse en la trama de referencias compartidas y los reconocimientos recíprocos. Así, y más allá delos temas y enfoques de cada uno, la intertextualidad depara sorpresas no menos estimulantes: se trata de todoun mapa de lecturas, reapropiaciones e interpretaciones que se despliega allí, bajo los ojos, trazando un perfilpeculiar del campo epistémico contemporáneo.Este perfil se caracteriza justamente por no dejar afuera lo político, en su más amplia acepción, comodimensión configurativa de los fenómenos que se analizan, ya sea en una óptica de ³gran angular´ (Laclau,Lash, Mouffe, Massey, Morley) como en análisis más particulares (Aksoy/Robins, Vergés) o intimistas(Arfuch, Rowe, Riley). En este sentido, hay un cierto carácter propositivo en todos los ensayos, una toma deposición en un debate que señala sus propios adversarios ²teóricos y/o políticos² y que sostiene la polémicacon diverso grado de intensidad y con armas dispares: la argumentación, la casuística, la metaforicidad, laironía.En cuanto a los capítulos en particular, la primera parte reúne los de carácter más netamente político. ErnestoLaclau emprende la redescripción del ³populismo´ preguntándose ³Qué hay en el nombre?´ para plantear laimposibilidad de definirlo en virtud del contenido ³óntico´ de los populismos existentes, poco comparablesentre sí, y proponer en cambio que se trata de una categoría ontológica, de una
forma
de hacer política, una