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Steve Perry - Sombras del Imperio

Steve Perry - Sombras del Imperio

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Published by: Gustavo Andrés Valdés Acero on Mar 31, 2011
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 Sombras del Imperio
Steve Perry
 
 
Prólogo
 
«Parece un cadáver ambulante —pensó Xizor—, un cuerpo momificado que llevara mil añosmuerto. Es asombroso que siga vivo, y que además sea el hombre más poderoso de lagalaxia... Bueno, eso ya es pura y simplemente increíble. Ni siquiera es tan viejo: más bienparece como si algo le fuese royendo lentamente por dentro.»Xizor estaba inmóvil a cuatro metros de distancia del Emperador, viendo cómo el hombreque en un pasado cada vez más lejano había sido el senador Palpatine avanzaba para entrar en el campo de la holocámara. Se imaginó que podía oler el hedor de podredumbre queemanaba del cuerpo viejo y consumido del Emperador. Probablemente sólo era algún efectoproducido por el aire reciclado, que pasaba por docenas de filtros para asegurar que no hubieraninguna posibilidad de que se pudiese introducir algún gas venenoso en él. Todos esosprocesos de ultraje muy bien podían acabar eliminando toda la vida del aire, y quizá fueran lacausa de que estuviera impregnado de aquel terrible olor a muerte.El espectador situado al otro extremo de la conexión holográfica vería un primer plano de lacabeza y los hombros del Emperador, y contemplaría un rostro devastado por la edad envueltoen el capuchón de su oscura túnica de tela zeyd. El hombre que se encontraba al otro extremode la transmisión, a años luz de distancia, no vería a Xizor, aunque Xizor sí podría verle. Quese le hubiera permitido estar allí mientras la conversación tenía lugar indicaba el elevado gradode confianza que el Emperador había depositado en Xizor.El hombre del otro extremo de la transmisión..., si es que todavía se le podía llamar hombre...El aire se arremolinó delante del Emperador dentro de la cámara imperial, espesándose yoscureciéndose hasta producir la imagen de una silueta que tenía una rodilla hincada en elsuelo. Era un humanoide con capa y vestido de negro azabache cuyo rostro quedabatotalmente oculto por un casco y una mascarilla respiratoria: Darth Vader.Vader habló.—¿Qué deseáis, mi señor?Si Xizor hubiera podido lanzar un rayo de energía a través del tiempo y el espacio para quefulminara a Vader, lo habría hecho sin pestañear. Pero eso era un mero deseo que nunca seconvertiría en realidad, porque Vader era demasiado poderoso para poder ser atacadodirectamente.—Hay una gran perturbación en la Fuerza —dijo el Emperador.—La he notado —dijo Vader.—Tenemos un nuevo enemigo: Luke Skywalker.
 
¿Skywalker? Ése había sido el nombre de Vader hacía mucho tiempo. ¿Quién era aquellapersona que tenía el mismo nombre y era tan poderosa como para que se mereciese unaconversación entre el Emperador y su más aborrecible creación? Y, más importante aún, ¿por qué los agentes de Xizor no habían sido capaces de proporcionarle ninguna información alrespecto hasta aquel momento? La ira de Xizor fue instantánea..., pero también fría ycontrolada. Sus rasgos imperturbables no mostrarían la más mínima señal de la sorpresa o lafuria que sentía. Los falleens no permitían que sus emociones quedaran al descubierto yestallaran como hacían tantas de las especies inferiores, pues los antepasados de los falleensno habían tenido pelaje sino escamas, y no habían sido mamíferos sino reptiles. Su naturalezano era salvajemente apasionada, sino fríamente calculadora. Eso resultaba infinitamentepreferible, porque de esa manera se evitaban muchos riesgos.—Sí, mi señor —replicó Vader.—Podría destruirnos —dijo el Emperador.La atención de Xizor estaba totalmente concentrada en el Emperador y en la imagenholográfica de Vader, que seguía arrodillado sobre la cubierta de una nave a gran distancia deallí. No cabía duda de que eran noticias muy interesantes, desde luego. ¿Algo que elEmperador consideraba suponía un peligro para su persona? ¿Algo que inspiraba miedo alEmperador?—No es más que un muchacho —dijo Vader—. Obi-Wan ya no puede ayudarle.Obi-Wan. Xizor conocía aquel nombre. Había sido uno de los últimos Caballeros Jedi, ungeneral. Pero llevaba varias décadas muerto, ¿no?Si Obi-Wan había estado ayudando a alguien que todavía era un muchacho, eso parecíaindicar que la información de que disponía Xizor en aquellos momentos no se correspondía conla realidad. Sus agentes iban a lamentarlo.Mientras Xizor contemplaba la lejana imagen de Vader y la proximidad del Emperador, en elmismo instante en que era consciente del impresionante lujo de la cámara privada yperfectamente protegida que ocupaba todo el centro del gigantesco palacio piramidal, tambiénfue capaz de hacer una anotación mental dirigida a sí mismo: alguien perdería la cabeza comocastigo al fracaso que suponía el que no hubiera estado al corriente de todo aquello. Elconocimiento era poder, y la falta de conocimiento debilidad. Aquello era algo que Xizor nopodía permitir. El Emperador siguió hablando.—La luz de la Fuerza arde con una gran intensidad dentro de él —dijo—. El hijo deSkywalker no debe llegar a convertirse en un Jedi. ¿El hijo de Skywalker? ¡El hijo de Vader!¡Asombroso!—Si se le pudiese atraer hacia el lado oscuro, llegaría a ser un poderoso aliado —dijoVader.Cuando pronunció aquellas palabras, había algo en la voz de Vader que Xizor no consiguióidentificar. ¿Anhelo? ¿Preocupación?¿Esperanza, tal vez?—Sí... Sí. Sería un recurso de gran valor para el Imperio —dijo el Emperador—. ¿Puede

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