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Emile Durkheim - El Suicidio

Emile Durkheim - El Suicidio

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Emile Durkheim
(1858-1917)
Libro primero
Los factores extrasociales
 
Capítulo primero
El suicidio y los estados psicopáticos
1
 
Hay dos clases de causas extrasociales a las que se puede atribuir,
a priori,
una influenciasobre la cifra de los suicidios: son las disposiciones orgánico-posicológicas y la naturalezadel medio físico. Pudiera ocurrir que en la constitución individual o, por lo menos, en laconstitución de una clase importante de individuos existiera una tendencia de intensidadvariable según las razas, que arrastrase directamente al hombre al suicidio; por otra parte, elclima, la temperatura, etc., pueden, por la manera con que obran sobre el organismo, tenerlos mismos efectos. La hipótesis, en todo caso, no debe ser rechazada sin discutirla; vamos,pues, a examinar sucesivamente estos dos órdenes de factores y a investigar si tienen, enefecto, una parte en el fenómeno que estudiamos y cuál es esa parte.
I
 
Hay enfermedades cuya cifra anual resulta relativamente constante en una sociedaddeterminada, a la vez que varia sensiblemente según los pueblos. Tal ocurre con la locura.Si se tuviera alguna razón para ver en toda muerte voluntaria una manifestación vesánica, elproblema que nos hemos planteado estada resuelto: el suicidio no sería más que unaafección individual
2
. Esta es la tesis sostenida por numerosos alienistas. Según Esquirol, “elsuicidio ofrece todos los caracteres de la enajenación de las facultades mentales”
3
. “Elhombre sólo atenta contra su vida cuando está afectado de delirio, y los suicidas sonalienados”
4
. Partiendo de este principio, concluye el autor que el suicidio, siendovoluntario, no deberla ser castigado por la ley. Falret
5
y Moreau de Tours se expresan entérminos casi idénticos. Es verdad que el último, en el pasaje mismo en que enuncia ladoctrina a que presta su adhesión, hace una indicación que basta para suponerla sospechosa.“¿El suicidio, dice, debe ser mirado en todos los casos como el resultado de unaenajenación mental? Sin querer aquí resolver esta difícil cuestión, digamos, en tesisgeneral, que nos inclinamos instintivamente hacia la afirmativa, cuanto más se profundizaen el estudio de la locura, cuando se ha adquirido en ella una mayor experiencia, cuando, enfin, se han visto más alienados”
6
.
 
En 1845
,
el doctor Bourdin, en un folleto que desde su
 
aparición produjo algún ruido en el mundo médico, habla sostenido menos mesuradamentela misma opinión.Esta teoría ha sido defendida de dos maneras distintas. O bien se dice que el suicidio por sí mismo constituye una entidad morbosa
sui géneris,
una locura; o bien, sin hacer de él unaespecie distinta, se le considera simplemente como un episodio de una o de varias clases delocura, sin que pueda encontrársele en los sujetos sanos de espíritu. La primera tesis es la deBourdin; Esquirol, por el contrario, es el representante más autorizado de la otraconcepción. “Por lo que precede, dice, se entrevé ya que el suicidio no es para nosotros masque un fenómeno consecutivo a un gran número de causas diversas, que se muestra concaracteres muy distintos; este fenómeno no puede caracterizar una enfermedad. Es porhaber hecho del suicidio una enfermedad
sui géneris
por lo que se han establecidoproposiciones generales desmentidos por la experiencia”
7
.De estas dos maneras de demostrar el carácter vesánico del suicidio, la segunda es la menosrigurosa, la que tienen menos valor probatorio en virtud del principio de que no puedenexistir experiencias negativas. Es imposible, en efecto, proceder a un inventario completode todos los casos de suicidios para hacer ver en cada uno de ellos la influencia de laenajenación mental. No se pueden citar mas que ejemplos particulares, que, por numerososque sean, no bastan para servir de base a una generalización científica, además de queaunque no se alegaran ejemplos en contrario, siempre habría posibilidad de hacerlo. Hayotra prueba, que si pudiéramos suministrarla seria concluyente. Si se llega a determinar queel suicidio es una locura que tiene sus caracteres propios y su evolución especifica, lacuestión estará resuelta: todo suicida será un loco.¿Pero existe una locura suicida?
II
 
La tendencia al suicidio, siendo por naturaleza especial y definida, al llegar a constituir unavariedad de la locura, sólo puede ser una locura parcial y limitada a un solo acto. Parapoder caracterizar un delirio es preciso que esa locura se refiera únicamente a un soloobjeto, pues si tuviera varios no habría razón para caracterizarla por uno de ellos más quepor los demás. En la terminología tradicional de la patología mental se llaman monomaníasa estos delirios restringidos. El monomaníaco es un enfermo cuya conciencia está perfectasalvo en un punto; no presenta mas que una tara, claramente localizada. Por ejemplo, tienepor momentos una gana irracional y absurda de beber, de robar, de injuriar; pero todos susdemás actos, como todos sus restantes pensamientos, son de una rigurosa corrección; siexiste, pues, una locura suicida, no puede ser más que una monomanía, y en esta forma hasido frecuentemente clasificada
8
.En sentido contrario, se explica que si se admite este género particular de enfermedadesllamadas monomanías, se sea inducido fácilmente a clasificar entre ellas al suicidio. Lo quecaracteriza, en efecto, esta clase de afecciones, según la definición que acabamos derecordar, es que no implican perturbaciones esenciales en el funcionamiento intelectual. Elfondo de la vida mental es el mismo en el monomaníaco yen el hambre sano de espíritu,sólo que en el primero, un estado psíquico determinado se destaca de este fondo común conun relieve excepcional. La monomanía es, sencillamente, en el orden de las tendencias, unapasión exagerada; y en el orden de las representaciones, una idea falsa, pero de talintensidad, que obsesiona el espíritu y le quita toda libertad; la ambición, por ejemplo, setransforma de normal en enferma, y se hace monomanía de grandezas cuando toma
 
proporciones tales que todas las demás funciones cerebrales quedan como paralizadas.Basta con que un movimiento, de escasa violencia, de la sensibilidad venga a turbar elequilibrio mental para que la monomanía aparezca; por esto parece que los suicidas estáninfluidos, generalmente, por alguna pasión anormal que agota su energía de un solo golpe ono le permite desenvolverse más que a la larga; podría creerse, además, con una aparienciade razón; es precisa siempre alguna fuerza de este género para neutralizar el instinto,fundamental, de la conservación. Por otra parte, muchos suicidas, fuera del acto especialpor el que ponen fin a su
 
vida, no se diferencian singularmente de los demás hombres; nohay en consecuencia, razón bastante para imputarles un delirio general. Así, bajo laapariencia de la monomanía, el suicidio ha sido colocado en el rango de la locura.¿Existen, realmente, las monomanías? Durante mucho tiempo, su existencia no ha sidopuesta en duda; los alienistas admitían unánimemente, y sin discusión, la teoría de losdelirios parciales. No sólo se la creía demostrada por la observación clínica, sino que se lapresentaba como un corolario de la psicología. Se enseñaba entonces que el espírituhumano está formado por facultades distintas y por fuerzas separadas, que obran,congruentemente, de ordinario, pero que son susceptibles de obrar aisladamente; podía,pues, ocurrir que fuesen separadamente atacadas por la enfermedad. Puesto que el hombrepuede manifestar inteligencia sin voluntad y sensibilidad sin inteligencia, ¿por qué nohabría de tener enfermedades de la inteligencia o de la voluntad, sin perturbaciones de lasensibilidad, y viceversa? Aplicando el mismo principio a las formas especiales de estasfacultades, se llegaba a admitir que la lesión podía reflejar, exclusivamente, sobre unatendencia, sobre una acción o sobre una idea aislada.Hoy esta opinión está universalmente abandonada; es seguro que no se puede demostrar deuna manera directa por la observación, la no existencia de las monomanías, pero se haconcretado que no es posible citar un ejemplo de ellas que no dé lugar a discusión. Nunca laexperiencia clínica ha podido estudiar una tendencia enferma del espíritu ni un estado deverdadero aislamiento; siempre que una facultad se lesiona, las otras se lesionan al mismotiempo, y si los partidarios de la monomanía no se han apercibido de estas lesionesconcomitantes es porque han encauzado mal su observación. “Tomemos como ejemplo,dice Falret, un alienado preocupado por las ideas religiosas, al que se clasificaría entre losmonomaníacos religiosos. Se dice inspirado por Dios; encargado de una misión divina; traeal mundo una religión nueva; si, esta idea, diréis, es la de un loco, pero fuera de esta seriede ideas religiosas, razona como los demás hombres; pues bien, interrogadle con cuidado, yno tardaréis en descubrir en él otras ideas enfermas; encontraréis, por ejemplo,paralelamente a las ideas religiosas, una tendencia al orgullo; no se creerá sólo llamado areformar la religión, sino a reformar la sociedad y tal vez se imaginará que está reservadopara más altos destinos. Admitamos que después de haber buscado en este enfermo lastendencias al orgullo, no las hayáis descubierto; tal vez comprobéis en él ideas de humildado tendencias temerosas. El enfermo, preocupado por las ideas religiosas, se creerá perdido,destinado a perecen”
1
. Sin duda todos estos delirios no se encuentran habitualmentereunidos en un mismo sujeto, pero son los que con más frecuencia se hallan juntos, y si nocoexisten en un determinado momento de la enfermedad se ve que se suceden por fasesmás o menos próximas.En fin, con independencia de estas manifestaciones particulares, existe siempre en lospretendidos monomaníacos un estado general de toda la vida mental, que es el fondomismo de la enfermedad y del que estas ideas delirantes no son más que la expresiónsuperficial y temporal. Lo que efectivamente la constituye, es una exaltación excesiva o una

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