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Los tres locos

Los tres locos

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Published by Julian Ojeda
Los tres locos, ultima revisión antes de empezar los cuentos cortos...
Los tres locos, ultima revisión antes de empezar los cuentos cortos...

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05/06/2012

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LOSTRESLOCOS
 
Nadie podrá afirmar,
(y es muy cierto, no es una mera frase)
, que ellos hubiesen sidocuatro alguna vez. Pero esto es el final, así que me lo contaré desde el principio.Y diré: en un principio los tres locos eran, increíblemente, tres, y estaban convencidosde ser poseedores de dos ideas-fuerza que creían exclusivas de ellos: que odiaban el mun-do y que debían acabar con él. El origen de tales ideas se debía, tal vez, al lugar dondevivían, ya que moraban, como tantos otros de su misma condición, en un manicomio, perolos consideraban inofensivos (“son unos viejitos inofensivos” habría dicho una enfermeraque más tarde no se presentó más a trabajar), por lo que podían circular libremente e in-cluso podían salir de vez en cuando fuera de la institución. Esa libre circulación hizo quepensaranquesusbrujeríaseraneficaces,yquelograbanvolverseinvisiblesparalosdemás,y más de una vez reían a carcajadas cuando caminaban fuera del manicomio, pensandoque habían escapado. Sin embargo, siempre regresaban. Creían que debían completar sumisión.Porunbreveperíododetiempo,unosseisosietemeses,sintieronquefuerondealgunaforma invadidos en su intimidad, y la verdad es que lo fueron, por un delirante mesiánicose unió sin permiso al grupo y se transformaron en cuatro, puesto que el peligroso reciénllegadoseleshaa sumado,yestepensaba quesiiba aayudarenel proyectoquelosotrostres querían llevar adelante, era más adecuado que fueran cuatro, aunque los motivos erancontradictorios: de ser ciertas las historias que los otros tres sostenían, estaba más quejustificado que fuesen cuatro, pero no tenía objeto que lo fueran si tenían éxito ya quepodrían ser tres, cuatro o cincuenta sin que por eso el proyecto se viera afectado; porel contrario, si el proyecto no llegaba a buenos términos, la cantidad de personas seríaideal y tal vez en un futuro cercano los recordaran como los
cuatro (fallidos) jinetes delapocalipsis
, siendo él mismo el cuarto, pero no un cuarto cualquiera, ni
hambre
ni
peste
ni
muerte
, si no el propio Cristo, e insistía en decir que Cristo era uno de los cuatro jinetesaunque, si hubiese sido posible al mundo cristiano votar, la mitad hubiera dicho que Cristoeraunodeloscuatrojinetesmientrasquelaotramitadhubieraapostadotodassusfichasalanticristo, pero todo esto no importa, y nuestro cuarto jinete pensaba que sería bueno quelo recordaran así: de los cuatro, el único jinete vencedor, él, el nuevo y único salvador delmundo, quien había detenido toda la locura desatada por los otros tres, y pensaba en esto yse regocijaba en tales pensamientos, se imaginaba a sí mismo siendo una celebridad, y seentrevistaba a sí mismo simulando ser alguna de las grandes personalidades periodísticasque solía ver por la televisión, así que no era extraño que él mismo se entrevistara y seadulara a si mismo a viva voz, se preguntaba se contestaba todo el día y parte de la noche,siempre a los gritos, que la empresa lo había extenuado pero que salvar al mundo habíavalido la pena.Los tres originales dueños del proyecto no congeniaban muy bien con el número cua-tro, ni con Cristo o el cristianismo, ni con la idea de llamarse a sí mismos jinetes, ni conla idea de que todos se enterasen de cómo el proyecto había fracasado cuando aún casi
 
ni había empezado, así que cuando el cuarto jinete desapareció misteriosamente (
tal vezcrucificado
, añadió en un susurro imperceptible uno de los tres, no se sabe bien quién deellos fue), a nadie le importó que lo hiciera, ni se molestaron mucho en buscarlo, aunquealgunos locos (no los tres a los que me estoy refiriendo, por supuesto), buscaron en vanosu montura: qué loco no querría tener uno de los caballos de los jinetes del apocalipsis.Menos se extrañó al extraviado ya que, para colmo, no era raro que en aquel manicomiodesapareciera gente de vez en cuando, y menos raro era que se extraviaran los que gusta-ban pregonar el inminente fin del mundo y recitar versículos –inventados– de la biblia atodos los demás. Luego de un tiempo no excesivamente largo, apenas unos meses, nadierecordó que existió un cuarto jinete y mucho meno que quedaban otros tres, y finalmenteel grupo volvió a estar compuesto por los originales tres locos, que no negaban que sunúmero no estaba exento de cierto misticismo, y como tenían mucho cariño por la litera-tura y las películas se contentaban más asumiendo el papel de las brujas de Macbeth, yaque en número y en artes coincidían con ellas, y no tenían problemas si los comparaban(género aparte), y por un tiempo estuvieron contentos gracias a que no eran cuatro, y fue-ron concientes de que no les molestaba el número tres ni hacer cierto tipo de brujerías aescondidas.Sin embargo, comenzaron a sentir que los médicos y enfermeros del lugar reparabancada vez más en ellos. Tampoco creían descabellado imaginar que les apuntaban con eldedo de tanto en tanto haciéndoles referencias a los tres chiflados. Las burlas solían sercrueles, pero ellos no hacían mucho caso: después de todo, los tres tenían en su corazón unpequeño pero importante lugar para
The Three Stooges
... Pero creo que es mejor saltar enel tiempo y contar los últimos días, como lo hubiesen hecho ellos, si hubieran podido. Notenían mucha memoria del día a día, mas que para algunos libros y unas pocas películas,y esa poca que lograban reservar, que quedaba libre, estaba orientada a un fin concreto.
Un fin
, literalmente.Y entonces diré: Fueron varios los largos días que aquellos tres hombres habían utili-zado para preparar el que sería un gran acto final, la despedida de este mundo y tal vez detodoslosmundosytodoslostiempos:altemploabandonadodelacimadelmontequeessiempre verde en verano, otoño, invierno y primavera, ellos subieron –no sin esfuerzo–,tres grandes órganos eléctricos, instrumentos que creían sagrados porque anteriormente,antes de ser robados, residían en pequeñas y modestas iglesias y ofrecían melodías sacrasal rebaño que escuchaba la palabra y que tal vez gozara sinceramente del sonido de esoseléctricos instrumentos. Encontraron fascinante la idea de despedirse así del mundo luegode ver un fragmento mudo de
El fantasma de la ópera
, pero mucho más luego de ver alcomisionado Dreyfus tocando en una de las películas de
la pantera rosa
. Era un placerpara ellos evocar esos dos momentos de aquellas dos películas tan distintas.Realmente.Un placer.El evocarlas.3

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