Pasión y razón
«Un alemán agresivo, de talante orgulloso; un asceta queempuña la cruz como una espada».«Un típico bávaro, de aspecto cordial, que vive modestamente en unpisito junto al Vaticano».«Un Panzer-Kardinal que no ha dejado jamás los atuendos fastuososni el pectoral de oro de Príncipe de la Santa Iglesia Romana».«Va solo, con chaqueta y corbata, frecuentemente al volante de unpequeño utilitario, por las calles de Roma. Al verle, nadie pensaríaque se trata de uno de los hombres más importantes del Vaticano».Y así podríamos seguir. Citas y citas (todas auténticas),naturalmente, tomadas de artículos publicados en diarios de todo elmundo. Son artículos que comentan algunas de las primicias(publicadas en la revista mensual Jesúsy luego traducidas a muchaslenguas) contenidas en la entrevista que nos concedió el cardenalJoseph Ratzinger, Prefecto, desde enero de 1982, de la SagradaCongregación para la Doctrina de la Fe, institución vaticana que,como es sabido, hasta hace veinte años se vino llamando durantecuatro siglos “Inquisición Romana y Universal” o “Santo Oficio”.Al leer retratos tan dispares del propio aspecto físico del cardenalRatzinger, no faltará algún malicioso que sospeche que también elresto de tales comentarios esté más bien lejos del ideal de“objetividad informativa”, del que tan a menudo hablamos losperiodistas en nuestras asambleas.No nos pronunciamos al respecto; nos limitamos a recordar que entodo hay siempre un lado positivo.En nuestro caso, en estas contradictorias “transformaciones” sufridaspor el “Prefecto de la fe” bajo la pluma de algún que otro colega (node todos, por supuesto) está, acaso, la señal del interés con que hasido acogida la entrevista con el responsable de una Congregacióncuya reserva era legendaria y cuya norma suprema era el secreto.El acontecimiento era, en efecto, realmente insólito. Al aceptardialogar con nosotros unos días, el cardenal Ratzinger concedió lamás extensa y completa de sus escasísimas entrevistas. Y a ello hayque añadir que nadie en la Iglesia —aparte, naturalmente, el Papa—habría podido responder con mayor autoridad a nuestras preguntas.La Congregación para la Doctrina de la Fe —téngase en cuenta— es elinstrumento del que se sirve la Santa Sede para promover laprofundización en la fe y velar por su integridad. Es, pues, laauténtica depositaria de la ortodoxia católica. A ello se debe queocupe el primer puesto en la lista oficial de las Congregaciones de faCuria romana; como escribió Pablo VI, al darle precedencia sobretodas las demás en la reforma posconciliar, “es la Congregación quese ocupa de las cosas más importantes”.Así, pues, ante la singularidad de una entrevista tan amplia con el“Prefecto de la fe” —y ante los contenidos que por su claridad yfranqueza rayan en la crudeza—, se comprende fácilmente que elinterés de algunos comentaristas haya derivado en apasionamiento yen necesidad de alinearse: a favor o en contra.Una toma de posición, que ha afectado incluso a la propia personafísica del cardenal Ratzinger, convertida en positiva o negativa, segúnel estado de ánimo de cada periodista.