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Carvalho La cuestión ambiental y el surguimiento de un campo

Carvalho La cuestión ambiental y el surguimiento de un campo

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2726
Tópicos en Educación Ambiental 1 (1), 27-33 (1999)
I N T R O D U C C I Ó N
l medio ambiente, considerado como unBien, un ideal que puede movilizar a mili-tantes, orientar políticas y, sobre todo,instituir una práctica educativa específica,no siempre tuvo los sentidos que posee actualmente.A pesar de las innumerables situaciones de degra-dación ambiental surgidas a lo largo de la historiaoccidental y como lo han mostrado diversos histo-riadores, el surgimiento de las prácticas sociales ypedagógicas acerca de la cuestión ambiental comoobjeto de interés público es reciente.
2
Nos parece relevante discutir las raíces de la cons-trucción social de la cuestión ambiental y sus im-plicaciones en el escenario contemporáneo, para com-prender el campo de actuación del(a) educador(a)ambiental. Al final, el surgimiento mismo de este(a)profesional-militante es parte de este movi-miento his-tórico que ha puesto en evidencia la cues-tión ambientalcomo un nuevo campo de acción política-pedagógi-ca.En el presente artículo, con apoyo en elementosde la historia que conforman la cuestión ambiental,buscaremos reflexionar sobre algunas de sus configu-raciones actuales que constituyen el campo de loshorizontes posibles para la educación ambiental.
1. Las raíces modernas del interés por la naturale-za: el surgimiento de las nuevas sensibilidades
Las raíces modernas del interés por la naturalezahan sido ampliamente discutidas dentro del fenómenode las nuevas sensibilidades, estudiadas por Thomas(1989) en Inglaterra. Se trata de un trazo cultural quenace ligado al ambiente social del siglo
XVIII
. Estacultura de valorización de la naturaleza se reafirmarácon el movimiento romántico del siglo
XIX
y, en laperspectiva de un hecho de larga duración, sigue pre-
* Psicóloga y maestra en educación (correo electrónico: isastei@portoweb.com.br).1Traducción: Édgar González Gaudiano y Gabriel H. García Ayala.2A este respecto, véanse las interesantes contribuciones de Hughes (1976), Crosby (1993) y Wilkinson (1995).
I
S A B E L
C
R I S T I N A
M . C
A R V A L H O
*
E
This paper discusses the historical roots and the contemporary perspectives of the environmental field as a so-cial space of educational and political action. “Nature”, valued as a precious good in contrast with industrialenvironmental damages to urban areas, is a modern feeling. Its cultural roots are related to the social contextof the 18th and 19th centuries, when significant events came about such as the new sensibilities to nature(England), the concept of wilderness (USA), and the Romantic Movement.By the middle of our century, the ecological movements had brought up the political dimension of theenvironmental issue. In the last few decades, the ecological ideas have been broadly diffused and theenvironmental field of social action has become much more complex and ideologically diversified. Theemancipatory view in the ecological field has joined the popular agenda and has represented an importantimprovement to the social fight for citizenship and the creation of a fair and sustainable society.
L
A
 
CUESTIÓN
 
AMBIENTAL
 
Y
 
EL
 
SURGIMIENTO
 
DE
 
UN
 
CAMPO
 
EDUCATIVO
 
Y
 
POLÍTICO
 
DE
 
ACCIÓN
 
SOCIAL
1
 
2928
La cuestión ambiental y el surgimiento de un campo educativo y político de acción social
vida, impulsó el surgimiento de un sentimiento esté-ti-co y moral de valorización de la naturaleza silvestre, notransformada por los seres humanos. Este fenómenorepercutiría tanto en las llamadas nuevas sensibilida-des emergentes hacia la naturaleza, a partir del siglo
XVIII
en Inglaterra, como los ideales de valorizacióndel mundo natural silvestre (wilderness) en EstadosUnidos, principalmente en el siglo
XIX
.
4
En contraposición con la violencia social y ambien-tal del mundo urbano, se afirmó una nostalgia por la naturaleza intocada. Los paisajes naturales y lanaturaleza en general se confirman como un Biendeseado y valorado por la sociedad. Costumbrescomo tener en casa un pequeño jardín, criar animalesdomésticos, pasear al aire libre, caminar en los bos-ques, escuchar música en los ambientes naturales,organizar los fines de semana paseos en el campoy observar los pájaros, son temas que florecen, mani-festándose en la literatura y la pintura de los siglos
XVIII
y
XIX
.En sintonía con el romanticismo del siglo
XIX
,las nuevas sensibilidades están en la base de unsentimiento estético, acerca de qué es lo natural, losilvestre y no cultivado; es decir, lo que no estásometido al orden y la intervención humana. En nom-bre de esta sensibilidad que idealizaba la naturaleza,en cuanto a una reserva de bien, belleza y verdad,se abrió un importante debate sobre el sentido devivir bien, en donde la naturaleza se vio como unideal estético y moral. Esta posición se expresó eninnumerables críticas a las distorsiones de la vida enlas ciudades, la intervención humana en la naturaleza,una apropiación utilitaria de los recursos naturales, laviolencia contra los animales, las plantas, etcétera.Si bien ese sentimiento de apreciación de la natu-raleza puede considerarse como una sensibilidadburguesa, fue finalmente este sector de la poblaciónel que efectivamente podía disponer del tiempo ylos recursos para cultivar los nuevos hábitos de con-vivencia y admiración de la naturaleza. A pesar desu origen de clase las nuevas sensibilidades hacia lanaturaleza no se restringieron a un comportamientoo un ideario de una clase única. Su revaloraciónse extendió hacia un conjunto más amplio de lasociedad.En este sentido, es importante reconocer la con-tribución de la naciente burguesía en su esfuerzode afirmación de clase frente a un orden jerárquicoy aristocrático en el génesis de la moderna esferapública. En este periodo se gestó y conquistó visibili-dad toda una nueva sociabilidad política, junto con unaserie de creencias y valores personales, constituyendoun ámbito público. Las nuevas sensibilidades haciala naturaleza pueden considerarse como parte delmundo de los sentimientos y valores privados delindividuo burgués, que tendían a generalizarse en elethos público.
5
Sin duda alguna, este contexto fuefavorable para que las recientes sensibilidades, quevaloraban e idealizaban a la naturaleza, constituyeranuna transformación cultural importante, de largo pla-zo, que permanece hasta nuestros días como unade las raíces histórico-culturales del ambientalismocontemporáneo. 
2. La cuestión ambiental contemporánea
Estamos en las vísperas del siglo
XXI
y la naturalezaocupa un lugar cada vez más destacado en el debatesobre el futuro de la sociedad. Podríamos decir quehoy vivimos, en otra escala y con otras especifi-cidades, un momento en el que las sensibilidadesestéticas y políticas aseguran un lugar de indudablenotoriedad a la naturaleza y a los asuntos ambientales.La difusión de la dimensión ambiental, ya sea enlas luchas sociales, en la práctica educativa, o en lasacciones de los organismos gubernamentales e inter-nacionales, no deja duda alguna sobre la visibilidadde esta problemática en la esfera pública.Pese a todo, las posibilidades de armonizar losproyectos sociales y los estilos de vida con los lími-tes de capacidad de sostenimiento y regeneración del
4En la literatura de la historia ambiental, pueden encontrarse análisis clásicos sobre el surgimiento de las nuevas sensibilidades y de la idea de lo silvestre(wilderness) en autores como Thomas (1989) y Worster (1994).5Sobre la constitución de la moderna esfera pública, véase a Habermas (1984) y a Chartier (1995).
sente hasta nuestros días. Esas sensibilidades nacieronen la medida que se hicieron evidentes los efectosdel deterioro ambiental y de la vida en las ciudades,provocados por la Revolución Industrial. Esta visióncontrasta con los ideales de la afirmación del ser humano por el dominio de la naturaleza surgidos enel contexto social de los siglos
XVI
y
XVII
, cuando seconsolidó el nuevo orden burgués y mercantil.De alguna manera, el contexto del siglo
XVIII
fuetestimonio de una radicalización de ese orden bur-gués y de su anhelado dominio humano sobre el me-dio ambiente, materializado en los progresos técnicosque hicieron posible la experiencia de la primeraRevolución Industrial. Una naciente industria quellegó triunfante trayendo consigo su inexorable con-traparte: la degradación ambiental. Al finalizar elsiglo
XVIII
, Gran Bretaña estaba a la cabeza en laproducción de carbón, con cerca de diez millones detoneladas, casi 90% del total mundial. El crecienteuso comercial y doméstico de este combustible –elmás usado durante la Revolución Industrial–, generóuna enorme cantidad de residuos. La palabra inglesasmog (vocablo compuesto por smoke [humo] y fog[niebla]) se convirtió en una marca registrada delas grandes transformaciones sociales y ambientalesdesencade-nadas por el modo de producción indus-trial.En cuanto a la nueva disciplina de trabajo adoptadaen las fábricas, y que marcaba el ritmo de la for-mación de la clase obrera, hacía que las condicionesde vida en el ambiente fabril y en las ciudades seto-nara insoportable. En muchos casos, el deteriorodel ambiente urbano era peor que en la actualidad.La intensa migración campo-ciudad impulsada por laincautación de las tierras de cultivo, como parte delos procesos de acumulación primitiva, aceleraba elproceso de crecimiento desordenado de las ciudadesindustriales. El resultado era una alta concentraciónde la población, constituida principalmente por tra-bajadores pobres expuestos a un ambiente insalubrede trabajo y vivienda. No existía el manejo de resi-duos ni un saneamiento adecuado; los trabajadoresse amontonaban en covachas y estaban sometidos alargas y penosas jornadas de trabajo.Había una altísima propagación de epidemias. Losinformes médicos de la época registran un aumentosignificativo de enfermedades mentales, infanticidiosy suicidios. Asimismo, se sabe que durante esteperiodo apareció una gran cantidad de sectas y cultosde carácter apocalíptico.
3
Todos esos indicadores revelan las condiciones ylas penurias enfrentadas cotidianamente por los/astrabajadores/as y demás habitantes pobres de lasciudades industriales. Fueron condiciones que per-duraron mucho tiempo, como lo apunta Hobsbawm(1994: 223): “Fue sólo después de 1848, cuandolas nuevas epidemias surgidas en las zonas pobresempezaron a aniquilar también a los ricos, y a queel pueblo desesperado amenazó a los poderosos conuna revolución social, que empezaron a tomarseacciones sistemáticas para el mejoramiento y la re-construcción urbana”.Tan grave situación de pobreza, incomodidad einsalubridad convertía la rebelión de los(las) traba-jadores(as) en una de las pocas salidas para corregir esta condición. Es comprensible que el corazón de lastensiones del naciente mundo industrial haya sido laexplotación de la fuerza de trabajo. Las condicionesdel trabajo obrero fueron la causa de un cambioradical en el modo de vida de una población reciénllegada del campo, de tal manera que la metrópolisse transformó en un sitio de sufrimiento para la claseobrera en formación. En este sentido, la experienciaurbana condensaba la violencia social y la degra-dación ambiental como dos rostros indisociables delnuevo modo de producción.Si bien la degradación ambiental en la caótica rea-lidad urbano-industrial no se convirtió en un objetode lucha social específica, sí se percibió agudamenteen esa época el deterioro del ambiente y estuvo en labase de un importante cambio cultural. La experienciaurbana, marcada por las inhóspitas condiciones de
3La vida cotidiana de los trabajadores pobres en Londres está muy bien documentada en las crónicas de Henry Mahew, publicadas por primera vez en1851-2. Véase Mayhew (1985).
Isabel Cristina M. Carvalho
 
3130
La cuestión ambiental y el surgimiento de un campo educativo y político de acción social
3. La dimensión política y educativade las luchas socioambientales
En el contexto de la definición ideológica quecaracteriza el debate social contemporáneo, la configu-ración del conjunto de conflictos socioambientalesconstituidos por luchas sociales en torno al accesoy uso de los bienes ambientales es un hecho impor-tante porque contribuye a dar contenido político alo ambiental.Estos conflictos pueden operar como fuerzaspublicitarias del bien ambiental frente a las embes-tidas de los intereses privados sobre el patrimonionatural. La sumisión de los bienes ambientales a losintereses privados termina por afectar su disponibili-dad para otros segmentos de la población, incurriendoen per-juicio de su uso común. Muchas de las luchasen torno a los bienes ambientales son expresión deesta tensión entre los intereses públicos y los privados.Se trata de una lucha por la ciudadanía en la medidaen que está siendo reivindicado el carácter públicodel medio ambiente.No todos los actores sociales involucrados en losconflictos socioambientales se consideran ecologis-tas o ven sus luchas como estrictamente ecológicas.Sin embargo, eso no impide una construcción, endiferentes niveles, de un ideario ambientalizado por esos actores.En ese sentido, no puede minimizarse la relevanciade los valores emancipatorios, que tal vez sean el ele-mento clave en la construcción de ese puente entre laecología y las luchas populares, que hagan posible,tanto una mayor visibilidad y legitimación de esasluchas en el conjunto de la sociedad, como, al mismotiempo, el arraigo popular de la lucha ecológica en lacontienda ciudadana. Como ya lo ha señalado Padua(1991), una incorporación de la preocupación am-bien-tal en la política de los sectores populares, espe-cialmente en el medio rural, no es exclusiva de Brasil,también se observa en la India y en África. En elcaso particular de Brasil, no se podría pensar en unacuestión ambiental sin considerar el importante papelque tuvieron en su configuración los movimientossociales urbanos de los años setenta y ochenta, asícomo los movimientos populares vinculados con laeducación popular, y la teología de la liberación y lasComunidades Eclesiales de Base.
6
La comprensión de la problemática ambiental co-mo fenómeno socioambiental proyecta la cuestiónambiental en la esfera política, entendida como esferapública de las decisiones comunes. A partir de suintersección concreta en la defensa y/o disputa por los bienes ambientales, muchas luchas ambientalesadquieren una dimensión pedagógica, en la medidaen que constituyen espacios efectivos de cuestiona-miento, encuentro, confrontación y negociación entreproyectos políticos, universos culturales y diferentesintereses sociales. Para obtener resultados inmedia-tos, esas luchas, como toda educación orientada ha-cia los(las) ciudadanos(as), pueden contribuir de unaforma más concreta para el avance de uno de losgrandes desafíos contemporáneos; una búsqueda deposibles nuevas tesituras entre la naturaleza y lapolítica: Bios y Polis.
4. Entre Bios y Polis:¿cuál es el lugar del proyectodemocrático-emancipatorio?
El acceso de la naturaleza en la esfera política puedeverse como una ampliación de esta última, en lamedida en que los destinos de la vida, en cuantoBios, conquistan un espacio creciente como objeto dediscusión política en la sociedad. No obstante, hayque estar atentos a las tensiones entre Bios y Polis,acordando que si podemos hablar de una politizaciónde la naturaleza por los movimientos sociales y lasluchas ecológicas emancipatorias, también podemosver en la curva del hecho ambiental indicios de unabiologización de la política, o sea, una afirmación dela Bios sobre la Polis en varias prácticas y orientacio-nes ambientales.
Isabel Cristina M. Carvalho
ambiente, siempre han estado presentes en los gran-des retos de la actualidad. Considerando la asime-tría de las relaciones de fuerza que definen las trans-formaciones sociales y económicas en curso, unareorientación global de las relaciones con la natura-leza tiende a parecer más próxima a una utopía eco-lógica que a una realidad inminente. Tal vez todavíaesté lejos de concluirse el pacto que hará posible unanueva alianza entre la sociedad y la naturaleza. Loque no significa que esta alianza no esté ensayándoseen diferentes oportunidades. Precisamente, tal vezestemos en el momento de confrontar y discutir sobrequé bases podría sentarse esa “reconversión” de losproyectos de la sociedad en dirección de un ordensustentable. El horizonte histórico-cultural de estedebate está irremediablemente cruzado por una multi-plicidad de intereses y proyectos sociales que dispu-tan diferentes interpretaciones sobre lo ambiental.Así, el punto de partida ya presenta un campo dedivergencias a ser explicitadas para que surja eldebate.Aquí se evidencia el papel protagónico de la accióneducativa orientada hacia lo ambiental. Es en estepunto agónico y dilemático que se delinea el espacioprivilegiado de una educación ambiental ciudada-na, entendida como una intervención político-peda-gógica, que tiene como ideario la afirmación de unasociedad de derechos, ambientalmente justa.Las múltiples interpretaciones de lo ambiental nogarantizan una convergencia de acciones y de visio-nes de lo ambiental. Por ejemplo, basta observar elenorme abanico de orientaciones que definen las ten-dencias en el conjunto de los movimientos ecológicos(materialismo, posmaterialismo, ecología profunda,realismo/pragmatismo, fundamentalismo, socioam-bientalismo, etc.) Más allá de los movimientos de-nominados ecológicos, otras luchas sociales hanasimilado la dimensión ambiental a su ideario, con-firiéndole los sentidos y los matices particulares desu campo de acción, aumentando de esta manerala diversidad del espectro de las llamadas luchassocioambientales.En los ámbitos del Estado y del mercado tambiénestá surgiendo una diversidad de formas de inter-vención ambiental, por ejemplo, nuevas modalida-des de áreas y recursos protegidos (reservas de labiosfera), el cambio de enfoques con respecto a la na-turaleza, las agendas sustentables, las condicionali-dades ambientales, el ecoturismo, la certificaciónambiental de productos, la conversión tecnológica delos procesos productivos, etcétera.Frente a este cuadro, el campo de lo ambiental seconvierte en un lugar de disputa entre concepciones,intereses y grupos sociales. En este sentido, inclusiveverificando la repetición ad nausea de una retóricagenérica sobre la importancia del medio ambiente,como discurso común de estos actores sociales, nopuede suponerse que haya un acuerdo efectivo quehaga viable una reorientación consistente de lasrelaciones de la sociedad con la naturaleza. Distinta-mente de un fenómeno que tiende a la convergenciay a la estabilidad, prefiero tomar esa heterogeneidadde prácticas y sentidos en torno a lo ambiental, comoun campo social inestable, contradictorio y multi-facético, que constituye un amplio y diversificadoideario social. Este campo contiene un alto grado deheterogeneidades, ya que puede incluir movimientossociales de diferentes filiaciones ideológicas; políticaspúblicas, partidos políticos, estilos de vida alterna-tivos, opciones y hábitos de consumo, etc. Es dentrode este terreno movedizo y muy complejo, que el(la)educador(a) inscribirá el sentido de su acción, posi-cionándose como educador(a) y como ciudadano(a).De ahí el carácter no sólo estrictamente pedagógico,sino político de su intervención.Las prácticas educativas, como las luchas socio-ambientales –así como las desempeñadas por losmovimientos ecológicos o por los movimientospopulares que incorporaron la cuestión ambiental– pueden entenderse como parte de ese conjunto he-terogéneo de valores y acciones co000nstitutivos delcampo. Es en este sentido que representan una delas posibilidades de agenciamiento de una sensibiliza-ción del valor de la naturaleza, en tanto Bien estéticoy vital con las luchas por el derecho a los bienesambientales y a la calidad de vida.
6La incorporación de una ética ambiental en el ideario social y religioso de la teología de la liberación ha sido uno de los principales temas de producción teóricade los noventa del teólogo Leonardo Boff. En este sentido, destaca especialmente el libro Ecología, grito de la tierra, grito de los pobres (1995).

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