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evolucion y creacion

evolucion y creacion

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BREVE TRATADO SOBRE EVOLUCIÓN Y CREACIÓN(Ciencias de los orígenes, hipótesis evolucionistas y Metafísica de la Creación)
Joaquín FERRER ARELLANO
PREFACIO.
El 24 de noviembre de 1859 publicaba Charles Darwin (1809–1882) su obra másconocida:
 El origen de las especies por medio de la selección natural, o la preservación de lasrazas favorecidas en la lucha por la vida
. Darwin había elaborado esta teoría en 1838, pero nose atrevió a publicarla hasta que, en 1858, supo que Alfred Russel Wallace tenía una teoríasimilar .
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El evolucionismo es una hitesis sen la cual todas las especies vivientes,comprendida la humana, descienden, por sucesivas transformaciones, de especies procedentessiempre más simples a medida que se remonta hacia su origen, hasta organismos unicelularesdesarrollados por la misma materia inanimada.Sobre el evolucionismo, y en particular el darwinismo, han corrido ríos de tinta. DeDarwin en adelante, pocas teorías científicas han determinado un cambio de paradigma así en lacomún interpretación de la realidad toda, incluido el hombre, y ha sido tan ásperamentediscutidas, como la evolución.En este año 2009, segundo centenario del nacimiento de Charles Darwin y a cientocincuenta de su obra más famosa, se han convocado numerosos encuentros científicos ysimposios. El pontificio consejo para la cultura, presidido por el arzobispo Gianfranco Ravasi, patrocinó un congreso internacional de gran nivel titulado: "La evolución biológica: los hechosy las teorías. Una evaluación crítica 150 años después de "El origen de las especies",
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 que hatenido particular resonancia mediática.Al presentar oficialmente el congreso, en el Vaticano, el jesuita Marc Leclerc, profesor de filosofía de la naturaleza en la Gregoriana, ha sintetizado las dos variantes ideológicasopuestas de la siguiente manera: "La novedad del paradigma ha empujado a varios seguidoresde Darwin a traspasar los confines de la ciencia para erigir algún elemento de su teoría, o de lasíntesis moderna realizada en el curso del siglo XX, en 'Philosophia universalis', según la justa
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La teoría de la evolución no era una novedad cuando Darwin y Wallace la formularon. El primero quehabló de una evolución biológica que lleva de los peces al hombre fue el filósofo griego Anaximandro, discípuloTales de Mileto (nació en 610 a. de C., según Hipólito, obispo de Roma).
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El congreso se tuvo del 3 al 7 de marzo en Roma, en la Pontificia Universidad Gregoriana. Y fue promocionado por esta universidad junto con la estadounidense University of Notre Dame. Tomaron la palabra losmayores especialistas mundiales en las diversas disciplinas, de la biología a la paleontología, de la antropología a lafilosofía y a la teología. Muy variadas también las posturas confrontadas. Habían estudiosos católicos, protestantes, judíos, agnósticos y ateos. El intento común era el de ejercitar las disciplinas individuales – científicas, filosóficas,teológicas – con las especificaciones y las riquezas de cada una, a beneficio de todas. Luego de cinco días muyintensos, con treinta y cinco ponencias presentadas por sendos especialistas, se puede decir que el objetivo se alcanzó.La paz entre la creación y la evolución parece más sólida hoy. Se admita o no -o se admita más o menos- la evoluciónde las esècies hay consenso en que el acceso en que el acceso a la trascendencia de Dios Creador, está en otro nivelde conocimiento -metafísico-- que el propio del método empírico propio de las ciencias positivas, físicas o biológicas. No hay pruebas científicas ni metafísicas de Dios.
29/06/2009
 
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expresión del entonces cardenal Joseph Ratzinger, como clave de interpretación universal deuna realidad en perpetuo devenir que excluye la creación”.La teoría de la evolución en sí misma, superadas las no pocas reticencias iniciales, nadatiene de incompatible con la aceptación de la existencia de Dios Creador, primera Causa delUniverso y a él trascendente. Si las especies evolucionan, y en caso afirmativo la forma como lohagan, no hace al mundo en sí mismo capaz de autocrearse de la nada o mantener en el ser suser. Los que se niegan a admitirla, en ningún caso fundan su rechazo en razonamientosmetafísicos –o de orden teológico revelado– sino estrictamente científicos. Carece de sentido surechazo en nombre de la Biblia de no pocos fundamentalistas evangélicos, especialmenteamericanos. (No todos los creacionistas científicos son fudamentalistas, contra lo que sueledecirse por falta de información). Pero no menos rechazable –y mucho más peligroso- es elcientificismo naturalista, que niega el Dios Creador de la metafísica y de la Biblia, al paso quehace de la evolución un mito pseudo-religioso que se impone como un dogma sin fundamentocientífico (la ciencia no puede acceder a él por la perspectiva reductiva de su método.Aunque la hipótesis transformista de la ameba al hombre a partir de la materia, por selección y adaptación es hoy una teoría que se presenta por buena parte de la comunidadcientífica definitivamente adquirida y se suele enseñar como un dogma. Sin embargo, son cadavez más los autores que la niegan en su versión naturalista mecanicista en un proceso deselección sin finalidad “por azar y necesidad”, e incluso quienes niegan -no sin sólidas razones-que cualquier hipótesis evolucionista –incluida la finalista que admite e incluso postula lacreación– pueda considerarse científica, ni siquiera como hipótesis.Son muchas y en número creciente, las objeciones al evolucionismo. La crítica másreciente al darwinismo, es el llamado “Diseño Inteligente” (
 Intelligent Design
, ID), según elcual la complejidad de las estructuras biológicas hace imposible que se hayan formado por azar y selección natural. El darwinismo no explica esa “complejidad irreductible” de algunasestructuras vivas y la imposibilidad de encontrar eslabones en la supuesta transición de unaespecie a otra.
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El que el ID no de respuesta científica frente a este reto no hace menos ciero eldato de que la respuesta neodarwinista, la simple negación del problema, tampoco es científica.Algunos partidarios del ID que están poder a la providencia ordinaria, exigiéndole a Dios o aotro ser inteligente desconocido para nosotros, una serie de intervenciones extraordinarias queexplicarían la complejidad de la naturaleza. Ya mostraremos más adelante la deficientemetafísica subyacente a sus argumentaciones, muy certeras con todo en ocasiones. La necesidadque la inteligencia descubre de una preparación previa teleológica es algo que no pocosevolucionistas se niegan a aceptar, pues darían por supuesto que detrás del ID se esconde Dios.Dedicaremos un capítulo a la exposición crítica del ID y de otras posiciones decientíficos rigurosos objetores del evolucionismo, incluido el creacionista (la honestidadcienfica así lo impone, aunque en determinados ambientes académicos se considera
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Lo veremos pormenorizadamente más adelante. Adelantamos como ejemplo el caso, muy citado por suvalor paradigmático, del escarabajo bombardero, citado en la obra
 La caja negra de Darwin
(2000) por el bioquímicoMichael Behe, uno de los fundadores del influyente movimiento ID, uno entre tantos eslabones perdidos que eldarwinismo nunca explicará. <<
 La ausencia de eslabones entre especie y especie no es una excepción: es la reglauniversal. Cuanto más han ido los investigadores en busca de formas de transición de una especie a otra, tanto másdesilusionados han quedado
>> tuvieron que admitir los 160 científicos evolucionistas de todo el mundo que sereunieron en Chicago en 1980. El congreso anual de la asociación británica para el progreso de la ciencia de 1992 (lamisma donde siglo y medio antes se expuso por primera vez la teoría de la evolución); el científico inglés RichardMilton, autor de
 Los hechos de la vida: el mito del darwinismo hecho pedazos, aseguraba:
<<Milton no está solo ensu desafío: muchos otros científicos han puesto ya en duda la tesis de Darwin>>. En medio de esta atmósfera de“después de Darwin” es donde algunos eclesiásticos “aquejados de theilhardosis” (Theilard de Chardin fue, como essabido, un mitómano del evolucionismo) creen “abrir” la Iglesia al mundo recogiendo los trozos de un “mito hecho pedazos”. Se corre el riesgo de capitular ante la modernidad precisamente cuando ésta está pasando de moda; dehacerse darwiniano cuando Darwin va de capa caída, y de basar la ética en el origen simiesco del hombre cuando estode halla ya desmentido.Uno de los muchos puntos que el darwinismo no explica –además del origen del ser mismo del Universo– es el origen de la vida. Durante unos años se consideró que el experimento de Stanley Miller y Harold Urey (1953) probaba que la vida surgió en la Tierra por reacciones químicas espontáneas. Hoy el experimento ya no se consideraválido, y no se dispone de ninguna explicación plausible sobre el origen de la vida, según resalta el físico Paul Daviesen su libro
 El quinto milagro
(publicado en España en 2000).
29/06/2009
 
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 políticamente incorrecto) niegan la evolución como hipótesis científica, catalogándola comomito cientificista psedoreligioso, que trata de imponerse como un dogma.La discusión sobre el evolucionismo se ha visto viciada desde los tiempos de Darwin por la radicalidad tanto de las posturas de los fundamentalistas que no quieren ver a Dios ceder un ápice de su poder como de los materialistas que se niegan “a priori” a admitir a un creador.Chesterton escribióen
Ortodoxia
que “el cristiano goza de entera libertad para creer que en eluniverso existe una considerable porción de orden fijo y desarrollo inevitable. Pero almaterialista no le está permitido dar entrada en su impecable máquina a la más leve mota deespiritualismo o milagro”. Para no criticar sólo una parte, sería preferible quizá acudir a lo dicho por Einstein: “la ciencia sin religión está coja; la religión sin ciencia está ciega”
(Evolution of  Physicsk,
Nueva York, 1938).*** No son pocos los que, seducidos por le prestigio de la ciencia de la evolución,consideran ésta como un absoluto que todo lo explica, a modo de “religión liberada” —un mitode sustitución— que sustituye la Escrituras de los autores bíblicos, capaz de responder a todoslos interrogantes, incluso al del sentido último de la vida. Algunos profesan el nuevo dogma conun
 pathos religioso
que recuerda a los “beatos” teilhardianos de los años 60, que hacen de
laevolución
algo así como
el dogma fundamental 
 
de una nueva religión
en el que debe creersecon un apriorismo anticientífico que sustituiría al viejo dogma bíblico y metafíisico de lacreación por caduco e incompatible con “la ciencia”.
 El hombre se encuentra -
recuérdese-
en permanente situación de apertura, al menosimplícita, al carácter trascendental y absoluto del ser 
—al poder de la "
deidad 
", enterminología zubiriana— en virtud de la experiencia ontológica dl ser del ente, implícito encualquier experiencia propiamente humana (haciéndola posible).
Si se cierra culpablemente al descubrimiento explícito del Absoluto trascendente
que funda el universo de los entes relativosy finitos con una actitud religiosa desvíada, se inclinará a absolutizar al mundo en su totalidad oen alguno de los reflejos especulares del Creador.
 La aspiración tendencial del dinamismo del hombre, que radica en su apertura religada a Dios, se orientará entonces hacia mitos de sustitución, a los que se exige una absoluta, íntegra y total sumisión.
Se explica así como se haido sucediendo, a lo largo de la historia, el culto a la naturaleza, a la razón, a la libertad, a lasociedad, a la clase, la raza, el progreso, etc...
 Es el ateísmo religioso positivo de sustitución.
Peregrino de lo absoluto (Pascal) el hombre necesita apoyarse en seguridades absolutas, en sus juicios y decisiones.Podrá suprimir —con un rechazo más o menos culpable— el verdadero objeto de su religio —desu constitutiva dimensión religiosa—, pero jamás podrá extirpar totalmente la impronta subjetiva delCreador en su "imagen creada" (a saber, la vivencia del absoluto a menudo no explícitamenteconsciente) de este objeto. En una palabra: la religio. Por eso, antes o después tenderá a absolutizar algún aspecto de su experiencia en el mundo, divinizándolo en la medida en que se cierre —conmayor o menor culpabilidad— a la vía de la trascendencia que conduce al reconocimiento delabsoluto Trascendente y Creador (mediante aquella inferencia causal del todo connatural al espírituhumano, que hemos descrito en este ensayo detención).Si se pierde la trascendencia —por el olvido del ser del ente—, surge el ateísmo como forma dereligión intramundana, la veneración del hombre por sí mismo. La antigua religión cósmica de lanaturaleza, expresada en el mito de la eterna circularidad —que reaparece en Netzsche— y vivida enel mito que la hace salvíficamente presente, es ahora sustituida por la religión técnica; ladivinización del hombre, tras la divinización de la naturaleza.
Que la teoría de la evolución está cargada de
religiosidad 
-en no pocos de susdefensores- ya ha sido señalado por numerosos autores. Edwin Conklin, por ej., que fue profesor de Biología de la Universidad de Princeton, decía que “el concepto de la evolución
29/06/2009

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