Encontrarse con un libro de poemas directo, agudo, que tealcance con la precisión de una bala es casi un milagro. En estecaso, los poemas de este libro establecen un diálogo inmediatocon el lector, al que parecen increpar de algún modo y tambiénempujar hacia posturas o actitudes más activas, máscomprometidas. Hallamos aquí verdades que nos incomodan, delas que solemos huir cuando nos acechan, ésas que intentamosalejar de nuestra cómoda pasividad. Un escritor es un observadornato, un cazador de imágenes, sensaciones, actitudes crueles ohermosas, detalles que para el resto pasan desapercibidos.Escribir es una búsqueda constante, indefinida. El escritor ha deindagar pero no sólo ofrecer respuestas, ha de plantearpreguntas, provocar heridas, cierta incomodidad que nosconduzca a lugares más elevados.Aquí la realidad cotidiana ataca y se defiende, se presentade un modo tan real y cercano que irrita de algún modo pues nosempuja a aceptar nuestra definición exacta en lo que leemos, ladescripción que no nos atrevemos a llevar a cabo, nuestrosmiedos y pensamientos más íntimos y escondidos. Elcompromiso y la denuncia son dos claves imprescindibles en todaescritura. De poco sirve como nos recuerda el autor, lamentarsede realidades lejanas y terribles como el hambre o el dolor ajenomientras nos columpiamos cómodamente en nuestro sillónobservando la desgracia ajena como una simple pantalla planaque no esconde nada detrás. El cambio se realiza de un modoactivo nunca pasivo. Quien permanece inmóvil frente a la
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