En el caso de este preciado sistema político llamado democracia el óxido se ha amontonado hastael punto de formar palancas que trancan el accionar de las ruedas con la consecuente usurpacióna la gente y el enquistamiento de una clase usufructuaria.Hay que organizar desde abajo. Ya no hay profetas. Ya no existe un pensamiento centralizadosino una conjunción que destierra el descenso de una línea para ser sustituido por una generaciónde inteligencia que sube. Pronto Google nos parecerá lo que hoy nos parece una viejaRemington.Debemos mirar a la sociedad venezolana como una de agentes que al cooperar exhiben uncomportamiento global inteligente. Comenzamos a vislumbrar un tejido de inteligenciadesaprovechada por el efecto individualista que pervive en esta transición de un mundo a otro.La sociedad venezolana de hoy es como un corpus callosum sobre el cual debe aplicarse una buena dosis de comprensión. La idea de una inteligencia colectiva es uno de los temas predominantes en la investigación no ficticia de nuestro mundoLa idea es que los sesgos cognitivos individuales pueden ser llevados al pensamiento de grupo para alcanzar un rendimiento intelectual mejorado. Es lo que se ha dado en llamar la inteligenciacolectiva. Podríamos también explicar argumentando que se puede llevar a las comunidadeshumanas hacia un orden de complejidad mayor, lo que, obviamente, conllevaría a otro tipo decomportamiento sobre la realidad.La inteligencia colectiva está en todas partes, está repartida. Debe ser valorada y coordinada parallevarnos hacia la construcción de las bases de una sociedad del conocimiento, lo que implica, deentrada, el enriquecimiento mutuo de las personas. Si la inteligencia está repartida, comorealmente lo está, se modifican los conceptos de élite y de poder, y se rompen los paradigmas delliderazgo, más aún, los de la soberbia, pues reconocerlo implica desde ya una manifestación dehumildad.Ahora esa inteligencia repartida debe ser sometida a una acción para que comencemos aconseguir la inteligencia colectiva. Teilhard de Chardin, buen definidor de la persona por diferenciación de individuo ± y quien por cierto vislumbró la red informática con 50 años deanticipación- habló de noosfera (conjunción de los seres inteligentes con el medio en que viven)y lo extendió más allá al vislumbrar lo que los pensadores de hoy llamarían el cerebro global.Pues bien, la clave está, quizás, en crear numerosas y pequeñas noosferas. Ello pasa por ver conmenos individualismo y en un contexto ético de alteridad. Es lo que en el humanismo cristiano sedenomina como la sustitución del yo por un nosotros. Hay, sin embargo, una razón más prácticaque escapa a lo teórico-moral para insertarse en la brutal realidad real: hacia adonde va el mundoo se sabe o se perece, o se coopera o se fracasa, o se respeta o se es condenado.Una buena manera de lograrlo es ajustando los mecanismos de comunicación. La web inteligenteque aparecerá en cualquier momento podrá, por ejemplo, organizar la información que le interesaexclusivamente a la comunidad de un barrio. La tecnología está al servicio de la intereacción.Los problemas de una comunidad específica seguramente son los de muchas lo que conllevará aun contexto compartido. En este plano de intercambio conseguiremos un mundo de
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