Welcome to Scribd, the world's digital library. Read, publish, and share books and documents. See more
Download
Standard view
Full view
of .
Save to My Library
Look up keyword
Like this
1Activity
0 of .
Results for:
No results containing your search query
P. 1
Arte, Ciencia, Tecnología, Sociedad…

Arte, Ciencia, Tecnología, Sociedad…

Ratings: (0)|Views: 287|Likes:
Published by Christian Silva

More info:

Published by: Christian Silva on Apr 13, 2011
Copyright:Attribution Non-commercial

Availability:

Read on Scribd mobile: iPhone, iPad and Android.
download as PDF, TXT or read online from Scribd
See more
See less

05/12/2014

pdf

text

original

 
Arte, Ciencia, Tecnolog
í 
a, Sociedad… y Medialab­Prado
Miguel
Á
lvarez­Fern
á
ndez
Introducci
ó
n
Tal vez no sea evidente, en un primer momento, la relaci
ó
n entre loscambios que pr
ó
ximamente atravesar
á
el proyecto Medialab­Prado (cambios acuyo examen deber
í
an prestarse estas p
á
ginas) y las cuestiones aqu
í
tratadas.No obstante, y dado que la tan manida “encrucijada ACTS (Arte, Ciencia,Tecnolog
í
a y Sociedad)” ocupa un lugar privilegiado en el discurso de lainstituci
ó
n, confiamos en que el an
á
lisis que aqu
í
se inicia sirva para propiciaralguna reflexi
ó
n sobre c
ó
mo pensar, desde los
á
mbitos aludidos por esascoordenadas ACTS, las pr
ó
ximas transformaciones en (y de) Medialab­Prado.Aprovechando que, dentro del proyecto “
Pensando y haciendo Medialab­Prado 
”, este texto ser
á
comentado por el “bi
ó
logo, profesoruniversitario y emprendedor” —as
í
se inicia su curr
í
culum— Juan Freire, nohemos resistido la tentaci
ó
n de aludir aqu
í
, tan directamente como ha sidoposible, a algunos de los
á
mbitos de conocimiento y experiencia m
á
stransitados por nuestro comentarista, en aras de impulsar un debate lo m
á
s ricoe intenso posible.
1.­ La ciencia y la tecnolog
í 
a, m
á
s all
á
(o m
á
s ac
á
) de la met
á
fora
Son muchas las met
á
foras que nos ha proporcionado la Biolog
í
a, y quecotidianamente empleamos para representar (y as
í
tratar de entender)determinados procesos de la realidad, por muy alejados que
é
stos est
é
n delobjeto de estudio de la ciencia biol
ó
gica. As
í
, por ejemplo, a ninguno nossorprender
í
a que, para analizar el proceso de cambio que aguarda a lainstituci
ó
n Medialab­Prado, describi
é
semos este fen
ó
meno como un caso deadaptaci
ó
n a un nuevo entorno, a un nuevo ecosistema, o que para referirnos aalgunos de los agentes (o cuerpos) sociales que m
á
s pueden amenazar elbuen desarrollo y la continuidad del proyecto habl
á
semos de predadores.Las met
á
foras derivadas de la Biolog
í
a tambi
é
n han servido para inspirarel desarrollo de disciplinas como las Ciencias de la Computaci
ó
n (recordemosque ya John von Neumann, el “padre” del primer ordenador digital, emple
ó
 como modelo para su dise
ñ
o el cerebro humano) y, de manera a
ú
n m
á
sproblem
á
tica, tambi
é
n podemos rememorar la influencia que las teor
í
as debi
ó
logos como Darwin, Wilhelm Roux o William Rolph ejercieron en elpensamiento de Nietzsche respecto a categor
í
as tales como evoluci
ó
n,
1
 
degeneraci
ó
n, salud, enfermedad, agencia, instinto de supervivencia, voluntadde poder, etc.
1
 Por supuesto, las influencias tambi
é
n discurren en el sentido inverso, yla Biolog
í
a ha incorporado en su discurso met
á
foras procedentes de otrosdominios del conocimiento (por ejemplo, los desarrollos de la telegraf
í
a en el s.XIX influyeron decisivamente en la noci
ó
n de “informaci
ó
n gen
é
tica”, y en laconceptualizaci
ó
n de su transmisi
ó
n
2
).Aunque podr
í
amos remontarnos mucho m
á
s all
á
, desde los inicios delsiglo pasado los incre
í
bles desarrollos alcanzados por la ciencia —y susdesarrollos tecnol
ó
gicos— han provocado una enorme fascinaci
ó
n en todo tipode intelectuales. Otro ejemplo: los hallazgos de la F
í
sica y, en particular, lasnuevas nociones de tiempo y de espacio de ellos derivados, han sugestionadoa fil
ó
sofos y a artistas de todo tipo (posiblemente la Biolog
í
a haya asumido, yadesde hace unos a
ñ
os, ese papel que la F
í
sica desempe
ñó
el siglo pasado).Ahora bien, para los que pensamos que la autoridad del discursocient
í
fico se basa principalmente en el hecho de que
é
ste tiene perfectamentedelimitado su
á
mbito de aplicaci
ó
n —cuyos confines traza f
é
rreamente elm
é
todo cient
í
fico—, la extensi
ó
n de esa autoridad cient
í
fica hacia otros
á
mbitosde la experiencia humana, m
á
s all
á
de lo evocadoramente metaf
ó
rico, suscitaenormes problemas —por no decir, directamente, sospechas—.La dificultad de sustraerse a la tentaci
ó
n de ejercer esa autoridad (queentendemos aqu
í
en el sentido latino de
auctoritas 
, es decir, como un saberp
ú
blicamente reconocido) debe de ser enorme para un cient
í
fico. En momentoshist
ó
ricos como los nuestros, en los que no es sencillo encontrar verdadesdemasiado s
ó
lidas en los discursos religiosos o pol
í
ticos (no hablemos ya delcampo est
é
tico), la fiabilidad que uno ordinariamente atribuye a las verdadescient
í
ficas provoca el deseo de extender su
á
mbito de aplicaci
ó
n m
á
s all
á
de loque su propia configuraci
ó
n metodol
ó
gica permite o recomienda.Posiblemente, y pese a la satisfacci
ó
n que sin duda puede producirle aun cient
í
fico sentirse a s
í
mismo en la capacidad de dictaminar acerca de todotipo de cuestiones, por alejadas que est
é
n de su esfera de conocimiento, seaprecisamente la propia ciencia —en el sentido de “el discurso cient
í
fico”— loque, a la larga, m
á
s pueda resentirse del tipo de excesos que venimoscomentando. Esto se manifiesta a
ú
n m
á
s contundentemente, pensamos, encontextos culturales como el espa
ñ
ol, donde la tradici
ó
n cient
í
fica no est
á
tanasentada como en algunos pa
í
ses geogr
á
ficamente cercanos, y por ello suindependencia de otros discursos —por ejemplo, el pol
í
tico— no es tan claracomo s
í
sucede en esos entornos
3
.
2
 
2.­ Medialab­Prado, m
á
s all
á
(o m
á
s ac
á
) de la ciencia y la tecnolog
í 
a
Si nos atenemos, mucho m
á
s cercanamente a lo que estrictamenteconcierne a este texto, a los discursos sostenidos por Medialab­Prado(discursos —apenas hace falta decirlo— que no se explicitan totalmente enlugar alguno, pero que se desprenden de la pr
á
ctica cotidiana desarrollada porla instituci
ó
n), tambi
é
n podemos observar que en ellos se destila algo que,aunque quiz
á
no ser
í
a totalmente apropiado denominar “fascinaci
ó
n por locient
í
fico” (cient
í
fico­tecnol
ó
gico, en todo caso), s
í
trasluce un mayor cuidado yrespeto hacia la creaci
ó
n cient
í
fico­t
é
cnica que hacia la producci
ó
n art
í
stica.Sin duda entre las virtudes de Medialab­Prado est
á
la de haberconseguido trascender algunas de las limitaciones formales (o, m
á
s bien,formalistas) que a menudo encorsetan —y, en definitiva, achatan— laproducci
ó
n tanto cient
í
fico­t
é
cnica como art
í
stica. As
í
, por ejemplo, aunque enMedialab no se celebren “congresos acad
é
micos”, s
í
es cierto que a trav
é
s dediversas l
í
neas de trabajo —articuladas a trav
é
s de mecanismos m
á
s flexiblesque los que caracterizan a los simposios universitarios— se promuevencontextos muy aptos para la presentaci
ó
n, discusi
ó
n y cr
í
tica de determinadosplanteamientos cient
í
ficos o t
é
cnicos.Pensamos que no sucede algo parecido respecto a las produccionesart
í
sticas que se realizan a trav
é
s de Medialab­Prado. Ciertamente, los cors
é
sque, en general, ci
ñ
en el trabajo de los artistas en las instituciones art
í
sticas noson menos flexibles —por mucho que a veces intenten aparentarlo— que losacad
é
micos, y no es menos cierto que, al desarrollar su trabajo en Medialab­Prado, un artista puede, afortunadamente, permanecer ajeno a muchas deesas (a menudo absurdas) restricciones. Pensamos, por ejemplo, en lanecesidad de encuadrar una determinada propuesta art
í
stica en algunacategor
í
a tradicional (pintura, escultura, performance, m
ú
sica, literatura...). O,por poner otro ejemplo, en el hecho de que muchas de esas institucionesdedicadas a la producci
ó
n art
í
stica fijen toda su atenci
ó
n en la finalizaci
ó
n —sies que no directamente en “la entrega”— del producto art
í
stico final, y no en elproceso de producci
ó
n de esa obra. Nada de eso sucede en Medialab­Prado.En un sentido an
á
logo, tampoco despiertan m
á
s simpat
í
a las castas ycamarillas generadas en torno al “mundo del arte” que los poderes f
á
cticosacad
é
micos. Y debe reconocerse que, hasta la fecha, Medialab­Prado haconseguido mantenerse bastante alejado de este tipo de influencias.Ahora bien, las opciones pol
í
tico­est
é
ticas asumidas por Medialab­Pradotambi
é
n plantean sus propios problemas, que quiz
á
no hayan sido afrontadosaun con el suficiente detenimiento. Y es que, por ejemplo, el intento de
3

You're Reading a Free Preview

Download
/*********** DO NOT ALTER ANYTHING BELOW THIS LINE ! ************/ var s_code=s.t();if(s_code)document.write(s_code)//-->