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Las dudas y las pruebas, por Gustavo Gorriti.

Las dudas y las pruebas, por Gustavo Gorriti.

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El periodista peruano, Gustavo Gorriti, nos cuenta las razones por las cuáles para él no sería válido votar por Keiko Fujimori en la segunda vuelta presidencial el próximo 5 de junio contra la duda de depositarle a Ollanta Humala su voto de confianza. “Se puede tener dudas de Humala, pero de Keiko tenemos pruebas”
El periodista peruano, Gustavo Gorriti, nos cuenta las razones por las cuáles para él no sería válido votar por Keiko Fujimori en la segunda vuelta presidencial el próximo 5 de junio contra la duda de depositarle a Ollanta Humala su voto de confianza. “Se puede tener dudas de Humala, pero de Keiko tenemos pruebas”

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Published by: Angela Vásquez Oliver on Apr 14, 2011
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Las Dudas y las Pruebas
Compartir:Facebook Twitter   La mañana del día en que fue asesinada, 7 deoctubre de 2006, la gran periodista AnnaPolitkóvskaya habló por teléfono con sumadre, Raisa Mazepa. Esta le leyó unepígrafe que impresionó a Anna: “Hay añosborrachos en la historia de los pueblos. Tienesque vivir a través de ellos, pero nunca podrásvivir verdaderamente en ellos”.Estuve fuera del Perú durante las eleccionesdel domingo 10, pero las seguí a través deinternet. Para mí como, me imagino, para todos aquellos que lucharoncontra la dictadura de Fujimori y Montesinos, los resultados fueronprofundamente decepcionantes. Otra vez la autodestructiva embriaguez seapodera de nuestra historia.Las encuestas realizadas y filtradas en los días previos ya describían eseescenario, pero cabía aún la posibilidad de un golpe de opinión que llevaraa la presencia de un candidato inequívocamente democrático en la segundavuelta. Al final, no hubo siquiera un tic de opinión.En esta campaña tuvimos a un líder democrático el año dos mil que tuvovergüenza de hablar sobre la democracia y la corrupción el 2011, hasta quese vio con la soga al cuello. Y aunque dicen que nada aviva tanto lainteligencia como la sombra del cadalso, también es cierto que el públicoque asiste a las ejecuciones confía poco en la sinceridad de las últimaspalabras.Hubo también el exalcalde que encontró la elocuencia solo el día de suderrota para proclamar conmovido los magníficos resultados que lacampaña tuvo para él como terapia familiar. Bueno, todos sabemos que lasterapias no son baratas, pero creo que ni todos los sicoanalistas juntos deBeverly Hills hubieran costado tanto como este nuevo tipo de psicoterapiaque ya no es de grupo sino de país.Y hubo también el tecnopolítico que comparte siglas con la pistolaWalther, estilo de risa con el guasón y asesor con Alan García. Creció a
 
expensas del expresidente y cuando, con el peligro a la vista, en 3D, lespidieron unir candidaturas para salvar la democracia, ninguno estuvodispuesto.Todos perdieron. Nosotros –los millones de peruanos que creemos que lademocracia es condición vital de gobierno–, también. Ellos merecen suderrota. Nosotros, no.Y ahora, ¿qué?Los bribones ya celebran y veo personajes apenas dignos de un prontuarioque pronto disfrutarán de inmunidad. Los penales se preparan paradescargar parte de su contenido más séptico en los estamentos de lainfluencia y el poder.Así que, dentro de lo malo hay que evitar lo peor.¿Cuáles son las alternativas? Hay tres: viciar el voto, votar por Humala ovotar por Fujimori.La primera es solo una alternativa de último recurso. De manera queprimero hay que resolver la disyuntiva: ¿Votar por Humala o votar por Fujimori?Respondo con una frase de Steven Levitsky, el académico de Harvard quese encuentra este año como profesor visitante en la Católica: “Se puedetener dudas de Humala, pero de Keiko (Fujimori) tenemos pruebas”.La Fujimori buscó presentarse como una versión gentil, democratizada ydesinfectada de su padre. Pero en los tramos finales, para galvanizar a lossuyos, se reveló tal cual. Su padre, dijo, había sido “el mejor presidente enla historia del Perú”. Y los fujimoristas que festejaron su pase a segundavuelta lo entendieron perfectamente, coreando el “¡chino, chino, chino!”,hasta cuando ella pidió aplausos para su madre, Susana Higuchi.Debo decir que no tengo nada personal contra Keiko Fujimori. Respeto suvalor al quedarse en el Perú luego de la huida de su padre y respeto tambiénsu devoción filial. Sé que ella influyó en él el año dos mil para que rompacon Montesinos. Cuando se casó y mucha gente la hostigó, escribíexigiendo que se la deje en paz y le deseé ventura en su matrimonio. Ellarespondió con una carta personal muy gentil. Ojalá las cosas hubieranquedado ahí.
 
Pero ella es ahora la dirigenta formal del fujimorismo (el real es su padre) yrepresenta por eso a la mafia cleptócrata de los años noventa, a la que llama“el mejor gobierno de la historia del Perú”, con la misma aparenteconvicción con la que repetirá en la segunda vuelta que el kimono de esayakuza es igual a la toga de Pericles.Así que,
está fuera de toda duda que, de ninguna manera, bajo ningunacircunstancia se debe votar por Fujimori. No.
Y no solo eso. Hay quehacer todo lo legalmente posible para que la mafia criminal que gobernó elpaís en la década del noventa, no vuelva al poder ni ahora ni jamás.¿Y qué hacer con Humala?Como recordé la semana pasada, yo hice una activa campaña editorial el2006, siendo codirector de La República, para que se vote en contra deHumala y a favor de García. Consideré entonces que Humala era un peligropara la democracia. Ya dije que me dejó un sabor amargo haber llamado avotar por García, pero sigo considerando que hacerlo fue, pese a todo, unadecisión correcta.¿Ha cambiado Humala en estos cinco años? A primera vista, sí. Ya no es elHumala estridente, vinculado a ese extraño fascismo andino que es el“etno-cacerismo”. La imagen que proyecta ahora no es la de Chávez ni lade Morales sino una que está en la vertiente de Lula, Dilma, Tabaré,Mujica.¿Puede mentir Humala para llegar a la presidencia? Por supuesto. Fujimorino tiene el monopolio de la mentira. ¿Puede deshacerse de la genterespetable que lo rodea ahora unos meses después de asumir la presidencia,como lo hizo Fujimori con quienes lo acompañaron al principio? Sí, puede.Puede hacer eso y mucho más.Pero ¿le conviene engañar a medio mundo y dar luego el gran salto haciaatrás con un gobierno belicista y represivo de militares y miliciasantauristas? ¿O le conviene hacer un gobierno como el de las izquierdasdemocráticas del continente sabiendo que en la coyuntura actual eserégimen sería, casi con seguridad, exitoso y pura ganancia para él comogobernante?Si la lógica y el cálculo de costo/beneficio tienen algún peso, la segundaalternativa –la izquierda democrática– debería ser su obvia opción. Pero, sihay una convicción dogmática oculta (como la del llamado etno-

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