Domingo de RamosEvangelio de la conmemoraciónde al entrada de Jesús en Jerusalén
Jesús viajaba siempre a pie, excepto cuando atravesaba el lago deGalilea, que lo hacía en barca. Por lo tanto debió de constituir una sorpresadesconcertante verlo empeñado en entrar en Jerusalén no como un simpleperegrino sino montado en un asno. Había hecho todo el camino hastaJerusalén a pie y, cuando ya quedaba muy poco, cuando estaban ya en elmonte de los Olivos, Jesús se empeñó en que trajeran un borrico y en entrar cabalgando sobre él en la ciudad santa.¿Por qué se empeñó en ello? Sin duda alguna porque quería hacer ver que Él era el Rey prometido por el profeta Zacarías para los últimos tiempos:“¡Exulta sin freno, hija de Sión; grita de alegría, hija de Jerusalén! He aquí queviene aquí tu rey: justo él y victorioso, humilde y montado en un asno, en unpollino, cría de asna” (Za 9,9).La imagen de un rey montado en un pollino tiene algo dedesconcertante: un rey monta en un caballo, en un brioso y mayestático corcel.Sin embargo ya Zacarías había dicho que ese rey sería
humilde
. La
humildad
del rey que es Jesús se manifiesta también en que el asno sobre el quecabalga no es suyo, es prestado, en que no tiene tampoco silla de montar y enque no lleva soldados con él. Por lo tanto no es un rey convencional, comotodos los reyes de este mundo. De hecho Él dirá ante Pilato: “Mi reino no es deeste mundo”.La gente, al ver llegar así a Jesús, alfombra el camino con sus mantos.Éste es un gesto que tiene un precedente bíblico: cuando el profeta Eliseomandó ungir rey de Israel a Jehú, inmediatamente quienes estaban con él seapresuraron a “tomar cada uno su manto que colocaron bajo él encima de lasgradas” (2Re 9,13). El gesto significa que reconocen como ungido del Señor aaquel bajo cuyos pies colocan sus mantos. La gente también gritaba: “¡Benditoel reino que llega, el de nuestro padre David!”.Este grito ya nos anuncia que hay un equívoco grande en esta situación.Porque Jesús nunca había anunciado la llegada del reino de David sino lallegada del Reino de Dios. El reino de David, aunque fuera querido por Dios,
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