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Escribe: GUSTAVO GORRITI
El Tiempo, la Muerte, la Lucidez
El martes por la tarde visité a CarlosIván Degregori en su casa, donde élaguarda la muerte con serena valentíay plena lucidez. Los años de madurezcreativa que el cáncer trunca seconcentran ahora en las semanas y losdías de creciente claridad mientras seacerca la noche.Sentado junto a su escritorio, al quellegó caminando erguido y animado, Carlos Iván medescribió con desapasionada naturalidad cómo avanza enél la última etapa de la vida: el cuerpo se debilitainexorablemente pero la mente se fortalece, comprende yencuentra la paz. “Es una palabra muy manoseada”, dijo,“pero ahora no se me ocurre otra mejor”. No esresignación, añadió, sino abarcar la totalidad de su vida –su esfuerzo y creación–, y aceptarla. “Me quedo sin lograr mucho que hubiera querido hacer, pero necesitaría otravida… no la tengo, con la que he tenido estoy en paz”.La suya, me dijo, es la paz del agnóstico que no sabe quéhabrá después de la última quietud: si la nada o el inicio ola continuación de algo. ¿Cómo tener miedo, entonces, si lacuriosidad intelectual que te permitió descubrir tantas cosasnuevas y varias inesperadas en la vida, te acompaña hastael final de la luz?El cáncer al páncreas es casi invariablemente letal. Lasexcepciones son tan raras como un milagro: Steve Jobs esuna de ellas. Ese cáncer es mortal y es rápido, pero encontraposición permite mantenerse lúcido y entero (si anteshas sido lo uno y lo otro) hasta bordear el final.
 
Veo la serenidad de Carlos Iván, el sentido del humor discretamente afilado como para no ofender visitas yrecuerdo a Howard Simons, el director (allá se llama‘Curador’, vaya a saber por qué) de la fundación Nieman deperiodismo en Harvard, cuando llegué en el lejano 1985con mi esposa, mi hija mayor y mi segunda hija por nacer.Howard había sido el legendario "Managing Editor", jefe deredacción del Washington Post que hizo posible lacobertura del caso Watergate, y su ingenio mordaz ysarcástico ocultaba imperfectamente su nobleza.En 1988 le detectaron a Howard cáncer al páncreas y éldecidió no someterse a ninguna terapia. En pocassemanas se le fue el peso del cuerpo pero no disminuyó ennada ni la vitalidad de su mente ni la quemante chispa desu ingenio. Aunque muchos teníamos que esforzarnos paracontener las lágrimas al hablarle, él se esforzaba más bien,apelando libremente al humor negro o, como se traduceliteralmente del inglés, al humor de cadalso, para que cadadespedida, incluyendo la final, fuera con una ironía y unasonrisa.Responder la sonrisa de la muerte con otra irónica y unepigrama final… cuánto valor se precisa; cuánto liberalograrlo.Conversando el martes por la tarde, Carlos Iván concuerdacon lo importante que le ha sido mantener el sentido delhumor. No convertir lo absurdo del destino en angustia sinoen ironía.Fui a verlo ese día porque me enteré que su lucha de casitres años contra el cáncer pancreático, que sobreviviótodos los pronósticos médicos, y que por un tiempo diotambién la ilusión de que podía ser otro milagro, seaproximaba ya al fin.
 
Fui a despedir a una persona que respeté y admiré desdeque lo conocí, en los 80 del siglo pasado, cuando cada cualinvestigó e interpretó la guerra interna, Sendero Luminoso.Había quedado además en ser uno de los presentadoresdel último libro de Carlos Iván: “Qué difícil es ser Dios”,cuyo subtítulo describe bien el tema:
“El Partido Comunistadel Perú – Sendero Luminoso y el conflicto armado internoen el Perú:1980-1999” 
.Deseaba que Carlos Iván pudiera participar de algunaforma en la presentación y quería saber si eso era posible.No lo sabe él, no lo sabe nadie. Cada día el avance finaldel cáncer le erosiona más el cuerpo a la vez que parecierafortalecerle la mente y el ánimo.Me dice que va a volver a ver “El séptimo sello”, de Ingmar Bergman.En la película, de 1956, un caballero, encarnado por MaxVon Sydow, regresa de las Cruzadas a una Europaasolada por la peste negra, enloquecida por la supersticióny el fanatismo. El caballero cuestiona e interroga a laMuerte, mientras la enfrenta en una partida de ajedrez.No hay tablas en esa partida que, por lo general, es unasola.Pero si hablar con la muerte supone casi siempre undiálogo corto, hablamos demasiado poco de la muerte y por eso la mayoría está tan mal preparada para encontrarla.Con Carlos Iván terminamos hablando condesapasionamiento y calma sobre el morir, la muerte. Mecontó cómo fue la etapa primera de las luchas y lasterapias, las quimios y las radios, tan duras pero que a eseprecio alto le regalaron meses de vida. Cómo llegó aquellapso en el que pareció haber vencido, antes de darsecuenta que solo había sido una tregua breve.
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